La educación, jaqueada por la crisis económica
La carencia afectó al área, que concluye el año sin ministerio
1 minuto de lectura'
El mundo era otro el 5 de marzo de 2001, cuando comenzaron las clases sin inconvenientes en el país. Los docentes tenían el compromiso gubernamental de recibir el incentivo en cuotas durante el año, y desde el Ministerio de Educación, que conducía Hugo Juri, se anunciaba una reforma administrativa en la cartera educativa y en los ministerios provinciales, cambios en la escuela media, un censo nacional para saber cuántos docentes y alumnos había y el Programa Equidad, por el que se distribuirían becas, libros y útiles escolares en todo el país.
Además, 140.000 chicos y adolescentes de las siete provincias con el rendimiento más bajo en las evaluaciones oficiales –Misiones, Formosa, Chaco, Jujuy, Corrientes, Catamarca y Tucumán– habían comenzado las clases en febrero, en un intento por minimizar las causas del fracaso escolar y asegurar 180 días de clases.
En los meses que siguieron todo quedó a medio camino. Durante el año muchos docentes dejaron de recibir su sueldo, aguinaldo e incentivo en tiempo y forma, y protestaron por eso. Hubo siete paros docentes nacionales, y la Ctera una vez más amenazó con reinstalar la carpa blanca, hasta que el estallido social generalizado la hizo parecer poco elocuente. En el camino, más de 2,5 millones de alumnos bonaerenses pasaron casi un mes sin clases, los chicos sanjuaninos perdieron 46 días y los jujeños estuvieron 60 jornadas sin pisar las aulas.
Las turbulencias comenzaron en marzo mismo. El 21, mientras se realizaba un paro en protesta por supuestos recortes al presupuesto educativo, asumió como ministro de Educación Andrés Delich, con su juventud –tenía 38 años– y su pasado de dirigente de Franja Morada como garantías de renovación y capacidad de diálogo. Delich era el viceministro de Juri, quien renunció cuando el efímero ministro de Economía Ricardo López Murphy propuso recortar el presupuesto universitario.
Encendidas polémicas
El joven ministro abrió varios frentes de tormenta con sus primeras declaraciones. Dijo, por ejemplo, que los ministerios de Educación provinciales debían revisar el uso de sus fondos y que era necesario rediscutir el estatuto docente con nuevas pautas de ascenso y una revisión del sistema de licencias. Hasta dejó helados a sus correligionarios cuando habló de “poner en discusión” el ingreso irrestricto y buscar formas alternativas de financiamiento, como un impuesto a los graduados o una tasa a los padres con hijos en la universidad pública.
En mayo, Delich convocó a unos 30 “notables”, entre especialistas y funcionarios, y formó una comisión presidida por su predecesor Juri, que en 180 días elaboraría un diagnóstico de la educación superior en el país y propuestas. La difusión de sus conclusiones, que se demoró hasta fines de año, quedó sepultada por la avalancha de hechos que precedieron la caída de De la Rúa.
En agosto la crisis económica resurgió con toda su fuerza cuando se produjo el recorte del 13% en los salarios superiores a $ 500 en el sector público, que dejó a muchas universidades en el límite de su capacidad de funcionamiento. La Federación Universitaria Argentina (FUA) organizó marchas regionales en todo el país, con un slogan que sonaba raro en tiempos de radicales en el poder: la defensa de la educación pública.
Franja Morada tuvo el peor año electoral desde 1983: en la UBA sólo quedó en control de cuatro de los trece centros de estudiantes y dejó de conducir la Federación Universitaria de Buenos Aires (FUBA).
La universidad más importante del país dio a conocer los resultados del censo de estudiantes que hace cada cuatro años: con 253.260 alumnos, su población estudiantil creció el 38% desde 1996. Según las cifras, el estudiante tipo es mujer, tiene menos de 24 años y trabaja a tiempo completo.
La UBA cumplió en agosto 180 años, y aunque celebró con actividades culturales y artísticas, los festejos más estridentes quedaron suspendidos. Pero resistió mejor que otras la merma de fondos por su capacidad de generar sus propios recursos. Tras 16 años de gestión, el rector Oscar Shuberoff pasó el año debilitado y con escasa aparición pública por el avance de las causas judiciales que se le siguen por enriquecimiento ilícito.
El deterioro económico generalizado no dio tregua. Las cuestiones pedagógicas quedaron para otro momento. Paradojas de la Argentina en crisis: los mismos que durante el año reclamaron por el pago de sus salarios o por el presupuesto universitario hoy se darían por satisfechos con que el Ministerio de Educación simplemente continuara existiendo.



