La influencia del Opus Dei, a 75 años de su creación
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MADRID (DPA).- "¡Nos han hecho ministros!", dicen que exclamó Josemaría Escrivá de Balaguer, el fundador del Opus Dei, cuando, en los años sesenta, el dictador Francisco Franco (1939-1975) incluyó por primera vez en su gobierno a uno de los miembros de esta institución religiosa, que ayer cumplió su 75° aniversario.
Desde entonces, la influencia de la "Obra de Dios", así su nombre en latín, no ha parado de crecer.
Tan sólo en España, donde fue fundada, el 2 de octubre de 1928, son muchas las figuras públicas que pertenecen al Opus, como el ministro de Defensa, Federico Trillo; su secretario de Estado, Fernando Díez Moreno, los ex ministros Isabel Tocino y José Manuel Romay, el fiscal general del Estado, Jesús Cardenal, y el presidente del Banco Popular, Luis Valls Taberner, entre otros. Entre los miembros más conocidos en el extranjero están el vocero del Vaticano, Joaquín Navarro-Valls, el alcalde de Santiago de Chile, Joaquín Lavín, y el arzobispo de Lima, cardenal Juan Luis Cipriani.
Desde siempre, la Obra ha sido una institución controvertida, acusada por sus críticos de ser una suerte de secta ultraconservadora con mucho poder en el gobierno, la judicatura o las Fuerzas Armadas. A esta imagen han contribuido el secretismo del que se la tacha y las declaraciones de disidentes que afirman que el Opus Dei busca controlar la mente y la conducta de sus miembros.
La finalidad de la obra
Para el movimiento creado por monseñor Escrivá, éstas no son más que calumnias. Según sus directrices, la finalidad de la institución es "contribuir a la misión evangelizadora de la Iglesia, promoviendo entre fieles cristianos de toda condición una vida plenamente coherente con la fe en las circunstancias ordinarias de la existencia humana y especialmente a través de la santificación del trabajo".
"Es una forma de espiritualidad cristiana y laica adecuada al mundo de nuestros días", la define el ministro Trillo. La biblia de sus miembros es "Camino", un libro escrito por su fundador y que contiene 999 máximas y enseñanzas. Fue traducido a 42 idiomas y sus ventas superan los cuatro millones de ejemplares.
Algunos detractores, como el ex director de Asuntos Religiosos Dionisio Llamazares, sostienen que "a través de organizaciones integristas como el Opus Dei, la Iglesia ha logrado imponer como ética global la ética católica en su versión más conservadora".
Críticas como ésta pueden sonar exageradas si se tiene en cuenta que al Opus apenas pertenecen, oficialmente, unos 85.000 fieles en los cinco continentes, cerca de 35.000 de ellos en España. La mayoría son laicos; sólo un 2% de sus miembros son sacerdotes. El resto en su mayoría son personas casadas que no practican el celibato (supernumerarios), aunque hay quienes deciden permanecer solteros para dedicarse plenamente a la institución (numerarios).
La influencia y su extensión en el universo de la Iglesia se hicieron sentir hace un año, cuando Escrivá fue canonizado: a la ceremonia en Roma asistió medio millón de personas. El principal valorizador de la Obra es el propio Juan Pablo II. Su titular, el obispo español Javier Echevarría Rodríguez, tiene su sede en Roma.
Ultimamente se dice que la Obra ha encontrado una fuerte competencia de los Legionarios de Cristo, congregación fundada en 1941 por el mexicano Marcial Maciel Degollado, pero oficialmente no existe ninguna rivalidad. En España los Legionarios cuentan con una universidad -la Francisco Vitoria, en las afueras de Madrid-, mientras que el Opus Dei gestiona la Universidad de Navarra.
Un libro publicado recientemente relaciona con los Legionarios de Cristo a Ana Botella, esposa del presidente Aznar; a la duquesa de Alba, a la empresaria Alicia Koplowitz y a los ministros del Interior y Justicia, Angel Acebes y José Maríila.




