
La foto como síntesis
Los densos climas de las imágenes de Arturo Aguiar y Simón Altkorn revelan una estudiada producción
1 minuto de lectura'

Lo que a Henri Cartier-Bresson le demandaba apenas un segundo a ellos les lleva horas o meses. Porque lo que buscan Arturo Aguiar y Simón Altkorn no es captar un instante decisivo sino manipular la realidad para crear climas, generar suspenso, provocar preguntas. Y hasta tal punto lo logran que muchas de sus fotografías parecen escenarios en los que está por suceder algo terrible.
No se conocen personalmente, pero comparten más de lo que sospechan. Ambos se formaron en ciencias duras -Aguiar estudió física, Altkorn es economista- y exploraron las artes escénicas antes de acercarse a la cámara. Así, el teatro y el cine terminaron de definir miradas que no dejan escapar ningún detalle. Obsesionados con la luz, trabajando siempre en el límite de la penumbra, los dos procuran que sus imágenes tengan "varias capas" y alcancen la perfección de lo que escapa a una lectura única.
Aguiar juega con el tiempo, la iluminación y la profundidad de campo para "deconstruir el lenguaje fotográfico" y modificar la representación de la realidad. Si bien concentra la atención en su poética y deja la técnica en segundo plano, vale la pena señalar que suele trabar el obturador durante unos segundos e introducirse en la escena, vestido de negro y con linterna en mano, para alumbrar sólo lo que a él le interesa.
En el caso de la habitación de Villa Ocampo que ilustra esta nota, y que se exhibe en estos días en Praxis, el plano del jardín se realizó en una segunda toma, sobre el mismo negativo, para que el fondo también quedara en foco.
El resultado de este tipo de trabajos son escenas muy pictóricas que apelan al misterio, en las que las pinceladas de luz delatan una presencia fantasmagórica. "De alguna manera, todas mis fotos son autorretratos", reconoce Aguiar, que inició su carrera como artista con manchas de pintura sobre tela, atento a su "propio saber" y a los efectos del inconsciente -de la propia sombra, diría Jung- sobre la obra.
"El autor está siempre en las fotos", coincide Altkorn. Las huellas, en su caso, se descubren en los pequeños detalles. Como en el cuadro que cuelga a la derecha en Leni sueña con S. E. , que forma parte de la muestra actual en Gachi Prieto Gallery; es un retrato de "S. E.", Sergéi Eisenstein, cineasta ruso admirado por Leni Riefenstahl, directora de cine y fotógrafa alemana apreciada a su vez por Altkorn.
No hay nada en esa escena librado al azar. Desde que visualizó esa imagen y la plasmó en un boceto, le llevó meses al artista investigar hechos históricos, conseguir la locación ideal, los actores, los muebles y la ropa de época; incluso las perlas son reales y el color del marco de la obra combina con la tela del sillón. La iluminación está pensada para lograr un clima opresivo, similar al de la foto que ganó en 2007 el Primer Premio Adquisición del Salón Nacional, El cumpleaños de Hans Globke (After Wall) .
Esta última obra cita otra de Jeff Wall, Un ventrílocuo en una fiesta de cumpleaños en octubre de 1947 , así como Aguiar citó la instalación de Marcel Duchamp Étant donnés en Siempre es otro el que muere , fotografía que ganó el año pasado el premio Petrobras-Buenos Aires Photo. En este caso, la producción previa demandó al artista, entre otras cosas, la creación de una lápida.
© LA NACION
<b> FICHA </b>


