Isabel Allende conquista al público juvenil
Con "La ciudad de las bestias", que figura entre los best sellers de todo el mundo, inició una trilogía destinada a adolescentes
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NUEVA YORK.- "¡Soy una abuela pésima!", se apura en aclarar la escritora chilena Isabel Allende cuando se le pide compararse con la abuela Kate Cold, uno de los personajes centrales de su último libro, "La ciudad de las bestias", que aparece en la lista de best sellers de todo el mundo.
Se trata de un libro distinto en la obra de Allende; es su primera novela para jóvenes, en la que narra la historia del adolescente Alexander Cold, quien junto a su abuela, una excéntrica escritora de guías de viaje, emprende una aventura por la selva amazónica entre Brasil y Venezuela.
"Soy exactamente lo contrario a Kate Cold -dice Allende durante la entrevista en el lobby de un hotel de Manhattan-. A mis nietos les hago galletas, los lleno de dulces, los sobreprotejo, les escondo las maldades que hacen. ¡Soy una abuela pésima! En cambio, una abuela como Kate, un tanto severa, pero que les enseña cómo cuidarse en este mundo, es una abuela memorable."
Memorable igual será para sus nietos Alejandro, Nicole y Andrea, sobre quienes moldeó los personajes principales y a quienes dedicó este libro, que será el primero de una trilogía. El próximo, que ya tiene escrito y se titula "El reino del dragón de oro", saldrá a mediados de 2003, después de una memoria más sentida sobre su Chile natal, llamada "Mi país inventado".
A los 60 años, Allende no se duerme en los laureles y después de haber conquistado al público femenino se arriesga ahora a escribir para adolescentes en pleno boom de Harry Potter.
No le molesta que comparen las aventuras de su Alexander Cold con el personaje creado por J. K. Rowling. Por el contrario, señala que Harry Potter les abrió las puertas a muchos otros escritores "de adultos" para escribir para niños y adolescentes. "A uno tal vez no se le hubiera ocurrido si no supiera que existen esos lectores. Rowling ganó lectores para muchos otros escritores con este personaje", dice la autora, aunque cree que en estos momentos lo están comprando sus lectores habituales.
-¿Ubicaría a "La ciudad de las bestias" dentro de la corriente del realismo mágico latinoamericano o es pura fantasía?
-Lo mío es realismo mágico. Fantasía es Harry Potter. La diferencia entre la varilla mágica y el viaje chamánico es que una tiene una base en la realidad y la otra no. Cuando en este libro hablo del animal totémico eso está en la cultura de casi todos los pueblos indígenas, no es algo que yo invento de la nada.
-¿Cómo se ve en comparación con su propia abuela?
-Mi abuela era una loca deliciosa, espiritista, que vivía en un mundo mágico. Desgraciadamente, murió cuando yo era muy joven y eso me marcó mucho. Me dio la idea de que el mundo es un lugar muy misterioso, en el que todo puede ocurrir; hay que estar abierto a los misterios del mundo. Yo no sería la escritora que soy sin la influencia de mi abuela. Por otra parte, creo que hoy las mujeres son abuelas más jóvenes de espíritu. Medio siglo atrás, una abuela era una señora vestida de abuela, tenía el pelo gris y actuaba como abuela. Hoy, una abuela tiene 50 años y se ve como de 25, hace una vida activa y generalmente no tiene tiempo para los nietos.
-Ha dicho que prefiere trabajar con personajes femeninos que con masculinos porque las mujeres le parecen más interesantes...
-Mis libros son sobre relaciones humanas y las mujeres están mucho más conectadas con las relaciones que con objetivos. Las mujeres están mucho más en el proceso de la vida; los hombres, en obtener cosas.
-¿No cree que los hombres han evolucionado algo?
-Sí, yo creo que los hombres jóvenes son muy distintos porque fueron criados por mujeres fuertes o feministas, muchos de ellos. Mis hijos, mis nietos, ya son diferentes. Pero cuando yo me refiero a los hombres en general, son los que me corresponden a mí generacionalmente. Los hombres de 60 o 70 años de hoy son unos viejos carcamanes, aunque hay excepciones. En cambio, tú ves mujeres de esa misma edad que son luchadoras, que están en el mundo, en la vida.
-¿Cómo definiría su próximo libro, "Mi país inventado"?
-Es una memoria nostálgica sobre un Chile inventado, el que llevo en el corazón, y que cuando lo confronto con la realidad no calza muchas veces. Eso nos pasa a todos los que nos hemos ido. Yo me fui de Chile en el 75, y creo que todavía tengo en el corazón un Chile de los años 70, congelado en una época, con ciertos principios e ideales, y el mundo, yo y el país hemos cambiado. Así que cuando voy y lo confronto con la imagen que yo tengo hay siempre conflicto. Es un libro muy personal, no pretende ser una guía de viaje ni un libro histórico.
-¿Cómo ve a Chile hoy?
-Bien, muy bien. Tenemos hoy un gobierno de centroizquierda, pero la economía es neocapitalista; la derecha y la Iglesia son muy fuertes y sigue habiendo muchísimos pobres y una tremenda desigualdad. Pero también hay paz y más prosperidad que en otros países latinoamericanos, posiblemente menos corrupción y una democracia que está funcionando, a pesar de que todavía es un país herido por la dictadura. Todos los chilenos que estuvieron en mi posición hubieran deseado que Pinochet fuera preso, que se desmantelara el aparato militar, que la verdad se supiera y pidieran perdón por las atrocidades cometidas; lo que no ocurrió. Pero por lo menos una cosa sucedió a partir del 98: se abrió la prensa y empezaron a hablar sobre lo que había sucedido, a poner sobre la mesa la verdad, a decir las cosas por su nombre. En vez de hablar de apremios ilegítimos, empezaron a hablar de tortura. En vez de hablar con eufemismos o callar la verdad se empezó a saber, a publicar, a exponerla. Y eso es muy importante.
-¿Un perdón hubiese traído tranquilidad a mucha gente?
-No, pero hubiese sido una manera de honrar a las víctimas. Durante casi 30 años se ha hecho como si no hubieran existido. Imagínate esas familias a las cuales les torturaron un hijo, o desapareció y lo mataron, que durante tanto tiempo el país no reconozca que eso pasó.




