Matrimonio y familia, realidades en discusión

Jorge Rouillon
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4 de enero de 2010  

Las palabras del cardenal Jorge Bergoglio ante el dolor de la tragedia de Cromagnon sonaron fuerte sobre la ciudad, a la que llamó "casquivana, orgullosa, coimera" y de la que dijo que "maquilla -no cura- las heridas de sus hijos para que no la hagan sufrir". Al hacerlo, insistió en dos puntos que ve descuidados por la familia y por la sociedad: los ancianos y los niños.

La familia, ámbito de contención donde se forman valores y actitudes, motivó en estos días otros pronunciamientos. Para el obispo de Quilmes, Luis Stöckler, la presencia del padre y la madre, y su fidelidad, son la primera enseñanza a los hijos que, así, experimentan la familia como lugar de aceptación y de cobijo.

El obispo de Posadas y titular de la Comisión de Familia, Juan Rubén Martínez, se preguntó por qué este tema no cuenta con apoyo político, económico, comunicacional y tiene escasa importancia en los contenidos educativos. Y estimó que, al mismo tiempo, presiones de sectores minoritarios con poder buscan instalar "una falsa concepción del matrimonio", negándole aquello que le es esencial, "el ser un varón y una mujer, que son quienes tienen la capacidad potencial de la procreación como fruto de su amor".

Esa desvalorización puede advertirse como un juego de pinzas. Por un lado, en normas que en vez de reforzar han ido quitando fuerza a la unión matrimonial. Por otro lado, en el reclamo de darle su sello y nombre a uniones de otro tipo.

Hace días, la autorización administrativa para casar a personas de un mismo sexo en Tierra del Fuego trajo al tapete aristas de esta cuestión. Ante ese hecho, organizado de modo silencioso y sorpresivo, el obispo de Río Gallegos, Juan Carlos Romanín, rechazó la equiparación con la institución matrimonial. El obispo de San Justo, Baldomero Martini, subrayó que los obispos de la Iglesia Católica tienen la más completa libertad para predicar la doctrina católica, garantizada por el Acuerdo de 1966 y tratados internacionales, que son ley suprema de la Nación y que están por encima de leyes nacionales y de medidas administrativas. Lo hizo al ser admitida una denuncia por discriminación a raíz de un mensaje suyo en el que estimó: "No hay nada que pueda ser objetivamente considerado ofensivo, poco ponderado, falto de caridad". No le molesta que el denunciante o funcionarios del Inadi piensen lo contrario, pero no considera tolerable "impedir que los demás se expresen libremente y puedan cumplir con su misión." Y que se pueda admitir la pretensión de silenciar una opinión.

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