
La moral del juguete
Liliana Porter, con su mundo de muñecos y miniaturas, propone abandonar los prejuicios sobre la coherencia conceptual entre la verdad y la mentira.
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DIBUJOS y collages realizados sobre hojas de cuadernos Rivadavia, pequeñas instalaciones, fotografías en las que posan juguetes y videos en los que actúan los mismos personajes constituyen el mundo encantador -entre cándido y perverso- de la exposición que Liliana Porter presenta en la galería Ruth Benzacar. Sin duda, esta muestra es la más notable y madura que la artista presentó en Buenos Aires, desde su primera individual, en 1961.
En las fotografías, Porter se dedica a retratar a sus personajes con objetividad, realzando su personalidad y reforzando el sentido de su presencia real, como si quisiera dejar testimonio de sus historias. Son fotos de juguetes, souvenirs, adornos kitsch y otras miniaturas, plenas de serena opulencia visual. En ellas los personajes parecen posar, como en las fotos oficiales o en las de ceremonias privadas, vestidos y emperifollados para la ocasión. Así se ven el osito que toca el tambor, Minnie, Mickey y la chinita que se mira en un espejo.
La iconografía fundamental de la obra de Porter, desde hace muchos años, procede de la cultura de masas. Son especialmente juguetes de plástico, miniaturas en metal, próceres de Disney, santos populares, souvenirs turísticos. Todos los personajes tienen en común su origen: la producción masiva y el carácter ingenuamente kitsch. La forma en que se relacionan entre sí o se mezclan con barajas, tarjetas postales con reproducciones de famosos cuadros y espejos, en un escenario vacío y frío, es una clave de la poética de la artista.
A Porter le interesa que los personajes sean disímiles, que tengan diversos orígenes y tiempos distintos y que se reúnan sobre una mesa, dialogando ajenos a sus diferencias. "Obviamente -señala la artista- al juguete y a esos personajes, el sentido se lo tenemos que dar nosotros, los espectadores. Nosotros tenemos la capacidad de significarlos o de banalizarlos como un juguete. Un niño se relaciona con el juguete y no piensa, entra en el espacio virtual sin ningún problema, le da sentido, sentimiento y un montón de cosas sin cuestionar nada. A nosotros nos cuesta más. Sin embargo, eso es lo que pide la obra, que volvamos a esa mirada donde podemos relacionarnos con el objeto que está ahí enfrente."
La observación de Porter es una clave para la lectura de su obra conceptual, que recuerda La moral del juguete, de Baudelaire. En esas páginas, el poeta evoca una escena de su infancia: el cuarto lleno de juguetes de la casa de la señora Panckoucke, donde lo verdadero y lo falso, lejos de disociarse, se obstinaban en jugar juntos. Allí se encontraba la vida en miniatura, mucho más brillante, limpia y coloreada que en la vida real. "Todos los niños -escribe el autor de Las flores del mal - hablan a sus juguetes; los juguetes llegan a ser actores en el gran drama de la vida, miniaturizado por la caja negra de su pequeño cerebro."
Porter, en definitiva, propone al espectador acceder a su obra como si ingresara en el cuarto de juguetes de la señora Panckoucke, dejando afuera todo prejuicio sobre la coherencia conceptual entre la verdad y la mentira.
Videos y dibujos
En los dos videos que integran la exposición, Para Usted y Solo de tambor , los mismos personajes en miniatura adquieren animación y se integran en una narración fragmentaria, muy minimalista. La música y el movimiento generan algunas secuencias perturbadoras, en las que los pequeños muñecos bailan el tango, tocan la guitarra o saltan a la soga. Cuando una mano o un pie humanos ingresan en la escena es para realizar acciones ambiguamente agresivas.
El tercer grupo de obras expuestas está integrado por dibujos de tono infantil, trazados con lápiz sobre hojas rayadas de cuaderno escolar. Son los trabajos que Porter realizó en el último verano europeo, en Umbría, Italia, invitada para realizar una residencia de cinco semanas.
Una de estas piezas es una hoja de cuaderno, con un doblez en el centro que la separa en dos partes. En uno y otro lado hay un conejo trazado con simulada mano no cultivada. El título, con humor, pregunta: ¿Dónde estás? , enfatizando la separación de los dos personajes. Todo recuerda un trabajo realizado en la escuela de primera enseñanza.
Pero más allá de la referencia escolar del dibujo, el tema sigue siendo el mismo que traspasa todas las obras de Porter: la comunicación por encima de las diferencias. Los conejos buscan comunicarse más allá del pliegue que los separa. El tema de la comunicación no es nuevo para la artista. En una de sus obras, Mickey Mouse conversa con el pequeño e imperturbable conejo de Alicia en el país de las maravillas . ¿Acaso son irónicas alusiones a la incomunicación en el mundo real de la comunicación generalizada?
Liliana Porter (1941), formada en institutos de arte de Buenos Aires y México, reside desde hace más de treinta años en Nueva York. Sin duda es una de las artistas argentinas que han logrado mayor reconocimiento internacional. Recientemente obtuvo por concurso la realización de un mural en una estación del subte de Nueva York, en 50 y Broadway. Uno de sus videos fue incorporado a la colección del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, de Madrid.



