La felicidad como alegoría
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Rosario Express
Por Juan Martini
Norma
$32
Ocho años después de Barrio chino , Juan Martini vuelve a publicar un volumen dedicado al cuento, género que representa un segmento valioso de su prolífica producción literaria. Los cinco relatos que integran Rosario Express se caracterizan por un estilo despojado y se aprecian mejor en una segunda lectura, cuando la ansiedad por aferrarse a la precisión de un argumento se calma y permite degustar el sabor del tono expresivo de manera independiente.
En "Materia dispuesta" la inflexión de la primera persona despliega una oda amarga a una mujer enferma de cáncer con la cual el narrador ha tenido una relación tan distante y ambigua que en ningún momento de su rememoración alude a ella como "mi" madre. La inminencia de su muerte y los recuerdos que no logran evocar un lazo afectivo van percutiendo un ritmo sombrío en las reflexiones del hijo, que afirma: " se hable de lo que se hable siempre se habla de lo que no se habla".
Un equilibrado contrapunto entre lo que se muestra y lo que se esconde rige la apariencia engañosa de "Jukebox". Un hombre llamado Mur llega a un balneario de la costa atlántica y alquila una cabaña. La mención de una pistola en el inventario de su equipaje introduce una violencia contenida en el pacífico escenario de mar y bosque. Indicios ominosos contaminan la inocuidad de ciertos episodios y terminan desmoronando la fachada bucólica, cuando ese turista casual se revela como el ejecutor de una venganza.
"La colaboración" ofrece la trama más lineal y se interna en el terrorismo de Estado durante el Proceso, tema que en el último cuarto de siglo ha sido abordado por innumerables escritores argentinos hasta devenir en una suerte de género cuya desventaja es que el horror de la realidad siempre superará al de la ficción. Martini se aleja de una perspectiva de héroes y villanos. Acierta en su enfoque porque logra imponer lo humano sobre lo ideológico: de nuevo recurre a la primera persona, en este caso la de Meme, una militante montonera encargada de tareas de inteligencia que, a fines de 1976, es secuestrada y trasladada a la ESMA, con un embarazo de cinco meses.
El nudo central de la "La forma del tiempo" emerge con lentitud a través de una conversación en el Jardín Botánico, lugar que adquiere un rol protagónico. La hija de una mujer con ataques de amnesia cita allí a un hombre para convencerlo de que vea a su madre. ¿Quién es ese hombre? ¿Un extraño que ni siquiera conoce a esa mujer? ¿El padre que abandonó a su hija a los cuatro años? El diálogo plantea una disyuntiva: aceptar los frágiles datos de la realidad tal como son o acomodarlos al delirio de una mujer enferma.
El cuento que da título al libro puede ser considerado una nouvelle . En 2005 M. (¿un alter ego del autor?) viaja a Rosario, donde transcurrieron las primeras tres décadas de su vida. La visita enmarca un repaso de esos años, reconstruidos en forma de postales que combinan el plano personal con el histórico y comprenden el período entre 1944 y 1975. La propuesta es apretar el botón random de la memoria y proyectar un zapping de recuerdos que armen un mapa emocional de la ciudad en el que las referencias a la crónica individual se superponen a las de la crónica colectiva.
En "Rosario Express" se aplica al máximo el tono expresivo que da unidad a los otros cuentos, dominados por una mirada desencantada y la idea -en palabras de Tolstoi- de que "la felicidad es una alegoría". En ellos Martini se abstiene de las explicaciones absolutas. Prefiere la sordina a la estridencia, la pausa al frenesí, lo tácito a lo evidente. No le interesa ajustar demasiado las piezas que componen sus estructuras narrativas y diseña espacios para que sus tramas puedan respirar en libertad. Al lector le corresponde la tarea de acentuar la trabazón, pero sin obsesionarse por encontrar siempre una conclusión definitoria ni un sentido transparente detrás de las motivaciones de los personajes y de sus acciones.



