
Memoria y balance
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En estos momentos tengo entre mis manos los poemas de Girri elegidos y prologados por Jorge Monteleone en una relevante antología titulada Alberto Girri. Poemas selectos y editada por Corregidor el año pasado. El lector neófito en Girri puede posponer el encuentro con los seis tomos de su obra poética completa para concentrarse en este volumen, donde va a encontrar un panorama ejemplar del camino poético de Girri, así como conversaciones con Pezzoni y versiones castellanas de sus poetas y poemas predilectos.
Muy interesantes son, asimismo, los libros de la académica norteamericana Muriel Slade Pascoe, profesora de la Universidad Washington en San Luis, Misuri (La poesía de Alberto Girri, 1986), y de Luis Alberto Vittor (Simbolismo e iniciación en la poesía de Alberto Girri, 1990), donde el autor indaga en el simbolismo iniciático de Girri.
Es prácticamente imposible retratar en un artículo la compleja personalidad de uno de los más importantes exponentes de la generación del 40 en la Argentina literaria. Para escribir esta nota acudí varias veces a un ayudante secreto e invalorable que tengo siempre a mano y que Girri me regaló unos años antes de morir. Se trata del famoso Diccionario ideológico de Julio Casares (editado en Barcelona, en 1942). Cada vez que abro ese libraco, como también el grande y pesado volumen del Diccionario de la Real Academia Española (1970) que me obsequiaron sus herederas (Raquel Lynch y Nina de Kalada), siento una perturbación muy singular. Es como si lo acompañara a Alberto en sus búsquedas obsesivas, en su rigor como escritor, y como si esas páginas ya amarillentas me transmitieran un fuego, una pasión intelectual, un rigor que le eran propios.
Más allá de esto, me estremece pensar que mis manos heredaron la huella de las suyas, y así es como si sintiera su presencia en alguna parte de este cuarto, en este rincón donde, humildemente, me dedico a entrelazar palabras. Lo que experimento en forma consciente es una inmensa gratitud por este privilegio: poder usar los diccionarios de Girri.
Si tuviera que resumir la actitud de Girri ante la poesía y ante la reacción de críticos y lectores, lo haría con una frase de Katherine Anne Porter que –sé– le era querida: "Uno de los rasgos distintivos de un talento es el coraje de tenerlo". Era, sin lugar a dudas, su caso.
Han pasado veinte años desde su muerte. Girri decía siempre que cuando un escritor o un artista se va de este mundo se cierne sobre él un manto de olvido que dura veinte años. Si es así, ya llegó el momento de que el manto se vaya haciendo cada vez más transparente, hasta perderse en la invisibilidad, para hacer visible lo que había ocultado: el genio de un poeta, una obra vasta, compleja, polifacética, que se merece una pronta resurrección.
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