
La fe de los robots
En su avance arrollador, la inteligencia artificial está llevando a un límite a muchas profesiones y oficios: traductores, periodistas, diseñadores gráficos y especialistas en atención al cliente, entre otros, empiezan a sentir la amenaza que esta tecnología proyecta sobre sus trabajos. A esta lista de ocupaciones ahora hay que añadir a los profesionales de la fe: curas, monjes, rabinos e imanes que están siendo reemplazados por chatbots.
En algún rincón de Internet ya dieron con un nombre para denominarlos: “godbots”, un término que podría traducirse como “Dios-bot” o “bots de Dios”. A diferencia de otros programas similares, entrenados para responder consultas bancarias o quejas sobre los gigas del celular, estos agentes se “alimentan” con textos sagrados –desde la Biblia y la Torá hasta el Corán y el Popol Vuh– con el objetivo de brindar guía espiritual y responder interrogantes religiosos.
Un caso muy difundido en el hemisferio norte es Text With Jesus (“Chateá con Jesús”), una app destinada a “cristianos que buscan orientación para la oración y apoyo para el estudio” bíblico. Este servicio, disponible en inglés, también permite conversar con los apóstoles y recibir mensajes de voz personalizados de figuras del Antiguo y Nuevo Testamento. En Google Play, tiene una calificación de 4.4 sobre 5 estrellas –en base a un total de 1500 reviews– y registra más de 100.000 descargas.
Para los devotos del Islam existe QuranGPT, un chatbot que te ayuda explorar versículos del Corán y “comprender sus enseñanzas de manera clara y significativa”. De forma similar, GitaGPT responde consultas sobre el Bhagavad Gita, texto sagrado hinduista creado más de 2000 años atrás. LDS Bot, por su parte, ofrece respuestas bíblicas desde la perspectiva de la iglesia mormona. En apariencia, no había ninguna religión que estuviera más allá de la potencial automatización de su fe.
Pero esta evangelización digital no está resultando sencilla. La causa son las “alucinaciones de IA”, episodios en los que una plataforma presenta como verdadera una información falsa: una cita inventada, un autor inexistente, una fecha errónea. Esto ocurrió con el “Padre Justin”, un cura virtual creado por la web Catholic Answers, que pronto desarrolló una teología delirante: dio el visto bueno a realizar bautismos con Gatorade y comenzó a ofrecer absoluciones a los usuarios, una potestad exclusiva de los sacerdotes humanos.
Fallas de diseño también pueden llevar a estos programas a presentarse a sí mismos no como simples chatbots, sino como encarnaciones de lo divino. En ese contexto, que el interlocutor digital se presente como Cristo, Buda o Mahoma puede tener consecuencias negativas para personas con trastornos de salud mental: la autoridad simbólica de esa figura puede darle un peso mucho mayor a potenciales consejos dañinos.
El avance acelerado de estas tecnologías dio origen a un nuevo fenómeno: las religiones de IA. Desde hace casi dos años, algunos usuarios alertan del surgimiento del “espiralismo”, una suerte de culto nacido de las conversaciones entre humanos y chatbots. Sus seguidores elevan a las IA a un rango de oráculo espiritual y creen que, al conversar con ellas, pueden acceder a una forma de conciencia superior.
En los últimos meses hubo también reportes de nuevos cultos creados a partir de diálogos entre chatbots, sin intervención humana directa. Intrigado, busco qué dijeron los filósofos sobre la naturaleza de la fe, y encuentro una frase de Immanuel Kant, quien sostuvo una vez que “sólo hay una religión verdadera, pero puede haber muchas especies de fe”. El filósofo alemán hablaba de la ley moral racional, a la que ponía por encima de cualquier sistema de creencias particulares. Me pregunto ahora qué tipo de moral podrán desarrollar en el futuro las máquinas, cuál será la fe de los robots.





