
Madí: una fiesta del color y de la forma
Una muestra en el Centro Borges
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Con la generosa donación recibida de París en 2002 de un centenar de obras del movimiento Madí Internacional al Museo de Arte Contemporáneo Latinoamericano de La Plata (Macla), su director, el artista César López Osorio, presentó en el Centro Cultural Borges una muestra de excepción sobre la única corriente estética auténticamente rioplatense y sorprendentemente longeva, nacida en esta margen del Plata en 1946.
De la vitalidad y el carácter universal del movimiento, irrigado al resto del mundo por el uruguayo Arden Quin desde París, su residencia adoptiva a partir de 1948, dan cuenta la diversidad de obras exhibidas, producidas en los últimos años en geografías bien disímiles, que saltan desde Japón hasta Brasil y desde Venezuela hasta Hungría y Estados Unidos.
Pretéritas disputas, que periódicamente reavivan estériles reyertas entre el charrúa, heredero de Kandinski y Mondrian, y el polaco-argentino Gyula Kosice, centradas en la autoría del primer manifiesto Madí (con el epílogo anunciado de la escisión del movimiento entre el Histórico y el Internacional) esta vez no vienen al caso. La obra de Kosice está ausente en esta muestra, concentrada excluyentemente en el brazo internacional del llamado Movimiento Arte Concreto Invención, donde con artistas de varios continentes se corre el velo al sincretismo plástico que a lo largo de los años ha aglutinado aún más a los discípulos Madí.
Es así como en la exhibición del Borges sobresale la nutrida producción de los italianos, donde el madismo -primer "ismo" latinoamericano transformado en un alarido desesperado de libertad plástica media centuria atrás- parece cosechar incondicionales lealtades. Sin embargo, las estrellas del envío son el conjunto de telas-objeto de Arden Quin, encabezado por "Gris", una obra hipnótica, de 1995, de acentuados contrastes en sus semicírculos plateados y blancos y puntos negros como esferas diminutas. Es una obra vital y sugestiva, como los 92 años que acaba de cumplir el artista, siempre postergando su ganado prestigio individual en aras de la difusión de las muestras colectivas del movimiento. Una prueba es el legado al Macla, del que fue el único factótum.
La presencia vernácula en la muestra, abierta hasta el 5 de agosto, está representada por dos magníficas esculturas sin título de Blaszko y obras del propio López Osorio, J. M. Aguiar, Juan Melé, José Cáceres y Raúl Mazzoni, que en "Superficie dividida", una obra de 1996, la tela pareciera escindirse en gajos hasta desprenderse uno de ellos como cuando se pela una banana.
Postulados teóricos
Centrado en la invención como visceral rechazo al subjetivismo, al realismo de la imagen y a la caducidad de la pintura representativa y simbólica, los postulados del Madí se ciñeron al ascetismo de las formas geométricas ("la belleza suprema", según Platón), a la abstracción pura, a la riqueza cromática y a los planos sobre planos que permiten desplazamientos lúdicos y variaciones espaciales en las obras. Pero de manera excluyente el énfasis se posó sobre los marcos y superficies recortados, introducidos por el uruguayo Rhod Rothfuss, discípulo del inigualable maestro argentino Emilio Pettoruti.
Salirse del marco-ventana, del bastidor tradicional, para explorar superficies poligonales o totalmente liberadas no fue un mero alarde iconoclasta del madismo: el contorno irregular respondió al ímpetu de inaugurar un nuevo lenguaje, alejado de todo lo representativo, para salir al encuentro de la invención en estado puro. Guiado por una "rígida" disciplina de orden puramente racional y abstracto, con sus inquietudes y desvelos geométricos, la concepción filosófica y plástica era profundizar la percepción con una sucesión de imágenes inéditas. ¡Y vaya si lo son!

