
Las amenazas de la modernidad
Ulrich Beck analiza en La sociedad del riesgo mundial la doble cara de una tecnología que, tras el optimismo con que se la veía gracias a las ventajas del progreso, hoy no deja de crear preocupación
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Para LA NACION
La sociedad del riesgo mundial
Por Ulrich Beck
Paidós/Trad.: Rosa S. Carbó/333 páginas/$ 106
Un día, los familiares pulverizadores para proteger las plantas se convirtieron en preocupantes venenos. Un día, la fábrica que daba trabajo y producía bienes pasó a ser considerada ruidosa y contaminante. Otro, la maravilla de las grandes ciudades se transformó en un paisaje de cemento y asfalto que sepulta la pradera fértil. Un día, el auto que nos llevaba de paseo se volvió una fuente de esmog y luego en causa del cambio climático.
Esta doble cara de la tecnología, vinculada con la mirada ambiental pero no limitada a ella, tiene que ver con una nueva ansiedad hacia los peligros generados por el desarrollo, por la modernidad. Esa es la noción de "riesgo", emparentada con la de "modernización reflexiva", que describe Ulrich Beck: "Una manera sistemática de tratar las amenazas e inseguridades inducidas e introducidas por la modernidad misma".
Antes era la naturaleza la que despertaba temor con sus tormentas, con sus sequías, con sus plagas; es decir, pensábamos la naturaleza como una fuerza que debía ser controlada por los avances científico-tecnológicos. A partir de mediados del siglo XX la solución se convirtió en problema, sin dejar por eso de ser solución.
Caracterizar ese estado generalizado de preocupación ante los resultados del progreso científico es el gran mérito de la obra de Beck La sociedad del riesgo mundial. En busca de la seguridad perdida , publicada originariamente en alemán en 1986, y que pronto se estableció como un trabajo de referencia.
Cuando se la tradujo al inglés en 1992, la introducción estuvo a cargo de los investigadores británicos Scott Lash y Brian Wynne, quienes celebraron el libro como "una de las obras europeas de análisis social más influyentes de fines del siglo XX". Para entonces, ya había vendido 60.000 ejemplares: no todos sus lectores eran sociólogos, ciertamente.
De hecho, el libro es un tratado de sociología y a la vez un ensayo: de estilo directo, discretas referencias bibliográficas, nada de gráficos, ejemplos bien conocidos tomados de los diarios. Describe una cierta sensibilidad de época con una mirada de columnista más que de académico. Así comienza: "En la modernidad avanzada, la producción social de riqueza es sistemáticamente acompañada de la producción social de riesgos. Como consecuencia, los problemas y conflictos relacionados con la distribución en una sociedad de escasez se superponen con los problemas y conflictos que surgen de la producción, definición y distribución de los riesgos producidos por la tecnociencia".
La obra está estructurada en tres secciones. En la primera, Beck presenta su tesis central y destaca las incertidumbres en los estudios científicos que estiman la toxicidad de los contaminantes. También analiza la cuestión del riesgo en relación con la clase, y contrasta la percepción de los ciudadanos de países desarrollados con la de países en desarrollo.
Con una mirada simplificadora, que corregiría en libros posteriores, considera que la pobreza pareciera hacer más aceptables aquellos riesgos relacionados con el trabajo o el "progreso" que estos pudieran proporcionar. Como ya mostraban diversos trabajos de científicos sociales, la falta de respuesta de ciertas poblaciones ante los contaminantes ambientales no se relaciona con que no tengan conciencia del peligro, sino con condiciones que dificultan la manifestación de, por ejemplo, la protesta.
Su observación, sin embargo, posee otro sentido político si se la interpreta a la luz de la relocalización de industrias contaminantes al sur del Ecuador (Beck menciona el desastre de Bophal, en la India, cuando un accidente en una planta química de Union Carbide causó en 1984 la muerte directa o indirecta de unas 20.000 personas).
Beck advierte no solo sobre la lamentable ética detrás de esos proyectos, sino sobre sus límites prácticos en términos de proteger a los ricos. Como comenta, es imposible aislar la contaminación, que regresa a los centros mundiales, por ejemplo, en forma de materias primas con tóxicos: "Las inequidades internacionales extremas y la interconexión de los mercados mundiales trasladan los vecindarios pobres de los países periféricos a las puertas de los ricos centros industriales".
La segunda parte se aparta un poco de esta temática para introducir otras cuestiones de la "modernidad reflexiva", como la conformación de nuevas subjetividades en relación con un mercado de trabajo cambiante e inseguro. Se trata de una problemática que queda abierta, y que Beck retomaría en trabajos como Un nuevo mundo feliz. La precariedad del trabajo en la era de la globalización .
Finalmente, la tercera parte retoma el debate sobre los riesgos científico-tecnológicos y la sitúa en una discusión mayor sobre el proyecto de la Ilustración y la transformación de la política. En este sentido, se detiene en la crítica de la noción de "cientificismo", que considera el conocimiento científico una forma privilegiada de acceder a la realidad, para destacar que fueron precisamente estos avances los que mostraron sus límites: "Puede decirse que cuanto más exitosas han sido las ciencias en este siglo [el siglo XX], más rápida y completamente han sido relativizadas sus afirmaciones".
Cuando el mundo anglosajón incorporó el libro de Beck, distintos autores destacaron la semejanza de su trabajo con el que simultáneamente había estado desarrollando Anthony Giddens. A pesar de provenir de diferentes backgrounds , ambos describían una similar pérdida de confianza en los saberes expertos de científicos y funcionarios, además insistir en la necesidad de efectuar un incesante trabajo de análisis sobre la propia modernidad.
En síntesis, una obra clave, escrita de manera clara y bien traducida, que abre agudas perspectivas para pensar el presente en términos de una crisis motivada por el triunfo del proyecto racionalista-cientificista de la modernidad.




