
La noche del inocente y otras particularidades
Hablar con Angélica Gorodischer es como entrar en una fiesta donde brillan el ingenio, la inteligencia y la gracia.
1 minuto de lectura'
Bioy Casares, un amigo de su infancia, que ha vuelto de otro de sus infinitos viajes, le cuenta que al volver, después de tantos momentos amargos, ha conseguido recuperar el cariño de su nieta menor, Lucila, una adolescente graciosa, buena e inteligente.
H ablar con Angélica Gorodischer es como entrar en una fiesta donde brillan el ingenio, la inteligencia y la gracia. De no haber sido escritora, le hubiera gustado ser, entre otras cosas, una prima donna y cantar la escena de la locura de Lucia di Lammermoor.
En su último libro (tiene dieciséis publicados), La noche del inocente, por primera vez Gorodischer, rosarina apasionada, se interna en un tiempo y en un terreno no transitado aún por ella: la vida en un convento en la Edad Media -Sí, es cierto -me aclara-, lo más lejos que hasta ahora había ido en el tiempo fue 1902. Te advierto que no empecé con la cosa autobiográfica, que es lo usual; mis primeros textos que, como en todos los casos, casi siempre son porquerías, los escribí muy pronto y, entonces, quedé libre para otros más ambiciosos. Creo que los libros son algo muy misterioso y siempre nos están esperando en alguna parte.
A mí, La noche del inocente me estaba esperando en el hospital de San Paul, que antes fue convento. El edificio es deslumbrante con sus cúpulas doradas y esos espejitos que son como moasaicos. Es un barroco catalán que tiene de todo. Supe que allí me estaba esperando este libro por muchas coincidencias que se dieron, sumadas a mi interés en la Virgen María, que no creo haya sido esa eterna muchachita lavadita con cara bonita y pelo rubio de los artistas del Renacimiento.
-La Santa habrá envejecido y habrá llorado pero, sobre todo, debe de haber sido valientte y sufrida.
-Pero, claro, una mujer del desierto, dura, de las que aguantan todo en pie.
-Además de la Virgen, hay en tu novela una intriga policial.
-Sí, se comete un asesinato. Sin embargo, la verdadera intriga es la del poder, allí hay dos hombres ambiciosos que son el Superior y el bibliotecario. El superior lo único que desea son mujeres, comida y lujo; el bibliotecario quiere ser cardenal. Hacen lo posible y toman caminos muy tortuosos para lograr sus objetivos; no dudan en pisotearl al que está abajo. Pisou, el hermano lego, el personaje central, es un pobrecito, casi un disminuido, pero tiene misterio, pureza, inocencia, tanta como para que la Virgen baje del pedestal y le diga: "Animo, Pisou, que todo va a andar bien."
-¿Así que la Virgen es personaje de la novela?
-Claro, y la Virgen y el lego conversan de cosas que él no entiende y Ella le explica y le da una mano cuando Pisou la necesita, y aun después.
-Me imagino que esto le da misterio y suspenso a tu novela.
-Creo que sí. Yo soy una narradora, no hago reflexiones sobre el arte de la novela. Cuento situaciones y muestro los personajes y la trama como quien proyecta una película. A mí me encanta contar cosas que han pasado y otras que pueden llegar a pasar.
-Me acuerdo de tu novela Trafalgar, que no se muy bien cómo habrá caído en Rosario ya que tomaste personajes y sucesos de gente de allá.
-Ahí, sí y fue muy divertido. Hubo algunos que se indignaron mucho pero te aseguro que nunca he difamado a nadie.
-Está bien que alguna gente se enoje; es la mejor manera de vender un libro. ¿Angélica, qué sentía cuando terminás una novela, la das al editor y ya no te pertenece?
-Un alivio inmenso. Hay escritores que se enamoran de sus personajes y les apena dejarlos. Yo no, cuando se acerca el final quiero que se vayan de una vez. No me siento vacía porque siempre hay otros esperándome por ahí.
Entre la melancolía y la felicidad
La última luz de la tarde entra en el cuarto e ilumina apenas el gastado espejo sobre la chimenea y los dos Piranesis de paisajes fantasmales. La transparencia de las tazas de procelana en un extremo de la mesa; un retrato de Bioy en la pared de enfrente, pintado hace muchos años por Silvina Ocampo; la suntuosa araña de varias luces; todo, en fin, tiene un aire de otro tiempo; la gastada ternura de un pasado poblado de años más felices, de juventud, de amigos queridos, de días en que la soledad no existía.
Bioy Casares, que ha vuelto de otro de sus infinitos viajes, en el cual soportó fríos mortales en El Escorial, en París y en Washington y recibió premios de todas clases, trata de distanciarse, en nuestro tórrico verano, de anginas, estornudos y diversas clases de toses que lo asolaron en el otro hemisferio. Está algo pálido y le preguntó cómo se siente. Entonces me cuenta: "Estoy bastante bien porque hubo algo, al volver, que me hizo sentir mucho mejor, casi te diría feliz. Porque ahora, después de tantos momentos amargos he conseguido recuperar el cariño de mi nieta menor, Lucila, una adolescente graciosa, buena y muy inteligente. Tanto que Beatriz Guido siempre celebraba ese rasgo de su personalidad". queda un momento en silencio y luego, siempre sonriente, me pide que encienda la luz y, entonces, el melancólico reflejo de la tarde detrás de las ventanas queda definitivamente atrás.




