La música, un camino a la lectura
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La idea surgió de uno de esos nuevos programas culturales que han ganado sitio en Televisión Española desde la llegada del PSOE al gobierno, y que son saludables huecos respiratorios en una grilla que le ha abierto espacio a la cultura en la pantalla chica, antes superpoblada de la llamada "telebasura".
"Estravagario", el espacio de libros presentado por Javier Rioyo, abordó el aporte de la música al despertar del hábito de la lectura en los niños, y el cruce con la literatura infantil, a partir de la reciente musicalización de "La flor más grande del mundo" -el único cuento juvenil escrito por el premio Nobel José Saramago- realizada por el popularísimo actor, músico y productor televisivo Emilio Aragón.
"¿Qué es leer?", se preguntó en la tertulia televisiva. Y uno de los invitados, entre quienes se encontraba Mariasun Landa, premio nacional de Literatura Infantil y Juvenil de España, respondió que "es percibir amor por medio de la palabra" y que "lo malo es quitarles a los niños la palabra oída. En este sentido, la música puede ayudar mucho a la literatura porque aproxima de una manera amable. Los chicos pueden oír un CD o ver una película 100 veces y, para ellos, siempre es una experiencia nueva".
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La reflexión parece oportuna en tiempo de vacaciones, con niños ociosos. Sobre todo, porque la literatura argentina tiene ejemplos orgullosos por exhibir sobre músicos escritores y escritores músicos que han alimentado la imaginación de generaciones de niños, hoy agradecidos adultos. María Elena Walsh es un claro ejemplo de ese cruce entre la música y la literatura.
El libro "Manuelita ¿dónde vas?" (Alfaguara) fue alumbrado a partir de la célebre canción sobre la tortuga Manuelita que, como saben los argentinos de todas las edades, anduvo la vida entre Pehuajó y París. Y cabe también una línea para Pipo Pescador.
Por cierto, la saludable relación entre música y literatura es vasta. Hay adultos, cultores de la inolvidable banda Soda Stereo, que se sumergieron en el libro "El retrato de Dorian Gray", de Oscar Wilde, desde la letra de un tema de la banda pop. Lo propio les ocurrió a los seguidores de The Police con el libro "Lolita", de Nabokov, a partir de la canción " Don´t stand so close to me " ("No te pares tan cerca de mí").
Volviendo a los niños, Luis María Pescetti es otro claro ejemplo de lo que la música logra despertar en favor de la lectura y la literatura infantil. A partir de su propuesta de canciones, juegos y humor, Pescetti abre a los niños un mundo completamente literario.
Autor de "El pulpo está crudo", el singular escritor elige una respuesta cuidada a la hora de hablar del tema con LA NACION: "Es seguro y demostrable que la música acerca a los niños a los artistas". Y si, además, "los artistas escriben, los niños se sienten atraídos por su obra".
Pescetti piensa que "la música en general introduce al niño en una experiencia sensorial y cultural que lo acerca a sí mismo y a la idea de que la vida puede ser traducida en palabras y contada". De allí su valor como puente hacia la literatura. Aun así, el narrador no cree que necesariamente por oír canciones los chicos van a leer libros de cualquier autor.
Los más pequeños resultan seducidos por las canciones porque, según Pescetti, "éstas expresan sentimientos y experiencias con las que los chicos se identifican y eso les produce alivio".
Según el narrador, a partir de la música "se crea un ambiente de comunión más rápido con los chicos respecto de temas que los atrapan, como la pelea con otros chicos, un hermanito por nacer o el amor", porque la música es una forma más directa de conexión emocional y social.



