
La casa que guarda la memoria de aquel día
En Tucumán se preservan el edificio y algunos objetos, testigos de la histórica jornada de 1816
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SAN MIGUEL DE TUCUMAN.- La histórica Casa de Tucumán esconde, detrás de su fachada blanca y sus dimensiones pequeñas, detalles de uno de los momentos clave para el desarrollo del país. Hoy, a 185 años de la Declaración de la Independencia, visitar sus salas significa un viaje en el tiempo, en un ámbito que guarda la mayor similitud posible con lo que fue aquel solar.
En esta casona funcionó, entre 1812 y 1814, el cuartel de las tropas que habían peleado en la Batalla de Tucumán. Después de 1816, el edificio fue modificado varias veces, con excepción del salón donde se hizo la jura de la independencia, que se mantuvo intacto.
El gobierno nacional se hizo cargo de la casa, alquilándosela su dueña, doña Francisca Bazán, cuyos nietos, en 1874, la vendieron a la Nación. En 1943 se reconstruyó tal cual la vieron los congresistas, mientras que hoy -convertida en museo- cuenta sus historias a quienes la visitan.
Entre 1986 y 1993 se llevó a cabo la última etapa de restauración, con el acento puesto en en la Sala de Jura y en toda la carpintería. Acerca de estos trabajos, el reconocido arquitecto y artista Clorindo Testa sostuvo que "la reconstrucción de la casa histórica es una falsificación", pues consideró que "lo que se ve ahora es una maqueta, no la realidad". El especialista opinó que "prácticamente no queda nada de lo que era la casa original".
En la Sala de Jura de la Independencia todavía se pueden observar la tarima, la mesa sobre la cual se firmó el Acta de Declaración de la Independencia, los sillones del presidente de la Magna Asamblea, Francisco Narciso Laprida, y de los secretarios del Congreso, Juan José Paso y Mariano Serrano. El crucifijo, colocado sobre el dosel, fue el que presidió las sesiones. Los muros blanqueados son de adobe, mientras que las vigas del techo fueron trabajadas a mano. Las baldosas son las auténticas del siglo XVIII.
La Sala Virreinal contiene objetos que recrean la vida cotidiana durante el período de los virreyes y la convivencia de la cultura hispánica con la indígena. En la Sala Zavalía se exhiben objetos de los últimos dueños de la casa; en la Sala de Guerras de la Independencia y Congreso de Tucumán, hay una reproducción del Acta de Declaración de la Independencia y la Biblia sobre la que realizaron la jura.
En otras habitaciones sobresalen el bastón de mando, de marfil, oro y plata, del primer presidente constitucional argentino, general Justo José de Urquiza, y los anteojos bajos del tucumano Juan Bautista Alberdi, autor de las "Bases". En una sala de música, ambientada al estilo del siglo XIX, se destaca un piano del 1800 similar al que se utilizó para componer el Himno Nacional.
Hay una colección de porcelanas y alabastros que fue donada por Ernesto Padilla, hijo del gobernador que presidió los festejos del centenario de la Independencia, y un sector destinado a la consulta de investigadores.
Además de las salas, quienes recorren la casa pueden disfrutar, todos los días, de un espectáculo de luz y sonido que recrea los momentos cúlmines de la firma del Acta de la Independencia.



