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Leandro Erlich juega con la percepción de los cordobeses en una muestra que repiensa la vida cotidiana

El artista Leandro Erlich inaugura hoy en Casa Naranja su exposición "Real", aperitivo de la gran antología que se verá en invierno en Malba
El artista Leandro Erlich inaugura hoy en Casa Naranja su exposición "Real", aperitivo de la gran antología que se verá en invierno en Malba Fuente: LA NACION - Crédito: Diego Lima
Gabriela Origlia
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13 de marzo de 2019  • 13:15

CÓRDOBA.- Ascensores que no llevan a ninguna parte, nubes que no están en el cielo y un jardín perdido donde los espejos reflejan de manera inversa. La realidad de Leandro Erlich es ilusoria. Al menos así lo perciben los espectadores de sus obras. "Real", la muestra que el artista inaugura hoy en Casa Naranja es la antesala de la que el 5 de julio abrirá en el Malba. La exposición cordobesa -la primera "grande" que hace en el interior del país- incluye instalaciones y esculturas de gran formato, algunas realizadas especialmente para esta ocasión.

Erlich dice que no le "gusta mucho" que lo califiquen de "ilusionista del arte". Entiende que el concepto de ilusión está ligado al de truco, al de magia: "No es el sentido final de mis obras; están vinculadas a la percepción, plantean una interpretación amplia. Me gusta más creer que son un repensar la realidad, los elementos cotidianos; son una reconstrucción de lo cotidiano".

Por ejemplo, Window and Ladder -una ventana que parece colgada de la nada con una escalera, un desafío a la gravedad- fue realizada para una bienal en Nueva Orleáns después de que el huracán Katrina arrasara la ciudad. "Fue hecha en esa circunstancia, pero puede vivir en cualquier otro lado; su sentido puede ser otro porque las cosas se resignifican".

Seguí y Erlich, dos generaciones de artistas, en el ascensor que no va a ninguna parte
Seguí y Erlich, dos generaciones de artistas, en el ascensor que no va a ninguna parte Fuente: LA NACION - Crédito: Diego Lima

En los espectadores hay cierta perplejidad, una especie de shock cuando se topan con las obras por primera vez. Es el resultado de una percepción de la realidad alterada, diferente a la que están acostumbrados. Elevator Maze, el bloque de ascensores que abre la muestra, invita a tomarlos pero, al entrar, no sólo no se mueven sino que sus espejos no son tales. Horas antes de la apertura al público, Antonio Seguí pasó a ver la exposición y a saludar a su colega. "Me fascina lo que hace", confesó el maestro, residente en Francia. Erlich y Seguí -quien también inaugura una muestra en el Cabildo de Córdoba- fueron los primeros en divertirse en ese ambiente mientras hacían fotos para LA NACION.

"Los ascensores son objetos funcionales en los cuales la vida pareciera quedar suspendida. A veces, las voces grabadas o la música de fondo pueden aliviar la incomodidad del viaje, pero no podemos evitar experimentar una suerte de espacio sartreano del yo. Somos nadie, no estamos en ningún lugar, o somos cualquiera y estamos en cualquier lugar", describe Erlich y cuenta que esta exposición le planteó el desafío de elegir obras para "una arquitectura compleja, con pocos ángulos rectos", lo cual lo llevó a pensar muy bien qué traer.

Las obras de Erlich sorprenden y generan ilusión en el espectador
Las obras de Erlich sorprenden y generan ilusión en el espectador Fuente: LA NACION - Crédito: Diego Lima

Aunque había expectativas de que también en Córdoba realizara alguna intervención urbana - en 2015, a través de paneles de espejos, dejó al Obelisco sin punta-, no hay performances externas. Sí una intervención sobre las escaleras del edificio, que se convirtieron en una suerte de reflejo de una ciudad que no está; no hay figuras, sólo su reflejo. Erlich insiste en que sus obras no son "terapeúticas" para él. "No necesito representan mi mundo; involucran al espectador, pienso en él, es como anticiparme a la forma en que será vista".

Sin embargo, enfatiza que no "espía" las reacciones en sus exposiciones. "Una vez que la obra ya está no me pega tomar al espectador como un conejillo de indias. Su mirada es íntima, personal. Sino sería como un escritor que está parado al lado de su lector". El público observa, pero también es protagonista en la muestra. En el Jardín Perdido -donde hay una inversión del adentro y el afuera- se percibe cierta inquietud en quienes se acercan. Una incomodidad extraña ya que el lugar es de lo más cotidiano, donde se supone que las certezas están garantizadas.

Six Cicles, uno de los trabajos de Erlich que viajará desde Córdoba al Malba en la gran muestra de invierno
Six Cicles, uno de los trabajos de Erlich que viajará desde Córdoba al Malba en la gran muestra de invierno Fuente: LA NACION - Crédito: Diego Lima

El método de trabajo de Erlich varía en función del contexto en que nacen las obras. "Algunas surgen por pedidos específicos y responden a eso y otras son de estudio. Lo mismo al final, algunas se guardan después de las muestras y otras se deben reconstruir cada vez". Es el caso de La Pileta, con la que representó a la Argentina en la Bienal de Venecia en 2001, y que desembarcará en el Malba, su primera exposición antológica en Argentina. "Tratamos de que sea una muestra precisa, abarcativa y que repase la diversidad".

Six Cicles -uno de los trabajos que viajará desde Córdoba al Malba- desconcierta a los visitantes porque no esperan encontrar seis máquinas de lavar en este lugar; otra vez lo cotidiano convertido en insólito. Lo mismo que Las Nubes. Encontrarse con dos nubes contenidas en cajas, como si fueran un fósil, hace que el espectador primero se frene y, después, como un chico, empiece a buscarle formas, imágenes escondidas.

Erlich está convencido de que la realidad "no es más que una construcción en la que participamos todos". Antes de despedirse, advierte: "Nada de lo que dije es real".

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