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“Hay pinturas que terminé media hora antes de colgarlas”, dice Marcos López frente a la pared del Centro Cultural Borges donde se agolpan casi cien obras que no son fotografía ni pintura ni instalación: son todo eso a la vez. “Me cansé de fotografiar, porque pienso que los grandes temas ya los he fotografiado, y bien. Me aburrí. Se me ocurrió juntar fotos viejas en los mercados de pulgas como La Lagunilla de México y los de San Telmo, y me puse a pintarlas. Mi gran deseo es ser pintor”, explica.



