
La escritura del mundo
VIAJE ALREDEDOR DEL MUNDO Por Louis-Antoine de Bougainville-(Eudeba)-Trad.: Andrés G. Freijomil-445 páginas-($ 42)
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"No es éste un relato que deba ser contemplado como una obra de entretenimiento -aclara Louis-Antoine de Bougainville antes de empezar su célebre Viaje alrededor del mundo a bordo de la fragata real la Boudeuse y la urca ...toile, en 1766, 1767, 1768 y 1769-. Fue hecho, sobre todo, para los marinos". Esta advertencia, que parece una fórmula para ahuyentar lectores no especializados en tecnicismos náuticos, nunca cumplió su cometido: en sus dos primeras ediciones, a principios de la década de 1770, el Viaje alrededor del mundo fue un éxito de ventas entre un público amplio y hoy ese pasaje del relato se vuelve uno de los más interesantes del libro porque hace referencia a una polémica candente relacionada, de alguna forma, con la escritura: cuáles son los alcances y las formas de intervención que otros (editores, traductores, correctores, agentes) tienen sobre la obra de un autor.
Bougainville escribe en una época en la que empezaban a evidenciarse los primeros signos de la profesionalización que -mal que les pese a algunos nostálgicos- la literatura ha adquirido hoy. ¿Con quiénes polemiza entonces? Con todos aquellos escritores y revisores de estilo que se empezaron a contratar con el objetivo de "embellecer" -es decir, de volver más legibles para el gran público- los textos de quienes viajaban por razones científicas, políticas y comerciales.
"Soy viajero y marino -prosigue Bougainville-; es decir, un embustero y un imbécil frente a esa clase de escritores perezosos y soberbios quienes, entre las sombras de sus gabinetes, someten despóticamente la naturaleza a su imaginación y filosofan hasta perder de vista el mundo y sus habitantes. Procedimiento harto singular, harto inconcebible por parte de personas que, sin haber observado nada por sí mismas, no hacen más que escribir y dogmatizar a partir de las observaciones que les prestan esos mismos viajeros a quienes les niegan la facultad de ver y de pensar".
En esta declaración hay que creer menos en sus alardes de inferioridad intelectual -que se contradicen, por otra parte, con las innumerables referencias a autores como Virgilio o Tácito que atraviesan su texto- que en su decisión de no permitir que nadie se entrometiera demasiado con los cuentos de su expedición. La precaución de Bougainville parece responder a las atribuciones que solían tomarse algunos escritores contratados: en esa misma década en la que se publicó su relato, por ejemplo, se desató una gran polémica en Inglaterra cuando el escritor profesional, que debía corregir el estilo de los relatos de los distintos comandantes que habían participado de la primera expedición de Cook, decidió fundirlos todos en uno y escribirlos en primera persona para "acercar al lector? y aumentar su interés" en el relato.
Bougainville se encargó de que eso no sucediera con su libro. Al menos no durante su vida. Después, el hecho de que coexistieran un diario de viaje -que sirvió de base al Viaje alrededor del mundo- y dos ediciones muy cercanas -una de 1771 y otra de 1772- en las que Bougainville introdujo varios cambios hizo que en algunas traducciones se produjeran algunas de esas intervenciones no deseables. El cuidado y el rigor con el que se han manejado esos temas es uno de los rasgos más destacables de esta versión del Viaje alrededor del mundo que acaba de publicar Eudeba en su Colección Reservada del Museo del Fin del Mundo. Andrés Freijomil ha hecho una traducción ágil y un estudio preliminar en el que el conocimiento sobre el tema no se convierte en una maraña de citas y/o de guiños sino en un aporte para los lectores. Esta traducción en el sentido más amplio del término -como pasaje entre lenguas pero también como puesta en contemporaneidad de una obra- hace mucho para que hoy los lectores puedan encontrar, entre las "indicaciones para marinos", otros temas que tal vez los convoquen.
La cuestión de Malvinas, por ejemplo. Como ya lo adelantó Paul Groussac en su combativo Las Islas Malvinas (editado en 1936), Bougainville no fue un personaje casual en la destemplada cuestión de la soberanía sobre las islas: en la artillería erudita que utiliza para rebatir los argumentos de los ingleses, Groussac dice que estos últimos no fueron ni los primeros en verlas -mérito que reconoce al navegante holandés Sebald de Weert- ni los primeros en ocuparlas con intenciones sedentarias, ya que la primera fundación de una colonia fue hecha por Bougainville. En Viaje alrededor del mundo aparece la versión de primera mano de ese intento colonizador y los detalles de una de las misiones que Bougainville tiene en este viaje, que es el segundo que hace a los Mares australes y que continuará luego con la circunvalación prometida en el título: entregar al representante de la corona española la posesión de las islas que Francia acababa de reconocer -con obtención de ventajas mediante- como parte de las posesiones españolas.
En Bougainville también aparecen rastros de la inquina contra los ingleses. Menos de diez años antes le había tocado a él organizar la rendición ante Inglaterra de las posesiones de Francia en Canadá, y había tenido que volver a Europa como prisionero en un barco inglés. En este viaje alrededor del mundo que, como no se cansa de repetir Bougainville, es el primero que emprenden los franceses cuando los ingleses ya han completado siete, está presente la usual combinación de objetivos políticos y comerciales -su estadía en las Molucas le permite obtener información que hasta entonces la Compañía holandesa guardaba bajo secreto- y está también narrada esa relación de amor-odio entre ingleses y franceses que, como lo demuestra Al otro lado del canal, de Julian Barnes, sigue siendo tópico de los mejores escritores contemporáneos.





