
Lucia Joyce: la muchacha Arco Iris
Un libro recién publicado en los Estados Unidos revela aspectos hasta hoy desconocidos de la hija de James Joyce. Carol Loeb Shloss, la autora de la biografía, afirma que aquélla sólo fue un factor dominante en la obra del escritor; también fue una artista extraordinaria, con peso propio
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Era la iluminadora, la "maravilla salvaje". Así escribió James Joyce acerca de su hija, Lucia. Los estudiosos de Joyce la identifican con lo que han dado en llamar "la muchacha Arco Iris" de su obra maestra, Finnegans Wake: Issy, la tentadora que se irisa por arte de magia. Cierta vez, Joyce escribió en una carta que su mente tenía "la claridad despiadada del relámpago". Y añadió: "Es un ser fantástico". Sin embargo, en la mayoría de las biografías de su padre, Lucia es una figura marginal, una joven triste, bizca, que se enamora del secretario de su padre, Samuel Beckett, es rechazada y muere en un manicomio, en 1982.
Acaba de salir un libro, Lucia Joyce: To Dance in the Wake (Lucía Joyce: Bailar sobre la estela; Farrar, Straus & Giroux), que cambia por completo esta imagen. Su autora, Carol Loeb Shloss, profesora de lengua y literatura inglesas en la Universidad de Stanford, sostiene que Lucia no sólo fue una artista extraordinaria por derecho propio: también fue un factor dominante en la creación de Finnegans Wake. Quizás, aún más que su madre, Nora, considerada por largo tiempo la principal inspiradora de los personajes femeninos. "Lucia fue una musa fundamental para Joyce, quien se inspiró en ella y dependió de ella. Su relación ayudó a cambiar el rumbo de la literatura moderna", afirmó Shloss en una entrevista.
Sin duda, su interpretación suscitará polémicas. Los entendidos juzgan importante esta biografía porque Lucia fue el eje en torno al cual giró la obra de Joyce. No obstante, estuvo a punto de no publicarse por las objeciones que planteó Stephen J. Joyce, nieto del escritor. Según Shloss, la amenazó con entablarle un pleito si citaba material referente a su abuelo. "Tuve que rehacer el libro varias veces y suprimir cosas que me había llevado años encontrar. Fue muy doloroso", recuerda. Y agrega: "Ha imposibilitado el uso público de citas de Joyce".
Pese a estas restricciones, Shloss pudo incorporar a su libro datos novedosos, entre ellos varias fotografías inéditas de Lucia. Muestran a una joven hermosa en el centro del escenario de la danza parisiense de los años 20, una mujer sexualmente libre y autora de una novela, hoy perdida.
Shloss pudo acceder a dos cuadernos de memorias de Lucia, también inéditos, diversos documentos que Stephen Joyce habría olvidado retirar de la Biblioteca Nacional de Irlanda y los archivos de Richard Ellmann, biógrafo de James Joyce, que contenían información no utilizada por éste.
Morris Beja, secretario ejecutivo de la International James Joyce Foundation, leyó una de las primeras versiones del libro de Shloss. "Podría ser una obra capital, por cuanto no se ha apreciado debidamente la importancia que tuvo Lucia en la vida de Joyce", opina. Por su parte, Zack Bowen, un profesor de la Universidad de Miami y destacado experto en Joyce que conoce a fondo el trabajo de investigación de Shloss, dice que es un libro "magnífico".
Lucia nació en 1907, en la sala para indigentes de un hospital de Trieste, donde había emigrado su padre huyendo de las estrecheces de Dublin. Su nacimiento, afirma Shloss, liberó la creatividad de Joyce, que por entonces escribía Retrato del artista adolescente y se había atascado.
Shloss describe una niña difícil, dramática, enfurecida por el rechazo de Nora, que desalentaba su talento, el abandono de su padre egocéntrico y los celos de su hermano Giorgio, dos años mayor que ella y el predilecto de Nora. Cuando se publicó Ulyses, en 1922, Lucia cortó el cable telefónico para silenciar las llamadas congratulatorias. "C´est moi qui est l´artiste!" (¡La artista soy yo!), alegó.
Estudió danza con el hermano de Isadora Duncan, Raymond. Parodió con agudeza a Carlitos Chaplin. Recorrió Europa con una renombrada compañía de danza moderna. En 1927, tuvo un papel en el film de Jean Renoir La pequeña vendedora de fósforos. "Cuando sus dotes para la danza rítmica alcancen su plenitud, James Joyce tal vez sea conocido como el padre de Lucia", escribió un reportero del The Paris Times en 1928. Al año siguiente, abandonó el baile por la enseñanza. Shloss cita un comentario de Helen Kastor Joyce, madre de Stephen, que sugeriría que Nora la instó a hacerlo, celosa de la atención que despertaba. Un amigo comentó: "Es la venganza del adulto sobre el niño dotado y creativo".
Sus sucesivas relaciones afectivas fueron otros tantos fracasos. En 1932, pensó casarse con Alec Ponisovsky, que por entonces enseñaba ruso a su padre, pero él amaba a otra mujer y Lucia aún suspiraba por Beckett. Sufrió un colapso y pasó varios días en estado catatónico.
De ahí en más, rodó cuesta abajo. La trataron con veronal, montó rabietas en público, la hospitalizaron, le dieron el alta y volvieron a internarla en otras instituciones. Un día, prendió fuego a su habitación. La enviaron a Zurich, para que Jung la psicoanalizara. "Pensar que un suizo tan gordo, grandote y materialista intentará adueñarse de mi alma", habría comentado, según Ellmann.
Al morir su padre, en 1941, Nora y Giorgio se desentendieron de ella. Harriet Weaver, la mecenas de Joyce, asumió su custodia. En 1951, Lucia cambió de sanatorio por última vez: la trasladaron al St. Andrew´s, en Northampton (Inglaterra).
Joyce fue un hombre abstraído y atormentado. Aun así, dice Shloss, los padecimientos de Lucia se infiltraron en su obra maestra. Un amigo de la familia escribió acerca de él: "En aquella noche en que se debatía su espíritu, en esa ?perplejidad nocturna´ [cita de Finnegans Wake], yacía oculta la realidad punzante de un rostro bienamado".
"En los primeros borradores, advertimos que Joyce utiliza nombres de varones amigos de Lucia. Sus maestros de baile aparecen por todas partes. Basta ver la creatividad de la niña para percibir que, a través de ella, el padre va conociendo más el mundo. El lenguaje mismo de Finnegans Wake, esas palabras en constante movimiento, refleja el interés de Lucia por la danza", señala Shloss.
Lucia es quien ronda el final de la obra. La que dice aquellas palabras famosas: "Mis hojas se han dispersado. Todas. Pero una todavía se aferra a mí. La llevaré encima. De recuerdo. ¡Lff! Qué dulce es esta mañana, la nuestra. Sí. ¡Llévame contigo, papá, como aquella vez en la feria de juguetes!"
"Joyce --escribe Shloss-- dejó este homenaje y consuelo postreros a la hija que había sido su compinche secreta y turbulenta durante la mayor parte de su juventud."
(Traducción de Zoraida J. Valcárcel)
El cancerbero
No es la primera vez que Stephen Joyce, beneficiario de los derechos de autor de su abuelo, intenta poner fin a las citas de sus escritos en films, obras teatrales y trabajos de investigación. En especial, ha vigilado el material referente a Lucia y ha admitido por escrito que destruyó algunas cartas suyas.
En todos estos años, Stephen Joyce ha tenido varias reyertas con investigadores. Shloss lo acusa de haber retirado de la Biblioteca Nacional de Irlanda documentos esenciales sobre Lucia, donados por la familia de Paul Leon, otro secretario de James Joyce.
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