La efectividad del humor
EL REY DE LA MILONGA Por Roberto Fontanarrosa-(Ediciones de la Flor)-271 páginas-($ 28)
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Recientemente galardonado como escritor en el Hay Festival de Cartagena y ovacionado al regresar a su ciudad, Rosario, con un acto multitudinario propio de los eventos deportivos, el también dibujante y humorista Roberto Fontanarrosa sigue afirmándose como un narrador de franca llegada al público lector. Su nuevo libro de relatos, El rey de la milonga y otros cuentos, editado inicialmente en 10.000 ejemplares, goza ya de una segunda edición a escasos tres meses de su salida al mercado, un suceso por cierto inusual en el ámbito literario local.
Integrado por veintiséis relatos breves, El rey de la milonga ofrece tanto el sabor reconocible del estilo de Fontanarrosa como nuevas apuestas que vigorizan y dan renovados aires a su narrativa. El lúdico uso del registro periodístico sobre todo, pero también de los formalismos académicos, de las tradiciones históricas o del inefable tono de las conversaciones de café, va armando historias con altas dosis de humor, acaso mayores aún que las de su último libro, Usted no me lo va a creer (2003). Tanto frente a los argumentos o los temas en general, como frente a algunas oraciones aisladas que resaltan en la narración, el rictus del lector va incorporando una sonrisa como acto reflejo, a mitad de camino entre la tentación y el cosquilleo del calambre, hasta que la risa muchas veces estalla en voz alta y con ganas.
Parte de la efectividad de este humor radica en la forma en que Fontanarrosa somete ciertos géneros discursivos al abordaje de un objeto que les es ajeno y que por lo tanto los fuerza al disparate. Lúcido detector del estilo y el léxico que caracterizan a algunos ámbitos sociales, y eficaz en su reproducción paródica, Fontanarrosa parece abandonar un poco la voluntad de retratar socarronamente los hábitos y las taras nacionales, protagonistas de su anterior libro, para orientar sus relatos hacia una búsqueda de mayor desvarío y comicidad, aspecto que se logra gracias a su más detallada concentración sobre los discursos. Así, el registro del informe periodístico de investigación es usado para abordar temas tan disímiles y delirantes como la presencia de "Gnomos en Bariloche" (incluyendo las voces de académicos, lugareños y técnicos castrenses) o la fuga desde un circo paupérrimo de un payaso salvaje y famélico que termina tomando rehenes en una granja ("Sopapo y milanesa"). En este registro entran también dos buenos relatos del volumen: el que narra la investigación de un semiólogo japonés sobre el cuento "El Aleph" de Borges y sus insólitas conclusiones vinculadas con la empresa Hitachi ("El especialista"), y el que describe el progresivo desborde de un jugador de fútbol a causa de su extrema intelectualización de las jugadas ("El pensador").
En otros dos cómicos relatos, el autor apuesta a una especie de síntesis entre el informe periodístico, el paper académico y los recorridos biográficos propios del canal televisivo E! para narrar la historia de célebres personajes: Sara Susana Baéz, poetisa de vanguardia devenida pistolera y autora del cuentito "Juan y Pinchame"; o Florencio Araujo De la Peña, filósofo español, malogrado psicólogo y dramaturgo por descarte, que se vio obligado a vulgarizar su teoría psicológica sobre la insatisfacción a través de la pieza teatral "La gata Flora". A estos efectivos juegos con los géneros discursivos también se suma la crónica histórica sobre el General Cornejo y sus taladrantes ronquidos, o "El Flaco, amigo del Dali", la historia de un exhibicionista "de piloto" que usa el discurso propio del artista callejero para hablar de su manía. Por su parte, la retórica de la militancia política también aparece en otros relatos, ingeniosamente reinsertada en una lógica de franca parodia, como en "El discípulo", la historia de un guerrillero argentino que decidió tomar las armas para combatir el núcleo del sistema opresor: esa maldita costumbre de levantar a los niños a las 6 de la mañana para ir al colegio en pleno invierno. Mientras que en el espléndido "Retiro de Afganistán, ya", Fontanarrosa hace foco en el reiterado adverbio apurado de este tipo de consignas e imagina que, tras la exigencia del Movimiento Barrial Trotskysta ?Santiago Pérez´ (retirar las tropas "inmediatamente; pero no mañana o pasado o la semana que viene? ¡sino ya, ya, ahora mismo!"), el gobierno estadounidense comienza a negociar el pedido con impensable cordialidad.
El registro de la oralidad y la habilidosa capacidad de Fontanarrosa para inventar nombres graciosos (diarios como El Eco del Sorgo, personajes como el Mono Preciosa) son también otros de los recursos que abonan los efectos de humor, aunque algunos relatos del volumen que privilegian la reconstrucción de un tono en desmedro de una historia terminan debilitándose al final, al no encontrar un cierre significativo.
Duodécimo en la lista de sus libros de cuentos publicados, El rey de la milonga ofrece nuevas variantes del estilo original de Fontanarrosa, al tiempo que vuelve a confirmar su habilidad para interpelar graciosamente al lector en su eficaz tratamiento del "idioma de los argentinos".
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