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Durante la última década, la crisis venezolana dejó de ser contada solo en los diarios para empezar a ocupar un lugar central en la literatura. A la par del colapso económico, el deterioro institucional y el éxodo masivo -casi 8 millones de personas abandonaron el país-, empezó a crecer una biblioteca hecha de cuentos, novelas, crónicas y ensayos narrativos que buscan algo más difícil que explicar: contar cómo se vive cuando un país se desarma. No solo desde el archivo ni desde la distancia académica, sino también, y fundamentalmente, desde la experiencia, la memoria, el miedo, el duelo y el desplazamiento.



