
Los caminos de un antidivo
Entrevisté a Pelli a comienzos de los años noventa, cuando no tenía ningún edificio proyectado en Buenos Aires y la torre del República era una maqueta. Hablamos largamente por teléfono, él en su estudio de New Haven, yo en la redacción de La Nacion de Bouchard y Tucumán. Fue una gratísima experiencia escucharlo hablar con esa voz pausada tan del Norte argentino y repetir una y otra vez las mismas ideas y convicciones que siguen marcando el rumbo de su vida profesional. Dice de sí mismo que su mayor logro es "no tener un estilo", sino ser permeable, capaz de adaptarse al clima, al lugar y a la historia del lugar donde estará emplazada la obra. No hace falta recordar que el mejor ejemplo son las Torres Petronas, en Malasia. Se han convertido en el ícono de Kuala Lumpur y están firmadas por un argentino, que antes de imponer una estética indagó en el "alma" de la ciudad para la que el proyecto estaba destinado.
La larga y silenciosa trayectoria del tucumano, que no tiene una sola obra en Tucumán, es distinguida con el premio Konex de Brillante. Lo comparte en esta edición consagrada a las Artes Visuales con León Ferrari, artista de culto y hombre de principios inclaudicables. Desde distintos ángulos, en estas páginas ambos son recordados en una nota "coral", que comienza con las palabras de César Pelli
en la fría mañana de New Haven, tras
las última secuelas del huracán y las primeras señales del ajustado triunfo de Barack Obama.
La historia de César Pelli se parece a la de muchos argentinos formados en nuestras universidades que luego conquistaron un lugar de privilegio en la escena internacional. Habla a las claras del nivel de aquella Universidad Nacional de Tucumán, faro de prestigio, con un claustro académico que ya es leyenda. Los arquitectos Sacriste y Caminos llegaron a la facultad cuando Pelli cursaba los primeros años y allí estuvieron Jorge Vivanco y José Le Pera. Una vez graduado, el joven Pelli partió con el fuego sagrado a Estados Unidos donde, confiesa, la suerte lo acompañó siempre. Y él supo acompañarla de la mejor manera. La filosofía del trabajo de equipo ha sido el eje de un estudio con clientes planetarios. También privilegiar un principio: la arquitectura es un ámbito complejo de posibilidades, pero, además, de responsabilidades. Una lección que aprendió temprano en la vida, al lado del gran Eero Saarinen. Nada menos.




