La historia como fantasía literaria
LA BODA DEL FIN DEL MUNDO Por Diana Bilmezis (Atlántida)
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"EL modo particular en que vemos el mundo -afirmó Maupassant- es nuestra particular ilusión de él, y esa ilusión se ajusta a nuestros órganos y sentidos; nuestro vaso receptor se convierte en el equipo de nuestra pequeña parcela de la conciencia universal." Si esto es así, lo menos que puede señalarse de Diana Bilmezis (y de la particular ilusión del mundo que reflejan sus relatos) es su hospitalidad, la amplitud de su registro de la conciencia universal. La boda del fin del mundo mereció el Premio Proyección 1996 y su autora recibió en 1987 el Premio La Nación por una serie de notas sobre el fin del siglo.
Integrado por cuatro relatos largos ("Cuando caiga Somoza, amor mío", "El baile de los Benguela", "El cielo sobre Bell Ville" y "La boda del fin del mundo"), este libro de cuentos expande el territorio potencial del género llevándolo a una dimensión casi infinita, en la que todo es deliciosamente creíble: desde Juan Manuel de Rosas en convivencia con el ángel que baila un candombe benguela hasta un guerrillero en duelo con una máquina infernal de juegos electrónicos, pasando por la iconografía más delirante y realista de unas verdaderas "madres de la patria".
La atmósmera de este mundo de ficción, a la vez "ancho y propio", que la escritora define como "hiperrealismo mágico", ofrece un costado deslumbrantemente inédito que incluye la historia como fantasía transhistórica (si puede llamársela así), es decir, como disparador de una fantasía literaria, válida de por sí, pero también al servicio de una lectura histórica, acaso más verdadera que verosímil.
El libro se abre -en el doble sentido, tanto de su recorrido como de su amplitud ontológica- con el extraordinario "Cuando caiga Somoza, amor mío", cuento que será llevado al cine. Allí Diana Bilmezis plantea el más sobrecogedor reencuentro de dos hermanas separadas por tiempos y espacios adversos. Un encuentro concedido por esa apertura del corazón que dan los años cuando se corresponden con una sabia ancianidad.
La gracia y el punto de vista narrativos vuelven entrañables a sus personajes y les otorgan, en el reducido espacio de cada cuento, el relieve afectivo y argumental propio de la novela. La autora logra animar, en todos y cada uno de los relatos, historias de carne y hueso, atravesadas de dolor y de esperanza. (223 páginas).
Fernando Sánchez Sorondo
(c)
La Nacion




