
Lúcida pasión en el balance de una vida
MEMORIAS DE LAS CASAS Por María Angélica Bosco (Vinciguerra)-207 páginas-($ 15)
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"LAS casas" de esta "memoria" son aquellas en las que María Angélica Bosco ha vivido entre 1909 (año de su nacimiento) y 1998. Convertida en personaje, cada una habla por sí misma y presenta un espejo-retrato de la habitante y de su contexto. Proyección del propio yo, proyección de sus ámbitos, la autobiografía se transforma, de alguna manera, en novela, donde el yo empírico y la "vida real" se refractan y reconstruyen en un poderoso esfuerzo de síntesis que abarca no solamente una singular trayectoria femenina, sino también la historia de una escritura y el escorzo de casi un siglo en estas orillas del Plata.
Memoria de las casas desborda, por ello, ese espacio de la "narración de lo íntimo" que secularmente se les ha adjudicado a las mujeres. Y por otro lado, completa, con distintos matices y aperturas, una extensa obra ficcional que abarca desde la novela realista de cuadros sociales ( El comedor de diario ) hasta la novela policial y de suspenso ( La muerte vino de afuera , entre tantos otros títulos), el relato-ensayo ( Cartas de mujeres , donde resaltan el ingenio polémico y la ironía) e incluso, la ficción histórica (el reciente Tres historias de mujeres , de 1997).
Balance de época, balance de obra y de vida, Memoria de las casas se vuelve de algún modo paradigmática, "universal" aunque cuente lo particular y pretenda hacerlo con despojada sinceridad, llamando a los hechos y las personas por sus nombres propios. El tránsito de "niña bien", "chica bonita" cuidada y protegida, instalada en un matrimonio de conveniente comodidad, a mujer de mediana edad y de mediana posición que vive de su trabajo luego de un divorcio escandaloso, marca un itinerario no tan común en su tiempo, pero que sí puede leerse hoy como precursor de muchos otros. Harta de jugar a la señora burguesa, cuando se acerca a los cuarenta años, Bosco -entonces señora de Gil- se aburre y busca sin saberlo del todo su propio camino, aunque fuere por la puerta falsa de una relación clandestina que no se consolidará después, pero que le enseñará la libertad para asumir opciones diferentes, entre ellas, la de la escritura profesional. Si bien la autora declara no ser feminista (sin explicitar a qué feminismo se refiere), hay en su biografía, más allá de ideologías particulares que los lectores podrán o no compartir, un feminismo práctico: el implícito en ejercer el derecho a vivir como un individuo autónomo, desechando las facilidades pero también las falsedades de la dependencia. Como detalle -humorístico por cierto- cabe señalar que bastante más tarde -a los ochenta años- Bosco decide cortar otra dependencia menor: la del estereotipo cultural que decreta, especialmente para las mujeres, la prohibición de envejecer. Sólo a partir de entonces comienza a declarar su auténtica fecha de nacimiento.
Para los que buscan anécdotas, el libro ofrece un material colorido y abundante que no sólo abarca los avatares de lo familiar. Personajes de la política y de la literatura (desde Borges a Luisa Mercedes Levinson, desde Eva Perón a Humberto Illia) aparecen en estas páginas enriqueciendo el interés que despierta su lectura.
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