
La meteorología asegura trabajo, pero aún no atrae a los estudiantes
En la carrera de ciencias de la atmósfera ingresan 20 alumnos por año y se gradúan cinco
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El cambio climático puso en el tapete las discusiones sobre los fenómenos naturales y el comportamiento de la atmósfera. En la ciudad de Buenos Aires, el recordado granizo de 2006 y las recientes tormentas e inundaciones -que se multiplicaron en otras provincias- renuevan la preocupación y han convertido al pronóstico del tiempo en una preocupación cotidiana. ¿Dónde no se habla del tiempo y de sus variaciones? Sin embargo, ese creciente interés no se refleja en las aulas universitarias.
En el país existe una única carrera que forma especialistas en la atmósfera y sus cambios. Se dicta en la Universidad de Buenos Aires (UBA). Cada año, ingresan en ella sólo unos 20 estudiantes y egresan tan pocos graduados como la cantidad de dedos de una mano. La falta de profesionales de esta disciplina es suplida en el mercado por ingenieros y por físicos.
"En una clase superpoblada podemos ser quince alumnos", contó a LA NACION Christian Garafaglia, alumno del último año de ciencias de la atmósfera, una carrera muy poco conocida que forma profesionales para la investigación científica o el desarrollo tecnológico.
"No escapamos al desinterés por las ciencias en general", apuntó Carolina Vera, directora del Centro de Investigaciones del Mar y la Atmósfera que mantienen en conjunto la UBA y el Conicet, y hasta 2008 directora del Departamento de Ciencias de la Atmósfera de la UBA, en Ciudad Universitaria.
"La sociedad tiende aún a pensar al meteorólogo como el pronosticador y quien habla del cambio climático no son ellos, sino grandes científicos de otros países", dijo, por su parte, la actual directora de ese departamento e investigadora del Conicet, Celeste Suolo.
El filtro del CBC
Al desconocimiento de la carrera se suma a veces la mala fama de los pronosticadores televisivos -que no siempre tienen formación específica en el tema-, el miedo a las matemáticas y a la física y la escasez de tratamiento de temas vinculados con el clima y la atmósfera durante la secundaria. Muchos de los graduados en meteorología eligieron originalmente estudiar física y, una vez en la facultad, conocieron la existencia de esta carrera.
Entre los pocos que originalmente expresaron su anhelo de estudiar esta disciplina son aún menos los que logran concretarlo. Según un informe de la Facultad de Ciencias Exactas, sólo el 30% de los inscriptos en el CBC, entre 2006 y 2008, lo aprobó y siguió el primer año de la carrera. Un seis por ciento menos que los que sobrevivieron al CBC entre 2004 y 2006. En el total de las carreras de la facultad, ese índice de continuidad es más alto y llega al 47 por ciento.
En 2008 se anotaron 82 estudiantes para hacer el CBC para la carrera, un número mínimo comparado con los más de 5900 que ese año eligieron medicina o los 5200 que optaron por abogacía.
"Muchos no tienen claro que se trata de física aplicada y que recibirán una formación en ciencias duras y de ahí la gran deserción", dijo Suolo.
"Yo entré porque quería ser pronosticador, pero después descubrí que esta carrera tiene muchas otras áreas", dijo Garafaglia, de 24 años.
Un meteorólogo, o licenciado en ciencias de la atmósfera, no sólo es quien da los pronósticos del tiempo en la TV o en la radio, sino, sobre todo, quien investiga los fenómenos como huracanes, tormentas, tsunamis; los efectos de la contaminación en el clima o cualquier alteración del medio ambiente y reúne información sobre el comportamiento del clima que resulta útil para distintos sectores productivos, como el de la energía, el turismo y las actividades agrícolas.
Estos servicios son cada vez más requeridos a consultoras especializadas en los Estados Unidos. En el país, aún son muy pocas las empresas que se dedican a estas cuestiones, lo que abre por otra parte un mercado laboral interesante para los graduados argentinos.
"Lo que más me gusta es poder mirar el cielo y poder explicar lo que veo con las matemáticas", contó Mariano Alvarez, de 23 años, alumno del último de los cinco que dura ciencias de la atmósfera.
Los alumnos coincidieron en que se trata de una carrera difícil, no sólo porque hasta tercer año no se ven contenidos específicos de meteorología o atmósfera, sino porque, al ser pocos alumnos, las materias se dictan en un sólo horario, con un promedio de diez horas semanales de cursada. Según dijeron, muchos llegan a este estudio atraídos por películas o por dibujos animados que vieron en su infancia.
Puestos vacantes
En las últimas tres décadas, el promedio de estudiantes que ingresa en la carrera -que hasta 1989 se llamaba ciencias meteorológicas-se mantuvo en 20 alumnos, con importantes altibajos como en 1982, cuando se llegó a tener 51 alumnos o en 1989, cuando los estudiantes fueron sólo seis.
Según la facultad, el 70% de los ingresantes a la carrera tiene entre 18 y 20 años -es decir, en su mayoría proviene directamente del CBC- y el 25% tiene entre 21 y 25.
El principal empleador de los graduados es el Estado, particularmente a través de organismos como el INTA o el Servicio Meteorológico Nacional, con 1200 empleados, que desde 2007 dejó de estar en manos de la Fuerza Aérea y tiene un interventor civil. En pocos meses, el organismo deberá contratar a por lo menos un centenar de meteorólogos, por jubilación del personal actual, y, según evalúan los expertos, no contará con profesionales suficientes de los que disponer. Según datos de la UBA, entre 1990 y 2005 se graduaron de la carrera unos 56 profesionales.
UNA PRIORIDAD PARA LA ARGENTINA
Ciencias de la atmósfera está incluida entre las carreras consideradas "prioritarias para el desarrollo del país" por el Ministerio de Educación, por lo que entra en un programa especial de becas para quienes quieran empezar a cursarla y tengan dificultades económicas para hacerlo. A la vez, desde hace algunos años, la carrera participa también en las actividades de promoción que organiza la Facultad de Ciencias Exactas y el CBC para entusiasmar a los chicos con opciones de estudio que no conocen, "traducir" sus aplicaciones laborales concretas y alejar el miedo a las ciencias duras.




