
La ceremonia del té y sus cultores
Odile Baron Supervielle LA NACION
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Cuando era aún una niña solía acompañar a mi madre, gran aficionada a los objetos chinos y japoneses, a la "Maison Satuma" cuyo dueño era el Sr. Kenkichi Yokohama. Me quedaba sentada en una sillita mientras ellos deambulaban por los amplios salones llenos de obras de arte. Ese ambiente, para mí lleno de misterio, me fascinaba y la presencia silenciosa de los budas y otras imágenes exóticas estimulaba mi imaginación.
Una amiga me presentó hace poco a la hija del famoso Sr. Yokohama. Asistí en la Embajada de Japón a una ceremonia en la que entregaron a la Sra. Norma Yokohama de Montelatici, en presencia de autoridades japonesas y argentinas y en nombre de Su Majestad Imperial y del Gobierno de Japón, la Condecoración de la Orden del Sagrado Tesoro Rayos de Oro y Plata, por su contribución a las relaciones de amistad entre Japón y Argentina.
Mujer de gran prestigio en el ámbito argentino-japonés, Norma Yokohama es profesora de letras, egresada de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA y durante unos años fue Presidenta de la Asociación de Mujeres Universitarias de Buenos Aires. Actualmente es académica de número de la Academia Argentina del Ceremonial. Su vasta cultura japonesa la llevó a interesarse por la ceremonia del té y difundirla por medio de clases y conferencias.
-¿Qué la atrajo en la ceremonia del té?
-El arte del té es la culminación de la cultura del Japón, la quintaesencia de la civilización japonesa. Encontramos su influencia en la arquitectura, la jardinería, la cerámica, el arte floral, la comida, los dulces, la vestimenta, los modales, el lenguaje, las lacas, los tejidos, la pintura en blanco y negro, la estética y también, en el arte de la convivencia humana.
-¿Cómo tomó conocimiento de ese arte?
-En 1954 llegó un gran maestro de ese arte y presencié por primera vez una ceremonia. Resultó para mí un descubrimiento. Además, mi padre, hombre de gran cultura, tenía una vasta biblioteca y me hablaba de la ceremonia del té, que yo sólo conocía en forma teórica. En 1980 llegaron a la Argentina desde Japón dos profesoras, las señoras Shimada y Kumagai, que me trajeron utensilios para la ceremonia del té. Y con las diez clases que nos dieron aprendí a practicar ese arte. Me entusiasmé y seguí estudiando.
-¿De dónde proviene la ceremonia del té?
-De China. Pero los chinos, después de transmitirla a los japoneses, se olvidaron de ella. En cambio quedó grabada en la mente y las costumbres japonesas. Japón es una especie de museo que conserva todo lo que recibe del exterior. Cuando en el siglo IV después de J. C. se interrumpió el comercio entre China y Japón, situación que se prolongó durante 200 años, el té dejó de llegar de China. Luego se reanudaron los lazos comerciales y entonces se volvió a recibir una gran cantidad de elementos de China: pinturas, té en polvo y también resurgió la ceremonia del té, que había quedado relegada por la falta de las delicadas hebras.
-¿Qué lugar ocupa hoy la ceremonia del té en la cultura de Japón?
-Hay sólo dos millones de personas que conocen hoy la ceremonia del té en Japón, pero su práctica es hoy parte de la tradición del país. Simboliza la cortesía, la consideración hacia el otro, la limpieza espiritual y, sobre todo, brinda calma y tranquilidad. El refinamiento de ese arte se difundió de los cortesanos a los militares, los artesanos, los monjes, los campesinos y, por último, los comerciantes. Estos constituyen la última clase de la sociedad porque manejan el dinero. En Japón se trata de no tocar el dinero, considerado ordinario. Siempre se lo entrega en un sobre.
-¿De qué manera sigue vigente la ceremonia del té?
-Hoy la vida moderna es muy exigente. No se puede manejar un auto con un kimono. La ropa que se usa es la occidental, que llega de Francia, Italia y los Estados Unidos y se vende en las grandes tiendas. Pero en la fiesta de una familia tradicional, el mayor lujo es lucir un kimono que perteneció a una abuela o bisabuela. Pasa lo mismo con las casas. Son de estilo europeo, aunque sigue vigente, por ejemplo, la costumbre de dejar los zapatos al entrar y ponerse unas chinelas. La gente que puede tiene un cuarto al estilo japonés. Si bien Japón es muy moderno, mantiene la tradición. De modo que la ceremonia del té se sigue cultivando en Japón y se ha extendido en el mundo.
-¿En la ceremonia del té participan de preferencia hombres?
-Antiguamente había sólo hombres pero ahora participan ambos sexos. Tiene que haber siempre un número impar, lo ideal son 5 personas. Nosotros hablamos de "ceremonia" del té pero esa palabra podría evocar algo religioso y no es así. En realidad, tiene que ser un acto muy sencillo, muy natural, elegante y no forzado. Es simplemente una reunión entre amigos, un encuentro.
-¿De dónde viene entonces la expresión "ceremonia del té"?
-En 1933 un profesor australiano llamado Gadler escribió un libro Cha-no-yu: The Japonese Tea Ceremony . A partir de entonces todo el mundo empezó a hablar de la "ceremonia del té". Tendríamos que decir el arte del té.
-¿Durante esos encuentros se habla de temas especiales?
-No se puede hablar ni de política ni de religión. Está prohibido cualquier tema que produzca irritación porque se trata de lograr la tranquilidad que nos conduzca al dominio de nuestro yo, al autocontrol. Los temas corrientes son los relacionados con la pintura, la filosofía y la poesía. Hay que lograr un ambiente de respeto y de pureza ya que se busca construir la armonía necesaria para mantener el respeto hacia los demás, hacia las cosas de la naturaleza y las de la cultura.
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