
Los años de plomo
LA DICTADURA MILITAR 1976/1983 Por Marcos Novaro y Vicente Palermo-(Paidós)-567 páginas-($ 40)
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No es fácil escribir sobre la historia cercana, la que duele, cuando se espera que el historiador a la vez explique y juzgue. Novaro y Palermo, dos investigadores que provienen de la Ciencia política, autores de un excelente libro sobre los años de Menem, resuelven el problema con solvencia. Para este volumen, que es parte de la colección Historia Argentina iniciada por Tulio Halperin Donghi hace treinta años, eligieron una estructura narrativa clásica. Sucesivamente van exponiendo los grandes temas de la historia política del período: el golpe, la política terrorista de los primeros años, el ensayo refundacional inicial y su rápido fracaso, la crisis de 1981, el abortado cambio de rumbo de Viola, la Guerra de Malvinas, el derrumbe del régimen y la transición democrática.
Los autores se ciñen a una reconstrucción minuciosa de la coyuntura política: los cambiantes escenarios, las propuestas políticas, sus escasos éxitos y sus abundantes fracasos. A la vez van desarrollando explicaciones sistemáticas de cuestiones cruciales. Sobre el funcionamiento interno del régimen militar, destacan su radical heterogeneidad: por el celoso reparto de poder de las tres Fuerzas y la competencia entre ellas, y por la existencia de distintas tradiciones ideológicas, facciones y caudillismos. Solo los unía -nos dicen- la "guerra antisubversiva", la actitud mesiánica, la esperanza de un triunfo final que archivara todo desacierto, y también un pacto de sangre y grosera corrupción. Lo mucho que los separaba explica tanto la frustración de sus propuestas transformadoras como los cambios, irrevocables, que sus fracasos acarrearon.
Novaro y Palermo enjuician con dureza un terror clandestino que arrasó hasta con la dignidad del estado. Pero su condena de los militares no revierte en una mirada indulgente de la sociedad que los padeció o soportó. En esa compleja relación de la sociedad con el estado terrorista no hubo simplemente puros e impuros, sino una gama de matices, que van desde la complicidad hasta la resignada aceptación. En las voces de entonces -tal como lo recuerdan los diarios de la época- hay glorificación, apoyo, actitud comprensiva, aceptación del necesario diálogo o el cómodo "por algo será"; también aparecen dos llamativos fenómenos de enajenación colectiva: el Mundial de fútbol y la Guerra de Malvinas, un tema que los autores analizan de manera descarnada.
El análisis de Palermo y Novaro es muy sutil en algunos casos: cuando confrontan los dichos de figuras públicas, que cambiaron mucho a lo largo de esos siete años, y reflexionan sobre las complejas transacciones que los hombres -ni santos ni demonios- deben realizar cuando son sometidos a situaciones extremas. En esa línea, es aguda su explicación sobre la execración final del Proceso y la postulación de una sociedad "inocente", que finalmente se libraba de los agentes del mal, ajenos a ella y cantaba, de forma sorprendentemente unánime, un coro de alabanzas a la recuperada democracia.
Para organizar este libro los autores tomaron dos decisiones que suponen beneficios y costos. La primera: mirar el pasado desde la acotada perspectiva del estado y sus gobernantes. Esto le da consistencia al texto; pero para un historiador que busque de algún modo la "historia total", resulta un criterio un poco estrecho. La Argentina cambió mucho en esos años: su economía, su cultura, su estado, su sociedad, su sociabilidad. No hay, por ejemplo, referencias a la economía real, más allá de la consideración sobre los éxitos y fracasos de la política de Martínez de Hoz. En esos años, en que se consolidaron nuestros más importantes grupos económicos, la concentración empresarial fue fenomenal; la falta de referencias a esta cuestión -una entre muchas que podrían mencionarse- es más llamativa en el caso de Palermo y Novaro, que ya la analizaron con precisión en su libro sobre el menemismo.
La segunda decisión se refiere a la extensión: el libro es muy largo, y mucho más en relación con los otros volúmenes de la colección. Probablemente los autores no quisieron perder nada del riquísimo material empírico cosechado. Quizá no quisieron privarse de consignar nombres, circunstancias, conductas, que no deben olvidarse. Quizá no tuvieron tiempo para ser breves. Lo cierto es que lo que aquí se gana en información y en matices se pierde, un poco en claridad y mucho en utilidad pública. Porque este libro, fundamentado, sereno y mesurado, es también la obra de dos ciudadanos, y como tal merece ser leído por un público que debe aprender a explicar y juzgar a la vez.
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