Los 140 caracteres
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El origen de los 140 caracteres que originalmente permitía publicar Twitter tiene varias explicaciones. La más sólida es que al principio se lo pensó para publicar mediante SMS, cuyo límite era de 160 caracteres; así, los 140 dejaban espacio para, por ejemplo, nombres de usuarios. Nadie estaba muy contento con este límite, al principio, salvo los periodistas. Lógico. ¿Qué se puede poner en 140 caracteres? Un título y una bajada, como llamamos aquí al breve textito que resume la nota. Twitter era como hojear el diario. Títulos y bajadas. Era perfecto.
Facebook, por su lado, nos daba toda la libertad del mundo para escribir lo que quisiéramos. Este gigantesco experimento social demostró la importancia del poder de síntesis. Twitter, que tiene menos de 300 millones de usuarios activos diarios monetizables es políticamente mucho más relevante que Facebook, que tiene casi 3000 millones de suscriptos. Ahora, al parecer (dados los recientes vaivenes de Elon Musk, hay que tomarlo con pinzas), la red del pajarito azul pasaría de los 280 caracteres actuales (duplicaron los 140 en 2017) a 4000. Eso ya no es un título y una bajada. Es una nota entera; un Manuscrito de la contratapa de LA NACION tiene 4000 caracteres. Y entonces ya no sería Twitter. Sería más bien Facebook.
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