
Los jóvenes privilegian cada vez más su vocación al elegir una carrera
La crisis no les asegura hoy una salida laboral; por eso, tienden a estudiar lo que más les gusta
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Los jóvenes argentinos están encontrando una manera de darle la espalda a la incertidumbre. Con la certeza de que ninguna profesión asegura por sí sola posibilidades de trabajo, la mayoría privilegia la vocación para elegir su carrera universitaria.
Mientras los servicios de orientación de las universidades confirman la tendencia, hay números que la respaldan. En la inscripción para este año en el CBC de la UBA, cayó el interés por carreras tradicionalmente consideradas "pasaportes al empleo", como Administración (14,19% menos de inscriptos), contador público (12,18%) y los estudios relacionados con la informática (entre un 10 y un 14% menos). Además, varias universidades ven un aumento de los aspirantes a estudiar carreras humanísticas, siempre entendidas como de perspectivas laborales complicadas.
A pesar del giro positivo de anteponer los intereses personales a la salida laboral, elegir una carrera en la Argentina en crisis sigue siendo un momento complejo.
Muchos chicos deben combinar sus dudas con fuertes presiones externas -como la idea de que equivocarse es un fracaso irremontable-. Otros tienen dificultades para distinguir qué les gusta hacer. Y algunos, aunque suene paradójico, empiezan la universidad sin haber elegido: inician una carrera -la que eligen los amigos, la que quieren los padres, la que parece "fácil"- y al poco tiempo pasan a engrosar el 50% de universitarios que abandonan sus estudios en primer año.
Más racionales
"La falta de trabajo derrocó el mito de que hay carreras más rentables que otras y reapareció la idea de que la única garantía que tiene un chico para que le vaya más o menos bien en la vida es hacer lo que le gusta", dijo a LA NACION la psicóloga Claudia Messing, directora de la Escuela de Posgrado en Orientación Vocacional Ocupacional.
Para Messing, "esta idea tiene mucho consenso entre los chicos y los orientadores, pero menos entre los padres, que siguen teniendo ciertos prejuicios con respecto a algunas carreras nuevas".
Elegir con la vocación como criterio principal no es, al contrario de lo que podría pensarse, una decisión más emotiva que racional. "Hay gente que descarta carreras porque sabe que no tiene recursos económicos para cursarlas, no tiene tiempo para dedicarles, son muy largas y necesita trabajar rápido, o no tiene la formación del nivel medio suficiente, así que opta por alternativas parecidas dentro de su campo de interés", dijo Graciela Canessa, directora del Departamento de Orientación Vocacional del CBC.
Es el caso de muchos interesados en estudiar Medicina y que, enterados de las exigencias de la carrera, terminan optando por alguna paramédica o una tecnicatura en el área de la salud -Kinesiología, Optica, Terapia ocupacional, Electromedicina-.
Para muchos chicos, las presiones se han convertido en una compañía constante mientras se toma la decisión profesional: padres que no quieren que sus hijos "se equivoquen", temor al fracaso en un contexto de crisis económica, opiniones de los amigos que llevan a inclinarse por una carrera u otra, miedo a no poder adaptarse a la universidad.
"Muchos no se toman el tiempo suficiente para decidir y terminan angustiados por tener que elegir rápido", dijo Marcelo Freddi, director del Departamento de Orientación Vocacional de la Universidad de Morón. Allí recomiendan buscar información, por ejemplo, poniéndose en contacto con profesionales. "Muchas presiones se desmitifican cuando se las compara con situaciones reales. Cuando se despojan de esas presiones, la mayoría logra descubrir rápidamente sus inclinaciones", dijo Freddi.
No es éste un tema menor: muchos adolescentes no aciertan a distinguir lo que les gusta. "Es un problema madurativo. Los chicos no logran armar un puente hacia afuera de su familia y la elección vocacional es uno de los primeros pasos en ese sentido", interpretó Messing.
Tras varias investigaciones sobre las familias de las que provienen los chicos con dudas vocacionales, Messing detectó que en general se dan en modelos familiares con padres que no ofrecen contención o que tratan a sus hijos "de igual a igual". "Los padres tienen hoy un vínculo más cercano con los hijos, pero más permisivo también. Se permite el enfrentamiento de igual a igual y esto hace que no puedan identificar lo que les gusta, tienen miedo, apatía y están desmotivados", dijo Messing.
El secundario y el mercado
La formación deficiente del nivel medio también dificulta una decisión acertada. "No entienden la información, hacen preguntas sin sentido, tienen dificultades para pensar y expresar lo que quieren", alertó Canessa. Para la especialista, el contexto de crisis empuja a la universidad a chicos que sólo buscan algo para hacer: "Cada año vienen más chicos que si tuvieran trabajo ni siquiera se plantearían estudiar en la universidad", dijo.
Elegir la carrera por gusto personal está muy bien, pero, ¿qué sucede con esos ideales cuando se enfrenta el mercado laboral?
Imposible saberlo, dicen los especialistas. "No hay nada más traicionero que el mercado laboral para los profesionales, porque sus cambios están atados a modificaciones macroeconómicas y tecnológicas sobre las que ellos no tienen incidencia", dijo Marcelo Gómez, docente e investigador de la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ).
Según sus investigaciones, las carreras con mayores dificultades de inserción laboral son las relacionadas con las nuevas tecnologías, como Informática y Comunicación Social, donde la cantidad de profesionales aumentó de tal modo en las últimas décadas que saturó el mercado.
Lo contrario ocurre con las carreras tradicionales, en las que creció muy poco o disminuyeron la matrícula y la cantidad de egresados. "Contador público, Ingeniería y Derecho tienen tasas de desocupación por debajo del promedio, aunque muchos están semiocupados o con ingresos inferiores a la media de los universitarios", dijo Gómez.
"El principal capital laboral de un profesional no es un título de tal o cual carrera, sino la capacidad de aprender, de expresarse, de adaptarse", expresó Gómez, y recomendó: "Si se tiene una inclinación, lo mejor es seguirla, porque de cualquier manera habrá que tener estrategias de adaptación al llegar al mundo del trabajo".





