Luces y fuentes
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Uno se pregunta dónde reside, exactamente, la melancolía de esta foto. Quizás esté en la quietud de la familia retratada; la expresión casi ausente de la pareja, la curiosidad sin sonrisa de la niña. O tal vez se trate de una cuestión de tono: la imagen se tomó en el momento en que el día se apaga, pero no en la “hora dorada”, ese tránsito donde la luz parece reencantar al mundo. No hay hechizo aquí, sino cierta tristeza asordinada. No sabemos qué es lo que todos escuchan en este instante (asisten a un espectáculo de sonido y de luces en las fuentes de Bucarest); solo podemos ver el resplandor violeta allá al fondo, los globos iridiscentes, más cerca. Y una emoción que parece llegarnos desde alguna de las películas del rumano Radu Jude: testimonios a ras del piso, cerca de la gente común y sus parcos recursos. Lejos de la epopeya que el mundo les niega.
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