
La gran ruptura
El informalismo y el arte destructivo de Kenneth Kemble, figura decisiva de los años sesenta, en una muestra antológica inaugurada el miércoles en el Centro Recoleta.
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UNA de las exposiciones más esperadas en este fin de temporada es, sin duda, la de Kenneth Kemble, curada por Marcelo Pacheco para la Sala Cronopios del Centro Cultural Recoleta. No se trata de una retrospectiva que abarque todas las etapas de su producción, sino sólo una parte de ella, la del período 1956-1963. El título de la muestra, "Kenneth Kemble. La Gran Ruptura", refleja el espíritu que animó la práctica artística en esos tiempos de utopías vanguardistas. Por muchos motivos, esta selección de obras y de documentos audiovisuales inéditos es conmovedora.
Kemble, como otros creadores de la década del sesenta, creía que su misión consistía en asombrar e irritar al espectador. Asimismo, desdeñaba la idea de asociar la obra de arte con un inofensivo objeto de consumo. Por eso, sus trabajos parecían destinados a ser inasimilables, indigeribles. Si bien en el fondo, el artista sabía que las obras serían absorbidas en algún momento por el mercado y por los museos, aprovechaba toda oportunidad para embestir contra el público.
Ese era el Kemble de los collages de trastos viejos, el de los ensamblados de chapas oxidadas, el del "Movimiento informalista", el de los cuadros con grandes signos negros, el de la aventura de "Arte destructivo" y el de "Pintura espejismo". Ante ese panorama, no resultaba extraño que un crítico, en una irónica nota publicada en Noticias Gráficas , se refieriera a la obra de Kemble de esta forma: "Con unas latas herrumbradas, unas maderas podridas, unos pedazos de cartón [hacía] un cuadro: Mapa de la República Argentina ". En el mismo diario, se citaba una expresión de Antonio Sibellino, uno de los más prestigiosos escultores de la avanzada de los años veinte, que ante una obra de Kemble exclamó con sorpresa: "Esa no puede ser la concepción de un hombre. No ¡ésa es la concepción de una cucaracha!". Por su parte, la crítica María Rosa González, casada con Emilio Pettoruti, le aconsejaba a los informalistas "abandonar los empastes, las maderas, arpilleras y latones, para optar por la organización, la medida, la armonía, la cadencia y la paciencia".
El término informalismo, adoptado por el grupo argentino, surgió en 1951 en París, en la exposición "Significantes de lo informal" organizada por Michel Tapié. El mismo crítico denominó Art Autre (Arte Distinto), a esa tendencia nacida en ambos lados del Atlántico después de la Segunda Guerra Mundial. En el texto de presentación caracterizaba al informalismo por ser "distinto" de la abstracción geométrica y por la importancia asignada a la materia, a la gestualidad y a la espontaneidad del proceso creador. Los antecedentes europeos más antiguos de esta corriente artística eran las pinturas agresivamente matéricas de Jean Dubuffet y de Jean Fautrier. En los Estados Unidos, los expresionistas abstractos, como Pollock y Tobey, se constituyeron en exponentes del art autre .
Un collage para la historia
En 1958, en el Salón Anual de Arte Nuevo, Kemble presentó Tregua , un collage hoy paradigmático para la historia del arte argentino. Lo había realizado un año antes con trapos de piso, trapos rejilla desgastados por el uso y manchas sanguinolentas de pintura. Era la primera obra decididamente informalista que se exhibía en Buenos Aires.
Las dos muestras del Movimiento Informalista realizadas en 1959 contaron con la participación de Kemble, Alberto Greco, Luis Wells y otros jóvenes pintores. La crítica, en general, dudó de la seriedad de esos artistas que se oponían al rigor de la pintura geométrica y al buen gusto de la abstracción lírica.
Un año más tarde, Kemble expuso individualmente en dos galerías. En Peuser presentó grafismos negros sobre fondos blancos y en Lirolay, collages y ensamblados. En mayo de 1961, exhibió la notable serie de "Paisajes suburbanos", un conjunto de ensamblados realizados con chapas de zinc oxidadas, maderas carcomidas y otros elementos similares. Los títulos subrayaban el significado: Paisaje suburbano , El rey de los pordioseros , etcétera. Aun cuando los trabajos eran abstractos, los materiales alusivos conducían al espectador hacia una lectura anclada en una situación histórica y social local. En noviembre del mismo año, en la galería Witcomb, Antonio Berni exhibía por primera vez la famosa serie de "Juanito Laguna", realizada con similares materiales. La coincidencia con los "Paisajes suburbanos" era evidente.
El tiempo y sus heridas
En noviembre de 1961, Kemble y un grupo de amigos (Barilari, López Anaya, Roiger, Seguí, Silvia Torras y Wells), presentaron en la galería Lirolay una insólita muestra experimental bautizada"Arte destructivo". Un heterogéneo conjunto de objetos "encontrados" y semidestruidos se transformaron en irónicas "obras" de antiarte. Ninguna de las piezas exhibidas poseía identificación alguna del autor, todo estaba cuidadosamente oculto en la acción del grupo.
Los protagonistas de la muestra eran los objetos lacerados por el tiempo, por accidentes o por la acción de los artistas. Entre ellos se destacaban el sillón abierto por un profundo tajo, del cual emergía la lana del relleno, y los ataúdes desgastados por el tiempo. También abundaban los paraguas destrozados y las cabezas humanas de cera brutalmente desfiguradas por el fuego, las muñecas descalabradas y los restos de barcos, de piezas mecánicas y de cajones con botellas rotas. La música y los textos destructivos señalaban otras facetas de la experiencia. Las referencias al ready made de Duchamp, a los merz de Schwitters y al espíritu de dadá eran explícitas y reconocidas.
En uno de los textos del catálogo, Aldo Pellegrini celebraba la exposición destructivista que, con humor, atacaba lo estúpido, lo rutinario, lo pretencioso y lo falso. El poeta surrealista no dejaba de señalar que el humor, además de un peculiar sentido estético, poseía un contenido profundamente ético. Pero, en un medio que no salía de su letargo provinciano, "Arte destructivo" fue un gesto de libertad y provocación que no terminó de ser reconocido.
Kenneth Kemble falleció en Buenos Aires en abril de 1998, a los 74 años de edad. Hasta sus últimos días, trabajó con entusiasmo en la preparación de esta muestra. En ella lo acompañan con sus obras, que muestran los intercambios y las discusiones que caracterizaron a la "Gran ruptura", algunos de sus mejores interlocutores: Berni, Greco, Santanonín y Wells.
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