
La identidad nacional y sus ilusiones
Se publica en español Nación y narración, compilación del teórico Homi K. Bhaba, un libro clave de los estudios poscoloniales
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<b><i> Nación y narración </i></b>
"Ni el hombre ni la nación pueden existir sin una idea sublime" (Fiodor Dostoievski). "Toda nación ridiculiza a otras naciones y todas tienen razón" (Arthur Schopenhauer). "Fue un credo escrito en los documentos fundadores de nuestra nación: sí, podemos" (Barack Obama). Múltiples, contradictorias y capaces de legitimar las políticas más diversas son las citas que se pueden evocar para ilustrar la idea de nación. Sea para reafirmar el supuesto de una identidad esencial o para cuestionar el poder de esa o cualquier otra esencia inmutable, los debates alrededor de su definición -o sobre su mera existencia- producen disputas teóricas que encarnan en la lucha política concreta; no sólo en los enfrentamientos nacionalistas, sino también en los modos antagónicos de entender los proyectos colectivos.
Nación y narración , editado por el teórico del poscolonialismo Homi K. Bhabha, tiene un primer objetivo claro: debatir la idea de nación a la luz de la contingencia y la ambivalencia, de la crisis de las grandes narrativas históricas y de la inevitabilidad de la diferencia y de la hibridación. Lo hace por medio de la presentación del papel que cumple la construcción de relatos para legitimar aquel concepto, pero también, al mismo tiempo, para cuestionarla. Sea a través de la literatura (Charles Dickens, Virginia Woolf), la pintura (Sir Joshua Reynolds) o la teoría social (Ernst Renan, Raymond Williams), se busca demostrar los esfuerzos que se han hecho para respaldar la invención de la nación, en la que hay siempre una alternancia -y a veces superposición- entre la insistencia por construir una identidad colectiva y la resignación frente a su imposibilidad de ese intento.
Bhabha -responsable también de la introducción y de la coda del volumen- tiene además un segundo objetivo: refuta, en el marco del poscolonialismo, las posturas que justifican la subordinación del colonizado por la supuesta preexistencia de una identidad inalterable. El poscolonialismo -del que Bhabha, junto con Gayatri Spivak, es hoy uno de los principales exponentes- busca rendir cuenta de la producción cultural en el marco del colonialismo y de la construcción de sujetos subalternos junto a los posibles mecanismos para su liberación; el objetivo es movilizar conceptos instituidos -como los de nación y narración- para subrayar los modos en que opera el colonialismo, pero también de encontrar los intersticios para su ruptura. Emprende entonces un ataque contra las lecturas esencialistas, que buscan definir y naturalizar las naciones del Tercer Mundo por medio de supuestas tradiciones homogéneas, continuas e innatas, que refrendarían su subordinación. En este libro, en cambio, las naciones son construcciones narrativas que surgen de la interacción entre culturas en disputa. Es esta lógica la que, a través del espacio entre esas tradiciones culturales dominantes enfrentadas, habilita mecanismos de resistencia.
La compilación de Bhabha -de origen indio, profesor en la Universidad de Harvard- fue publicado originalmente en 1990. Veinte años más tarde, queda en evidencia que representa una bisagra insoslayable. A fines de la década de 1980 ya habían sido escritos dos de los textos clave que ayudaron a redefinir el debate: Naciones y nacionalismo (1983), de Ernest Gellner, y Comunidades imaginadas (1983), de Benedict Anderson. El desarrollo del debate multicultural y de la teoría queer llegaría más tarde, pero fue justamente esta compilación de trabajos la que abrió la discusión hacia estrategias que en ningún momento se pretendían tibias, ni teórica ni políticamente.
Bhabha, inscripto en una tradición posestructuralista que discute lo político a partir de Jacques Derrida, Frantz Fanon y Jacques Lacan, se muestra atento a las premisas heredadas de Gellner y Anderson, pero también a los análisis fundacionales de Edward Said, el autor de Orientalismo .
Toma como punto de partida, entonces, el énfasis en la necesidad de homogeneización cultural propia de la modernidad desplegado por Gellner junto con los argumentos de Anderson acerca de las naciones como comunidades políticas imaginadas. Pero para Bhabha estas miradas sólo cobran sentido político profundo si se enmarcan en la perspectiva poscolonial desarrollada por Said y su crítica hacia los prejuicios eurocéntricos. El resultado: una serie de textos heterogéneos pero sorprendentes por su presentación y la sustancia de sus argumentos, sostenidos siempre en las premisas rupturistas de su editor.
El artículo que abre el volumen es el clásico texto del francés Ernest Renan (1823-1892) "¿Qué es una nación?". La elección de ese trabajo fundacional, publicado en 1882, implica hacer a un lado cuestiones como la lengua, la raza, la religión, la geografía o las necesidades militares a la hora de definir una nación, para concentrarse en el papel de las creencias que aglutinarían lo nacional. En palabras de Renan, es el "haber sufrido juntos" lo que constituye el principio espiritual que conforma una nación. Este punto de partida de la compilación descarta una multitud de intuiciones de sentido común para señalar el modo en que los debates recientes vuelven complejas las premisas de Renan en un marco que atiende al internacionalismo y la inestabilidad de las identidades.
El desarrollo de la novela, como es sabido, acompañó el surgimiento de las distintas naciones. Es por esto que varios de los artículos de Nación y narración recurren al análisis de obras literarias para discutir el problema.
El texto de Doris Sommer, "Un romance irresistible: las ficciones fundacionales de América Latina", analiza la declarada ruptura que implicó el boom latinoamericano respecto de ficciones fundacionales como Amalia , de José Mármol, encargadas de legitimar un papel para la elite blanca. El romance privado se aúna con la construcción de la nación en América latina, asociación que las narraciones del boom cuestionan.
En una línea cercana, Sneja Gunew discute en "La desnaturalización cultural de los nacionalismos: lecturas multiculturales de ´Australia´" la constitución de una esfera contrapública en escritos que fueron excluidos de las versiones oficiales, destinadas a sostener el mito de los orígenes.
No se trata sólo de explicar la lógica de la novela, sino el modo en que la narración trabaja para legitimar y deslegitimar identidades en general. El texto de John Barrell, por ejemplo, "Sir Joshua Reynolds y la esencia inglesa del arte inglés", apela a los análisis del pintor británico y su pretensión de encontrar en la especificidad del ornamento la esencia de lo nacional.
El volumen -que incluye también textos dedicados a Walt Whitman y Harriet Beecher Stowe, la autora de La cabaña del Tío Tom - cierra con "DisemiNación", firmado por el propio Bhabha. Ese artículo, clave en su producción y que más tarde sería reeditado en El lugar de la cultura (1994), determina los ejes de la propuesta del teórico indio. A través de una escritura deliberadamente ambigua, Bhabha muestra el modo en que la construcción del colonizado como ser inferior justifica la conquista, pero también cómo la hibridación termina por desestabilizar al colonizador. El discurso colonial establece, por tanto, una relación compleja en la que el otro es despreciado y, a la vez, deseado. Son estas contradicciones y tensiones, sostiene Bhabha, las que se trasladan a la idea de nación. El objetivo no es señalar la oposición entre Primer Mundo y Tercer Mundo, entre colonizador y colonizado, entre hombres y mujeres, o entre blancos y negros, sino subrayar el límite en que se construyen las identidades para, luego, desafiarlas.
Si se entiende la nación como un sistema de representación de la vida social, "¿qué efecto tiene esto -se pregunta Bhabha- sobre narrativas y discursos que transmiten un sentido de ´lo nacional´?" Frente a las consignas electorales de Obama o a la dimensión sublime que reclamaba Dostoievski, tal vez haya que desplegar, como sugería Schopenhauer, una mirada irónica como único camino para encarnar procesos de resistencia eficaces.



