
Los abalorios de la abuela “Rebe”
La palabra como acto rescata a una de las figuras más originales del psicoanálisis en la Argentina; las cartas reunidas en De padre a hija revelan la ternura de Alberto Ginastera
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Autobiografía familiar. Es una obra que va a despertar curiosidad y a causar cierto asombro por lo “descarnado”, como dijo Nelson Castro en la presentación de De padre a hija. Cartas de Albero Ginastera a su hija Georgina , de Cecilia Scalisi. En esa ocasión, Georgina y Cecilia fueron entrevistadas en público por Castro en el Salón Dorado del Teatro Colón. El libro fue escrito por Scalisi en primera persona, como si ella fuera Georgina, quien le detalló a la musicóloga y periodista la historia de los Ginastera, particularmente el lazo que la unió al compositor de Estancia y Bomarzo.
Todo empezó con una caja que contenía las cartas que el padre le había enviado a su hija de 1971 a 1982. Tres décadas después, Georgina se puso a ordenarlas con Patricia, la esposa de su hijo Julián, y le propuso a Scalisi que la entrevistara a propósito de esa correspondencia. "El formato de la entrevista no me parecía el más adecuado para la publicación", dijo Cecilia. "Se me ocurrió entonces que Georgina me contara la historia que había detrás de esas cartas y que yo tomara su voz para narrar sus recuerdos y sus impresiones a la manera de memorias, casi de un modo novelado." Las conversaciones entre las dos fueron muchas y, a medida que ahondaban en los hechos y en las interpretaciones que Georgina hacía de ellos, se produjo la identificación necesaria que le permitió a Scalisi escribir con naturalidad y fluidez más de trescientas páginas con la voz de la hija de Ginastera.
Georgina narra el amor de sus padres, pero también la disolución de ese amor, la separación de los esposos, la enfermedad de su hermano (¿esquizofrenia?, ¿autismo?), la enorme ternura de Ginastera como jefe de familia y su posterior transformación, cuando emigra a Ginebra, en un hombre vanidoso, preocupado por la trascendencia de su música y pronto a compararse, invadido por cierto oculto desaliento, con figuras como Benjamin Britten y Dimitri Shostakovich.
Con gran sinceridad, Georgina confesó ante el público lo que está escrito en el libro: la música del tercer período de Ginastera, la más vanguardista, nunca le gustó. "Esas composiciones tuvieron éxito en los estrenos, pero hoy han quedado relegadas. Aquí no tuvieron repercusión. Lo que hoy se interpreta de mi padre es todo lo que tiene una raíz folklórica, americanista."
"¿Te acordás de la túnica, los collares y las pulseras que llevaba?" "Cómo no me voy a acordar. Marcó tendencia." El diálogo se desarrollaba en el Auditorio de la Asociación Psicoanalítica Argentina, donde se presentó La palabra como acto , de Esther Romano, un libro sobre Luisa Rebeca Gambier de Álvarez de Toledo (todos la llamaban "Rebe"), una de las psicoanalistas más originales y, a la vez, más llana, de los primeros tiempos del psicoanálisis en la Argentina. Llegó a ser presidenta de la APA en la década de 1950. En el acto, Andrés Rascovsky, Lucía Martinto de Paschero y Susana Rogers hablaron sobre ella con Romano, la autora del ensayo. En la sala, una mujer joven y hermosa, la cantante Ana Álvarez de Toledo, nieta de "Rebe", una de las intérpretes fetiche de Gustavo Cerati, escuchaba, por momentos perpleja, las anécdotas que se contaban acerca de su abuela. "Rebe" había impuesto su "estilo" de análisis, así como también se había creado una imagen pública en la que el buen gusto estaba independizado de la moda y las convenciones. Estuvo entre los fundadores del departamento de psiquiatría psicoanalítica para adolescentes del Hospicio de las Mercedes. Además de tener pacientes individuales, hacía psicoanálisis grupal. En esos grupos, se podía encontrar a artistas muy conocidos como Norma Aleandro. "Rebe" también practicó el psicoanálisis con drogas alucinógenas en sesiones grupales prolongadas. El período de recuperación incluía el catering de Steinhauser, una de las mejores confiterías porteñas en las décadas de 1960 y 1970.
Cuando la dictadura militar que empezó con Onganía y continuó con Levingston y Lanusse prohibió el uso de ese tipo de drogas en la investigación, Álvarez de Toledo interrumpió los tratamientos con ellas. Su nieta Ana recordaba haber leído "Ayahuasca", un texto en el que "Rebe" se refería al uso de alucinógenos entre las comunidades indígenas de Perú. Uno de los pacientes que asistió a la presentación recordaba que las interpretaciones de Álvarez de Toledo eran sencillas, sensatas, precisas y penetrantes como un bisturí. Jamás usaba jerga psicoanalítica en la terapia. "Parecía más bien que a uno le hablaba la vecina de la esquina. Tenía momentos de iluminación en los que te calaba a fondo y para siempre. A los que no habían aprendido a manejar con cierta soltura los momentos difíciles, les enseñaba el humor. Tenía un sentido del humor notable." Cuando en 1990 se enfermó gravemente, decidió con sabiduría apagarse naturalmente, sin recurrir a tratamientos dolorosos y complejos. Volvió a fumar.
La cola en el Gaumont para ver Reality , la última película del director italiano Matteo Garrone, era interminable. Fue durante la Semana de Cine Europeo. Garrone cuenta en el film la historia de un fanático del reality show Gran Hermano que quiere entrar en "la casa". La trama, cambiando todo lo que debe ser cambiado, es una especie de remake de Bellisima , la película de Luchino Visconti con Anna Magnani, en la que se narraba cómo una madre hacía lo indecible para que su pequeña hija de cinco años fuera elegida como estrella infantil para una película neorrealista. Bellisima transcurría en Roma; Reality, en Nápoles y en Roma, particularmente en Cinecittà. Es curioso cómo, más allá de las épocas, los italianos siempre se apasionaron por la "realidad", claro que la "realidad" italiana, ya no digamos la napolitana, tiene dosis de delirio, expresionismo y detalles barrocos a las que no es necesario agregar ni una pizca de imaginación para creerse en un sueño. Las gordas y los gordos de Reality , que surcan piscinas en colchones flotantes, parecen tomados directamente de los cuadros de Silvina Benguria, la pintora argentina que vivió muchos años en via delle Carrozze, en el corazón de Piazza di Spagna.
- Georgina Ginastera Decidió transformar en obra literaria la correspondencia familiar
- Cecilia Scalisi Narró el vínculo entre padre e hija al recrear los recuerdos en tono de novela
- Matteo Garrone Un curioso parentesco se puede establecer entre su film Reality y la película Bellisima, de Visconti
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