
Italia, en la pintura y en la vida
Las grandes muestras de Carrà, en el MNBA, y de los inmigrantes, en el Palais de Glace, refuerzan los lazos culturales con la Argentina
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El futurismo empezó en Milán, en 1910, por inspiración del poeta Filippo Tommaso Marinetti, alineado con Gabriele d´Anunzio y algo más tarde con Mussolini para consolidar como unidad los Estados recién federados de Italia. Lo secundaron Carlo Carrà, Humberto Boccioni, Luigi Russolo, Giacomo Balla y Gino Severini, quienes después de un detallado análisis de la situación artística resolvieron comunicársela a los jóvenes con la forma de un manifiesto. Pero la primera exposición se hizo en París, dos años más tarde. Exaltaba las formas originadas en el movimiento de las máquinas y procuraba manifestar la idea de dinamismo mediante una especie de simultaneidad clásica de la imagen.
Con excepción del dadaísmo, fue el movimiento más provocador y se extendió a Francia pero, vuelto a Italia, se mezcló con una imagen imprecisa de la actualidad y algunos de sus impulsores cambiaron de rumbo. Se llegó a considerar surrealista a Carlo Carrà (1881-1966), cuyas obras expone el Museo de Bellas Artes con el subtítulo La mutación dello spirito .
La clasificación es exagerada, pero fue sin duda una de las grandes figuras del novecento. La muestra recorre desde 1900 hasta 1965 un camino sembrado de piezas que vale la pena conocer. Se ven numerosos bocetos y dibujos (sector muy vasto con repeticiones que tienden a mostrar las modificaciones de una idea con el paso tiempo) y pinturas de variado tenor.
El futurismo en función del movimiento sólo se atisba en los primeros; lo demás tiende a desarrollar una imagen que parece contraria al dinamismo. Algo de la estructura que caracteriza a Cézanne rige el andamiaje de una parte de las construcciones. En todo caso, el acercamiento al futurismo se manifestó más claramente en los collages donde usaba letras para representar el ruido, uno de los fines de esa corriente, que admiraba la velocidad y las máquinas, el psicoanálisis y la guerra.
El procedimiento (próximo a la asociación de sensaciones conocida como sinestesia) era típico de los cubistas, pero éstos usaban letras sueltas y Carrà introdujo onomatopeyas, lo que superaba el tenor estético de aquéllos. Por lo demás, acogió el procedimiento cubista de facetar el tema para crear, por repetición de ciertas formas, ritmos articulados que revelaran el movimiento de la muchedumbre, como en los célebres Funerales del anarquista Galli.
Después de la guerra de 1914, dejó ese estilo, a su juicio, carente de la robustez de las formas que encontraba en Giotto. En ese sentido, trató de conciliar el pasado y el presente. Los cuadros posteriores representaron figuras de maniquíes y muñecos esquemáticos que evocaban la pintura metafísica de su amigo De Chirico. Eso duró aproximadamente hasta 1921. Finalmente, pasó a representar el paisaje y la figura de un modo sensible y propio, algo hierático y pesado, pero atento a la calidad de la materia, el colorido y la firmeza en la vertebración de las formas. Logró así una pintura densa y poética que renovó la perspectiva del renacimiento en cierto modo como De Chirico, con quien realizó un trabajo conjunto.
Con Boccioni (a quien conoció en 1908) tuvo afinidad particularmente en los temas. Así parecen confirmarlo las escenas urbanas de Piazza Duomo (1909), y La estación de Milán (1910), cuando firmó el Manifiesto de los pintores futuristas.
En 1950 obtuvo el gran premio de la Bienal de Venecia.
Sus textos como crítico y teórico los reunió Secreto Profesional, en 1962.
Un catálogo magnífico recoge, entre otros, valiosos aportes, observaciones biográficas y notas de Renato Miracco, Massimo Carrà y del propio Carlo Carrà, que contribuyen a esclarecer el sentido de su obra y de su vida.
El tesoro de la memoria
Múltiples aspectos de la vida cotidiana y de la vida social encuentran en la muestra del Palais de Glace sus manifestaciones más directas. Figuran desde el capote de Garibaldi, el automóvil que utilizó el cardenal Pacelli (después Pío XII) en su visita a nuestro país, retratos oficiales, cámaras fotográficas, álbumes de familia, baúles del siglo XIX, útiles de labranza, ladrillos y otros objetos hasta la reproducción de una tríada de obras maestras de Miguel Angel: La Piedad, el Moisés y la cabeza de David, que salieron de la Costanera Sur, donde funciona el Museo Municipal de Calcos y Escultura Comparada Ernesto de la Cárcova.
(En el Museo Nacional de Bellas Artes, Libertador 1473.)
Recuperación del pasado
El título de esta nota intenta mostrar el sentido de El tesoro de la memoria, la exposición destinada a exaltar el valor y la influencia de Italia en nuestro medio. Dos embarcaciones que ladean el pórtico anuncian su tenor inmigratorio desde la vereda misma del Palais de Glace, donde se exhibe.
Guillermo D´Aiello, el curador, la presentó como si fuese un barco cuyos ocupantes reciben un "pasaporte" rosado análogo al que se daba en Italia a los emigrantes y unos canillitas distribuyen el Corriere della Sera.
Ya adentro, un atiborrado grupo de obras, fotografías, objetos y documentos distribuido por temas muestra la importancia de la inmigración italiana en la Argentina.
Desde luego, el tenor colecticio de la muestra no invalida otras opciones, puesto que los testimonios son innumerables; pero para dar idea de su extensión, conviene señalar que -salvo el espacio dedicado a las oficinas- ocupa toda la planta baja del edificio, donde se instaló hasta un lugar para servir platos típicos.
Hay también una sala con pinturas originales que ostentan firmas históricas, entre las que figuran, por ejemplo, las de aquellos maestros de clara formación italiana, como el bonaerense Augusto Ballerini, el porteño Angel Della Valle y el popular Quinquela Martín. No podía ser de otro modo, la Argentina recibió una gran cantidad de pintores, fotógrafos y arquitectos italianos que enriquecieron su acervo cultural e impartieron enseñanzas que influyeron en sus manifestaciones artísticas posteriores.
Como se ve, una exposición heterogénea cuyo montaje debe de haber exigido un esfuerzo ímprobo de los organizadores. La complejidad de su contenido implica un trabajo de localización, recolección, traslado y montaje muy poco común.
Complementan la muestra diversas actividades paralelas y visitas guiadas.
(Hasta el 22 de abril. En las Salas Nacionales de Cultura, Posadas 1725).
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