Punta: los famosos piden sus deseos para 2012
En la exclusiva fiesta del Citi, las celebrities brindaron por un buen año
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PUNTA DEL ESTE.- La música se escuchaba tenue a pocas cuadras del epicentro de la fiesta, quizás porque los grillos todavía ganaban en potencia. Pero una vez atravesado el portal que da ingreso a la finca de la bodega Narbona, el campo y sus habitantes nocturnos se fusionaron con el ambiente de celebración reinante: el Citi inauguraba su temporada de verano con su ya clásica Citigold Summer Night, y los invitados tenían una ocasión inmejorable para brindar con amigos y colegas en la antesala de año nuevo.
"Quiero brindar por mi familia, para que estén bien y muy felices", dijo Rosella Della Giovampaola secundada por su hermana Patricia, ambas cumpliendo a rajatabla el dress code "cocktail party with a gold touch" (cóctel con un toque dorado): las hermanas nacidas en Italia y referentes indiscutidas de la moda en la Argentina, cautivaron las miradas con sendos rutilantes vestidos dorados.
"Por la familia, el amor y porque nos vaya cada vez mejor", deseó a viva voz el diseñador Ricky Sarkany, exultante ante la inminente llegada del nuevo año. "Porque el 2012 sea mejor que el 2011", agregó Mariano Grondona. El tiempo de balance parece inevitable y aunque la nostalgia a veces tiñe de pesimismo los corazones, los consultados eligieron ver el vaso medio lleno: "Fue un buen año, pero el que viene tiene que serlo aún más", concluyó el periodista.
Por su parte, María Emilia Fernández Rousse, una de las Trillizas de Oro, se sumó al brindis asumiendo el compromiso de "rezar" por sus seres queridos: "Por nuestro país, por mi familia para que tenga salud. Voy a rezar para que así sea".
Las celebrities más exclusivas desfilaron por la glamorosa entrada a la casa colonial que fue la sede del evento, una parra coquetamente dispuesta sobre la galería de ladrillo que da ingreso al lugar. Por allí pasaron también Milagros Schmoll, Iván de Pineda, Mariano Grondona y su mujer, Julieta Kemble y Justo Saavedra, Agustín Pichot, Facundo, Gonzalo y Nicolás Pieres, Teresa Calandra, Esmeralda Mitre, Cristiano Ratazzi, Dolores Trull, Mercedes Sarrabayrouse y Rose Adkins, entre muchas otras figuras.
Los buenos deseos mutuos y propios pulularon por el aire durante toda la velada mientras el champagne y el vino de la casa circulaban sin descanso, y los platos de petits chauds y canapés se pasaban de mano en mano.
Sillones blancos y ambientación rústica. Fanales y velones amarillos. Flores. Farolitos. Cubos luminosos a modo de mesas. Y arriba, el cielo más puro de Punta del Este, que lejos de las luces de la movida noctámbula dejó aparecer todas sus estrellas. "Este lugar es realmente lindo. Lo elegimos cada año para la fiesta por su belleza y porque está en el medio entre la península y Manantiales, para que todos puedan venir", comentó Juan Bruchou, CEO de Citi, quien ofició de anfitrión de la noche junto a Lucrecia Cornejo, gerenta de Marketing del banco.
La cena no se hizo esperar. Desde tres mesones dispuestos en distintos puntos del patio, se sirvieron bocadillos para todos los gustos: jamón crudo, corvina negra a la sal, tabla de ceviches, tiraditos de salmón maracuyá, entre otras exquisiteces, se complementaban con unos cuissot de ternera asados en el horno de leña acompañados por deliciosos panes de la Bourgogne. El plato fuerte, curry de cordero.
Una vez que los invitados estuvieron satisfechos con la cena y cuando se animaban a dar los primeros pasos de baile, la música cambió abruptamente: empezaban los fuegos artificiales. El espectáculo duró 15 minutos y encandiló la vista de todos los presentes. Luego, el baile.
Hábil, el DJ eligió toda la música de moda para divertir a su público y en gran medida lo logró: Mecha Sarrabayrouse bailó sin parar junto a un grupo de amigos, Mili Schmoll hizo lo propio sin despegarse de su novio y Rose Adkins, la neoyorquina que engalana con su presencia de calibre internacional los eventos esteños, demostró cuánto le gustan las fiestas: llegó temprano y fue una de las últimas en abandonar.
Se bailó hasta que los grillos volvieron a superar en potencia a los parlantes, acompañados del ruiseñor y la orquesta de sonidos que el campo acostumbra a prestar para quien quiera seguir su ritmo.
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