Libre y fatal Carmen, gitana de Bizet
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El viernes pasado, reinaba la alegría en el hall del teatro Avenida. Era el estreno de una nueva versión de Carmen, la célebre ópera de Georges Bizet. Aún hay dos representaciones, el jueves 20 y el sábado 22. La producción es de Juventus Lyrica; la puesta en escena de Ana D’Anna y María Jaunarena; y el director musical, Hernán Sánchez Arteaga. La noche de la première Carmen fue Rocío Arbizu; Don José, Marcelo Gómez; y Escamillo, Juan Salvador Trupia. La fiesta del foyer previa a la función la ofrecían cantantes del coro que animaban a los espectadores con canciones de zarzuela y populares. Casi una reunión de familia. Y, en verdad, Carmen, historia de “feminicidio” avant la lettre, es el resultado del trabajo de dos familias emparentadas, dotadas de inteligencia, talento y capacidad de creación: los Halévy y los Bizet. Un hada maligna aportó depresión y locura.
Georges Bizet había sido discípulo de Jacques Fromental Halévy, compositor que se desempeñaba como profesor en el Conservatorio. Halévy alcanzó fama con su obra maestra, La Judía. La esposa de Fromental, Léonie Rodrigues Henriques, tuvo serios problemas mentales durante su matrimonio. Cuando murió su esposo, Léonie se curó, y devino una notable escultora. El matrimonio había tenido una hija, Geneviève Halévv, atractiva, ingeniosa y espiritual, pero caprichosa. Bizet se enamoró de ella. La pareja se casó en 1869 y tuvo un hijo, Jacques. Geneviève, lamentablemente, había heredado la inestabilidad mental materna.

Cuando Bizet estrenó Carmen el 3 de marzo de 1875, las críticas y el público no lo trataron bien. Bizet cayó en una profunda melancolía, agravada por su mala salud. Muy joven, a los 36 años, murió de un ataque cardíaco. Se dijo equivocadamente que se había suicidado por la opaca recepción de su obra.
Madame Bizet, tras la muerte de su esposo, se fue a vivir con su tío Léon Halévy y se convirtió en el alma del salón de su primo Ludovic, donde ofició de anfitriona. Fue así como empezó su carrera mundana de salonnière. Ludovic había sido el libretista de Carmen, adaptación de la novela de Prosper Mérimée, y era padre de Daniel Halévy, compañero de estudios primarios y segundarios de su pariente, Jacques Bizet, y de Marcel Proust.
Con el tiempo, Mme. Bizet abrió su propio salón, donde recibiría al Tout- Paris. En 1886, su casamiento con el rico abogado Émile Strauss llevó la tertulia a la cima de su esplendor. El adolescente Proust admiraba a Geneviève, pero más admiraba a su hijo Jacques y a Daniel Halévy, ambos descendientes del patriarca Fromental Halévy, por lo que se consideraban primos. El dúo ejercía una gran atracción física sobre el futuro escritor, que concibió una temprana pasión por ellos. Los primos pensaban que Marcel era el más dotado y precoz de todos los muchachos que conocían; pero como el “genio” les envió cartas muy francas, sus amigos lo rechazaron. Pasó un lapso prudencial y la amistad entre los tres se reestableció. Marcel iba tras jóvenes más flexibles.
Daniel se convirtió en historiador y politólogo de renombre. Jacques siguió la carrera de medicina y se recibió. Se casó dos veces. Su primera mujer, Madeleine Breguet, murió durante una operación ginecológica. Bizet se deprimió, pero se recuperó y se casó con Alice Frenckel en 1904. En 1919, los esposos se divorciaron. A modo de fuga, se hizo adicto al alcohol y la morfina. El 3 de noviembre de 1922, se suicidó; una semana después, murió Marcel Proust.
Geneviève, retirada del mundo, sobrevivió en soledad hasta 1927. Con las historias trágicas de Georges, Jacques Bizet, y Mme. Strauss, terminó la saga de la “familia” de Carmen, la gitana, primera versión de la mujer independiente de Simone de Beauvoir.
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