Las ventajas de la autoevaluación escolar
Para la especialista inglesa Val Klenowski, la participación de los docentes permite hacer cambios que resuelven problemas
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Impulsar la evaluación en las escuelas, a través de una mayor participación de los docentes, es una de las claves para alcanzar una mejora en la educación.
Val Klenowski, directora de la Maestría en Evaluación del Instituto de Educación –de la Universidad de Londres– insiste en la necesidad de invertir en procesos de evaluación, aun en países como la Argentina donde hay graves problemas económicos y sociales. De visita en Buenos Aires, Klenowski dialogó con La Nacion.
–¿Cuáles son las principales ventajas de que una escuela se evalúe?
–La autoevaluación escolar tiene muchas ventajas. Contribuye a mejorar las propias prácticas de la escuela y al desarrollo profesional de los docentes; también, ayuda a proveer información para luego establecer prioridades en la enseñanza. Por otro lado, cuando los docentes se involucran en la evaluación, se sienten más autorizados a la hora de decidir.
–En países que, como la Argentina, atraviesan una crisis profunda, ¿cuál es el sentido de impulsar procesos de evaluación?
–La evaluación es importante para ayudar a las escuelas a comprender cómo enfrentar los problemas de aprendizaje. Si hay problemas, la información puede colaborar en encontrar soluciones, o realizar acciones concretas para ayudar a esos alumnos.
–Algunos pueden preguntarse de qué sirve evaluar en escuelas que no tienen ventanas...
–Sé que es extremadamente difícil cuando las condiciones son tan desfavorables. Pero, en última instancia, si las evaluaciones van a colaborar en el desarrollo de la enseñanza, eso sólo puede beneficiar a los alumnos.
–¿Qué pasos debe seguir una escuela para evaluarse?
–Los docentes que no están familiarizados con las evaluaciones deben ser informados sobre los procesos, sobre qué se necesita y cuáles son los objetivos. Pero en cuanto a la evaluación en sí, debe haber un objetivo claro de por qué se evalúa y, una vez que la decisión se tomó, se debe recolectar la información necesaria y analizarla.
–¿De qué manera pueden involucrarse los profesores?
–Eso depende del contexto y de las políticas educativas. Hay países en los que las escuelas tienen mucha autonomía; aunque quizás no se les permita diseñar de cero los instrumentos, sí pueden adaptarlos, y adecuarlos. En Inglaterra, hay procedimientos metodológicos que están determinados por el gobierno y que las escuelas deben cumplir.
–¿Los padres y los alumnos deben ser tenidos en cuenta?
–Es muy útil para los colegios tener una idea de qué opinan los padres sobre la calidad del colegio. El involucramiento de los alumnos también es muy valioso. ¿Cómo se hace en la práctica? A través de cuestionarios, preguntando a los chicos si se sienten contentos en el colegio, si están interesados en aprender. Eso se puede hacer a partir de determinada edad.
–¿En qué medida las escuelas usan esa información?
–Una vez que una escuela decidió evaluar es posible que impulse cambios o no. Por ejemplo, si hay problemas con matemáticas, debe tomar medidas para solucionarlos. También puede pasar que haya escuelas que oculten determinada información.
–¿Quiénes son los “dueños” de los resultados? ¿La escuela, los docentes, los padres o los alumnos?
–Depende del objetivo de la evaluación, pero la propiedad de los resultados es de los docentes, involucrados en comprender los procesos educativos.
–¿Y los padres?
–Los resultados de las evaluaciones deben ser informados a los padres, así como las implicancias que tienen para la escuela y las decisiones que se toman a partir de ellos.
–¿Qué cosas deben observar los padres para evaluar si el colegio al que van sus hijos es de calidad?
–Deben observar si los chicos disfrutan del colegio, si están comprometidos con el aprendizaje, si hay una buena relación entre los docentes y el alumno, y si el docente y la escuela proveen un ambiente seguro y confortable para que el chico esté interesado en aprender. También pueden tener en cuenta los logros de los alumnos, que son más sencillos de medir. Pero creo, justamente, las cosas que no son fácilmente medibles son las que realmente ayudan a comprender si los chicos aprenden.
De los resultados a los procesos
A diferencia de la Argentina, donde la evaluación de los sistemas educativos comenzó a ponerse en marcha a comienzos de los 90, Gran Bretaña tiene una larga tradición, que se remonta a mediados del siglo pasado.
Según la especialista Val Klenowski –invitada a Buenos Aires por la Escuela de Educación de la Universidad de San Andrés y el British Council–, a lo largo de todo este tiempo, cambió el enfoque de qué es lo que es importante medir.
“En la última década, se hizo énfasis en la calidad, en los resultados –explicó Klenowski–. Pero más recientemente, en lugar de si los alumnos adquieren tales o cuales conocimientos, se intenta analizar cómo aprenden y qué factores impactan en ese aprendizaje”, agrega.
También los contenidos
En otras palabras, según afirmó la especialista de la Universidad de Londres, “se considera más el aprendizaje y la mejora de ese aprendizaje”.
El cambio de los sistemas de evaluación tiene un motor importante: en los últimos años también se modificó el curriculum (o plan de estudio), “de manera que ahora también se evalúan distintas habilidades”, dijo Klenowski.
Por otro lado –agregó–, gracias a la tecnología, hoy en día tenemos acceso a más información “y eso también impacta en qué se debe evaluar”.






