
Los egresados del Nacional Buenos Aires festejaron en la calle
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Con música, harina, huevos y pintura de colores que los cubría por completo, los alumnos de 5° año del Colegio Nacional de Buenos Aires festejaron ayer la finalización de sus estudios secundarios fuera del colegio, en la calle Bolívar, entre Alsina y Moreno.
A los festejos también se sumaron alumnos de segundo, tercero y cuarto años del tradicional colegio porteño, que se mezclaron con las personas que pasaban por la calle, las cuales trataban de esquivar a los adolescentes, con mayor o menor suerte.
Según un cable de la agencia DyN, los alumnos no dañaron el edificio del colegio -cuya última reforma se realizó en 1903- que en otros años había recibido pintadas y daños con motivo de la misma celebración.
"Lo que hicieron hoy los chicos [por ayer] no es la tradicional vuelta olímpica, sino un acto callejero que el colegio no controla, por lo cual no está sancionado. Ya el año pasado y el anteaño se hizo así. La prohibición de la vuelta olímpica fue en 1999", dijo a LA NACION el rector de la institución, Horacio Sanguinetti.
Hasta 1998, los estudiantes festejaban el fin de sus estudios con una vuelta olímpica que se llevaba a cabo dentro del establecimiento, modalidad que comenzó en los años 60. Pero debido a los destrozos que se produjeron en varias oportunidades, el colegio decidió prohibir la modalidad y cualquier acto similar dentro de la institución educativa.
Fin de una tradición
En diciembre de 2000 ya no hubo vuelta olímpica. En agosto del año anterior, 85 alumnos que participaron del evento, que consideraban una tradición y un derecho, fueron sancionados con 24 amonestaciones -las suficientes para dejar libre a un alumno- por los destrozos que habían ocasionado.
Luego, el Consejo Superior de la Universidad de Buenos Aires (UBA) votó una resolución que indica que los colegios que dependen de la Universidad quedan sometidos al régimen general universitario, que prevé sanciones más duras, de hasta cinco años de suspensión.
Antes de la prohibición, sin embargo, cada año los mismos alumnos se encargaban de limpiar y recomponer lo que habían destruido. Una de las más célebres vueltas olímpicas se hizo en 1986, cuando los estudiantes de quinto año soltaron un chancho enjabonado, que tardó varias horas en ser capturado por ordenanzas y preceptores. Un año más tarde, un alumno abrió un matafuegos dentro de la biblioteca. La limpieza del polvillo llevó varios meses y obligó a mantenerla cerrada.



