La Guerra del Paraguay, en los ojos de un pintor y combatiente

Se exhiben 80 acuarelas de José Ignacio Garmendia, que reflejó sus vivencias
Loreley Gaffoglio
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7 de octubre de 2005  

Si bien el más vívido y celebrado racconto plástico de la Guerra del Paraguay se debe a la destreza de la mano izquierda que conquistó Cándido López al perder el brazo derecho en Curupaytí, hubo al menos otros tres militares artistas que testimoniaron los combates de la Guerra de la Triple Alianza.

La larga contienda que entre 1865 y 1870 enfrentó a los ejércitos argentinos junto a los del Imperio del Brasil y Uruguay, contra las tropas paraguayas, encabezadas por el dictador Francisco Solano López, tuvo en la habilidad del suizo Adolfo Methfesse (1836-1909), del brasileño Víctor Meirelles (1832-1903) y del militar argentino José Ignacio Garmendia (1841-1925), a testigos de una habilidad plástica destacada como cronistas de esa contienda.

Son las 80 pequeñas acuarelas de Garmendia, de las 149 que atesora del Museo Histórico Saavedra -junto con cartas, documentos y diez libros que escribió a partir de sus vivencias en el campo de batalla como capitán del 1er. Batallón de la División Buenos Aires-, los registros que integran la muestra "Crónica en imágenes de la Guerra del Paraguay", curada por Cecilia Cavanagh, e inaugurada anteayer el Pabellón de las Artes de la Universidad Católica Argentina (UCA).

Formado en el academicismo plástico del español Eustaquio Carrandi, a los 24 años Garmendia participó de la contienda como corresponsal del diario La Tribuna, hasta que contrajo el cólera y regresó a Buenos Aires, en busca de una cura para su enfermedad.

Desde la trinchera

Según cuenta Miguel Angel De Marco en el prólogo del catálogo que acompaña la exhibición, Garmendia volcó en papeles y cuadernos una descripción gráfica taxativa de cuanto acontecía en los vastos territorios de los combates.

"En ese teatro de operaciones -cuenta el historiador- compartió peligros, diversiones y lecturas con antiguos amigos del Colegio San Carlos, que se habían enrolado como voluntarios y también con otros jóvenes provenientes del interior. Muchos de ellos perdieron la vida en las trincheras, los esteros y las selvas del Paraguay. Garmendia participó de casi todas las acciones bélicas, asistió a la gran batalla de Tuyutí, vivió la hora amarga del rechazo de Curupaytí y condujo a su batallón a la victoria de Lomas Valentinas."

En sus pequeñas acuarelas -descripciones plásticas de asombroso valor testimonial- el artista, que gozó de gran popularidad desde que Jacobo Peuser publicó, en 1883, el célebre "Album de la Guerra del Paraguay", documenta el atavío de los diferentes uniformes militares, el gesto desafiante de las tropas paraguayas detrás de profusas hileras de cañones y artillería, los ataques navales al puerto de la ciudad de Corrientes, los infantes que disparan con fusiles o embisten a sus oponentes con bayonetas, el dolor de los combatientes que han perdido a seres queridos junto con las precarias edificaciones y carpas blancas que sirvieron de albergue a las tropas aliadas.

El escenario fue plasmado por el artista como un cúmulo de tumbas e improvisados cementerios. Se estima que del medio millón de individuos que conformaban la población total paraguaya sobrevivieron al final del conflicto 150.000 personas; el Brasil tuvo 4332 muertos y cargó con 18.537 heridos, la Argentina sufrió 18.000 bajas (allí pereció Dominguito Sarmiento) y el Uruguay sumó otras 3120 víctimas.

Además de vistas de los campamentos enemigos y aliados y de las condiciones de detención de las tropas paraguayas, Garmendia describe la vida cotidiana de las tropas durante la guerra. Y registra a través de una profusa galería de imágenes con técnicas litográficas, a los militares de los cuatro bandos que comandaron las batallas. Allí están "Benigno López, hermano del dictador paraguayo, fusilado por su orden" -según el título que el propio Garmendia le dio a su dibujo-; el general Lucio Mansilla, los coroneles argentinos Roseti y Charlone, Gaspar Francia, junto con los cuerpos sin vida del coronel Calleja y de Miguel Menéndez Hoz.

Hay también composiciones de sabor intimista como la sencilla tienda que ocupó el general Mitre en Tuyú Cué y la fisonomía de "Noguera, mi asistente paraguayo con la ternera que había enseñado a comer galletas y que le hacía llevar los arneses del comandante a la avanzada", según relata el artista en el título original de una de las acuarelas.

Para Cavanagh, la exhibición despliega el valor documental de las composiciones, muchas de ellas "esbozadas directamente a partir de registros fotográficos, donde aparecen detalles como si fueran miniaturas, deslizados en estructuras pictóricas simples, de impecable composición", señaló la curadora en un recorrido por la muestra con LA NACION, que podrá visitarse hasta el 6 de noviembre, de martes a domingo, de 11 a 19, en Av. Alicia Moreau de Justo 1300. Se trata, en definitiva, de una amena y didáctica lección de historia, recreada por la pincelada traslúcida y minuciosa de un artista y militar hoy rescatado del olvido.

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