Los textos eróticos del poeta
LOS DEMONIOS DEL AMOR Por Guillaume Apollinaire (Vinciguerra)-260 páginas-($ 18)
1 minuto de lectura'
LA trascendencia de Apollinaire como poeta, como precursor, como eje de una ruptura determinante en la literatura francesa, ha propiciado que se lo nombre "el último poeta de Francia" (André Breton) y también, el "príncipe del espíritu moderno" (André Billy). Pero, al mismo tiempo que el poeta cuya obra nos cautiva -al decir de Jean Royére- "por un lirismo vivo, humano, satírico a veces, tierno, brillante, pero nunca místico, incapaz de cristalizarse ni de desazonar con ambiciosos símbolos", Apollinaire fue también un gran teorizador. Los demonios del amor, como explica Rodolfo Alonso en su prólogo, es "una recopilación de los muchos trabajos que, siempre alrededor de la literatura erótica, satírica y picaresca, más o menos clandestina, Apollinaire había ido escribiendo, casi siempre a modo de presentación, para cada volumen, especialmente para las dos colecciones que él mismo orientaba en la Biblioteca de los Curiosos ".
El traductor y prologuista no cree que Apollinaire haya escrito estos textos por razones mercenarias. Le cabe el mérito de haber difundido escritos como los del marqués de Sade y el padre Francisco Delicado. También el Carcaj del señor Louvignée du Désert, escritos de Mirabeau, el Aretino, Doménico Batacchi, Andrea de Nerciat y muchos otros que gratificarán con creces la curiosidad del lector.
El impudor, la libertad para expresar ciertos secretos del amor y la libido propios de la condición humana condicen con la idea de que la poesía sólo puede ser total con cierta dosis de agresión, se puede decir que picaresca, pero sin ruptura abierta con los tabúes de la sociedad.
Sacar a la luz ciertas jolgoriosas palabras del Aretino o algunas extrañas experiencias del marqués de Sade no hacen otra cosa que quitar la etiqueta de perversiones a lo que no es más que un lado oscuro del impulso. Como decía Goethe, nada de lo que está en la naturaleza es antinatural.
Los serrallos, los salones para citas en los castillos, los diversos escenarios de la vida libertina desfilan por este libro en forma de prosas o versos de los más afamados cultores del género. A menudo, la naturalidad del lenguaje y el estilo sin artificios agregan una paradójica pizca de inocencia a los textos citados por Apollinaire ("Se le reprochaba tener muchos amantes y ella respondía: ¿Qué quiere? les da tanto placer y a mí me cuesta tan poco", Historia de Zaïrette ).
Como todo lo escrito por el autor de Caligramas , este libro es de alta calidad. Corresponde destacar también el arduo y eficaz trabajo de Rodolfo Alonso. Inmejorable la impresión de Vinciguerra, enriquecida por dos fotografías y seis dibujos de Apollinaire hechos por Picasso.




