La fugacidad de la belleza
SAGITARIO Por Silvio Mattoni (Alción Editora)-(Córdoba)-62 páginas-($ 9)
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"...LA belleza/ es un vidrio tan frágil que se quiebra/ apenas con el roce de una sombra". Todo artista consciente de sus límites podría suscribir estas líneas de Silvio Mattoni, quien estructura el extenso poema de este libro -dividido en cinco secciones- a través de una subyugante sucesión y alternancia de voces: a la del propio poeta se le suman las que expresan los anhelos, interrogantes y reflexiones de una serie de figuras míticas, cuyo eje es el Sagitario que da título al libro. Y cuyo discurrir ilumina, también, cualquier experiencia humana.
Sagitario, vale recordarlo, es el saetero, el centauro mitológico cuyo arco dispara sin cesar una flecha refulgente en el centro mismo de la Vía Láctea; y es asimismo una de las constelaciones con mayor riqueza de cuerpos celestes. Riqueza y esplendor que parecen haber motivado la fecundidad textual y conceptual de esta poesía alejada de cualquier facilismo, que fluye además en forma de bloques encolumnados, sin divisiones estróficas ni un corsé métrico a priori . Es un continuum lírico, cuyo corte en versos se produce por la necesidad expresiva y no por recetas retóricas.
Silvio Mattoni fue Primer Premio del concurso Enrique Pezzoni 1992. Además de co-director de la prestigiosa revista cordobesa El banquete , es poeta, ensayista, crítico y traductor de un exigente friso autoral que abarca desde Ponge, Cardarelli y Bonnefoy hasta Valéry, Luzi y Catulo. En este libro pasa revista, con extrema sutileza, a la fugacidad de la belleza y de la juventud, al deseo erótico, equiparado a una ráfaga de flechas doradas de fulgor fantasmático.
Mattoni reflexiona también sobre el lenguaje cuando escribe sobre un "árbol que parece transparente, / con hojas como sílabas pueriles". Cuando sus frutos rojos caen al piso, "hay una lengua que desaparece,/ una red de hilos rítmicos cortada/ para siempre". Bella manera de aludir al hecho de ser, por y en la palabra poética. "Los poemas no son más que sueños/ hasta que se perciben sus efectos", aunque "En el sueño no hay nadie,/ sólo algo de ajeno dolor. ¿Soy/ un animal, una piedrita,/ una rama agitada?" El poeta es todo eso, y es nada a la vez; es siempre otro y el mismo. Este libro lo recuerda con desusada belleza.



