
Las editoriales más chicas intentan sobrevivir a la crisis
Sus ventas han bajado un 70%, pero siguen porque las mueve la pasión de editar
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Juan Carlos Ugerman tiene 32 años de romance con el libro, como le gusta definir a él mismo. Ha sido distribuidor, librero y, desde hace tres años, es gerente de una editorial que lleva su nombre."He pasado por situaciones delicadas tan graves como ésta, pero siempre luché para continuar. En el mundo de los libros, es difícil que haya aves de paso", cuenta, resignado.
En los últimos tres meses, las ventas de su editorial bajaron entre un 50 y un 70 por ciento. "El mercado editorial se está derrumbando", sentenció. Según datos de la Cámara Argentina del Libro (CAL), se proyecta que la facturación total del mercado editorial del país será de $ 250 millones de pesos, exactamente la mitad de las ventas efectivas del año anterior.
La editorial Ugerman se encuentra en la misma situación que otras 80 editoriales pequeñas de nuestro país. En este contexto de crisis que sacude al mercado editorial, las empresas pequeñas son las más afectadas. Para la CAL, una editorial es pequeña cuando factura menos de $ 500.000 por año e imprime tiradas acotadas de 3000 ejemplares.
Entre los géneros más publicados por las editoriales chicas están la poesía de autores jóvenes, el ensayo y los textos de nivel universitario.
"Si las editoriales grandes están en crisis, ¿qué nos quedará para las pequeñas?", se preguntó Manuel Outeda Blanco, a cargo de Serviam, una editorial especializada en teología, espiritualidad y ética. "Hay bastante material para editar, pero el aumento de los insumos nos ha paralizado", sostuvo. Outeda se refirió al incremento de los precios del papel, las películas y las tintas, consecuencia de la devaluación y de lo que se queja la mayor parte de las editoriales pequeñas.
Alternativas para escapar
Frente a este oscuro panorama, las editoriales chicas recurren a distintas estrategias para combatir la crisis. La selección estricta de los títulos publicados, la exportación y la reducción de sus tiradas son algunas de ellas.
Algunas editoriales optaron por elegir minuciosamente las obras que publican, como el caso de Elefante Blanco, la editorial que encabeza Marta Gallardo, y Adriana Hidalgo Editora SA, que esperaba presentar 26 novedades y sólo pudo publicar la mitad.
Otras empresas intentan ampliar sus horizontes de ventas y volcarse a la exportación de sus obras. "Para aquellas editoriales que gozan de buenos contactos, una salida puede ser la exportación, pues nuestros precios devaluados son inferiores a los de otros países", consideró Rogelio Fantasía, presidente de la CAL.
Así actúa Adriana Hidalgo: su editorial exporta a países de América latina, México y Estados Unidos. Pero Ugerman se queja de que el nuevo impuesto a las exportaciones debe ser abonado al momento del despacho de los libros, y no cuando se reintegra el dinero de la consignación. "El Gobierno nos traba la última salida a la crisis que nos queda", afirmó.
Aquellos que no poseen este privilegio disminuyen las tiradas de sus ediciones, pero esto encarece el proceso. "Estamos editando sólo 1000 volúmenes por edición, una tercera parte de lo que hacíamos hasta hace un año", sostuvo Outeda, cuya editorial no ha editado este año ningún libro.
A.C. Editora mantendrá una actitud expectante y pasiva durante el resto del año, pues sus ventas han descendido un 70 por ciento. La editorial de Rebeca Catz -orientada a la música, especialmente al rock- lleva editados más de 60 libros. "En los comienzos trabajaban diez personas; ahora sólo quedé yo -cuenta Catz-. Continúo para mantener mi empresa, estoy orgullosa de mi editorial porque está limpia: no tengo deudas."
La pasión que las mueve
"Una ventaja de las editoriales chicas es que yo decido qué publicar y qué no, no hay burocracia. Esta es una editorial muy casera, casi artesanal", contó Gallardo, editora de El Elefante Blanco, cuya empresa se orienta a los autores del siglo XIX. Además, al contar con una estructura chica, "las decisiones se toman rápido", según Leopoldo Kulesz, de Libros del Zorzal.
A pesar de los obstáculos, los pequeños siguen en la lucha por no caerse del mapa del mercado editorial.
"Hay que seguir trabajando, pensando en hacer los mejores libros", dijo Hidalgo. "La edición es una actividad que nos apasiona y que disfrutamos mucho", afirmó Kulesz. "El libro me da de comer, pero sobre todo es mi gran pasión, mi adicción", precisó Ugerman.
A pesar de la crisis, ellas perduran por la pasión que las mueve y por la vocación que las cautiva.

