“Como él hubiera querido”: asado, vino, tango y un mensaje para sus amigos en el funeral de Julio Le Parc
En su atelier de Cachan, en las afueras de París, más de un centenar de personas despidió al artista mendocino fallecido el sábado; su ataúd estaba cubierto por una bandera argentina y uno de los pañuelos que diseñó para Hermès
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Con asado, empanadas, vino y tango en su atelier en las afueras de París fue despedido hoy por un centenar de familiares, funcionarios y amigos Julio Le Parc, luego de que su cuerpo fuera enterrado por la mañana en el cementerio municipal de Cachan junto al de Martha, madre de sus tres hijos y artista textil. “Adiós al amor de mi vida”, había dicho el artista mendocino cuando ella murió, en marzo de 2025. Él falleció poco más de un año después, el sábado último, cuando estaba por inaugurar una gran muestra en la Tate de Londres. Un proyecto en el que trabajó hasta sus últimos días.
Rodeado de flores, el ataúd de color blanco estaba cubierto por una bandera argentina y uno de los pañuelos de seda que Le Parc diseñó hace una década para Hermès Éditeur. Esa edición especial se inspiró en La larga marcha, una serie realizada hace medio siglo con su emblemática gama de colores. Tan extensa como la voluntad de un hombre que vivió 97 años bajo el lema “optimismo siempre”.
Así se titula un largo texto que les dejó Le Parc a sus amigos en francés, firmado en agosto de 2023, con el siguiente prólogo en castellano: “Él construyó un camino y no supo dónde lo llevaría ese camino. Construyó otro y tampoco supo dónde le llevaría ese segundo camino. Entonces construyó un tercer camino, pero un camino solamente para volver siempre a su casa”.
El último párrafo dice así: “Amor mío, dame una última copa de Malbec de Mendoza. Devuélveme una última sonrisa. Mirándote, déjame revivir todos los momentos bellos y únicos de mi vida, y solo eso. Suaviza mi partida con un Adiós Nonino. Cierra mis ojos con solo tu mirada. Pero si por casualidad, amor mío, notas que mi mano derecha busca un lápiz para dibujar... Entonces dale una última oportunidad”.
La invitación para unos doscientos invitados estaba firmada por sus hijos -Juan, Gabriel y Yamil-; sus nietos -Luna, Mateo, Salvador, Alma e Iman- y su bisnieta, Kali. Entre los presentes estuvieron el embajador argentino en Francia, Ian Sielecki; la alcaldesa de la ciudad de Cachan y el artista argentino Pablo Reinoso, radicado en ese país desde hace décadas, al igual que Le Parc. Según relató este último a LA NACION, Gabriel Le Parc pronunció un discurso emocionante en el cual resaltó el compromiso constante de su padre “con las clases desfavorecidas”.

“Siguió el bandoneón de [Pablo] Gignoli, quien interpretó Adiós Nonino de Piazzolla, un gran amigo de Julio –agregó Reinoso-. Yo estallé en lágrimas al oír ese tango que siempre me ha conmovido. Fue tan acertado ese momento donde todos rodeábamos al cajón de Julio, el cielo gris amenazante de lluvias que tuvieron la discreción de seguir de largo”.
Luego, continuó, “vinieron las hermosas palabras de Yamil, íntimas, con reflexiones sobre el amor discreto de Julio. Una de sus nietas habló entre lágrimas y nos dijo que justamente esa discreción afectiva que podía tener Julio ella la había entendido como un momento de pudor de él, pero que bastaba ver su mirada para descubrir lo intensamente afectivo que era”.
Los discursos cerraron las palabras de Yumiko, última compañera de vida de Le Parc. Ella describió, según Reinoso, “el punto más difícil de entender cuando uno comenzaba a descubrir a Julio. Él siempre empezaba una charla desequilibrando a su interlocutor, con algún chiste o comentario. Y una vez que ese efecto estaba logrado, desparramaba afecto e inteligencia sin perder como norte de su brújula el sentido del humor”.

A continuación, de a uno, fueron pasando a dar el último adiós, mientras Gignoli con su bandoneón y Javier Díaz González en guitarra interpretaban el tango Volver. De allí se fueron hasta el cercano taller, donde el asado se acompañó con el canto de Yamil y otras personas. “Parecía que en cualquier momento bajaba Julio a saludar. Todo fue como él hubiera querido”, aseguró Reinoso, quien se manifestó además agradecido con Le Parc por “sus obras cinéticas, que seguirán asombrándonos con su poesía hecha con dos lamparitas y unos alambres. Con un mínimo de recursos y un máximo de luz y de energía”.
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