Miedo por escribir: palabras que ponen en riesgo la vida
Escritores amenazados dejan testimonio, a pesar de las tiranías
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MÉXICO D. F.– Artistas y escritores son actualmente blanco de una demencia: la de los regímenes totalitarios que, para erigir y sostener su poder, necesitan aniquilar el pensamiento y la palabra disidentes. Hoy, una cifra imprecisa pero creciente de escritores rebota por el mundo en busca de asilo para huir de esa amenaza. Escapan del fundamentalismo, como en Irán y Siria, y de las dictaduras o el crimen organizado, sobre todo en América latina. El objetivo es siempre el mismo: sobrevivir. Pero también poder seguir narrando para el mundo, escribir como una forma inclaudicable de resistencia.
En estos días, un poema encabeza los esfuerzos de la organización Save the Children: "Nadie deja su hogar a menos que su hogar sea la boca de un tiburón… Nadie pone a sus niños en un bote a menos que el agua sea más segura que la tierra". Esos versos del inglés-somalí Warsan Shire son el leitmotiv de la campaña #Helpiscoming, que recita el actor inglés Benedict Cumberbatch (actuó en Sherlock y El quinto poder) en la introducción del single destinado a recaudar fondos a favor de refugiados sirios.
"Luchas contra un poder que quiere que dejes de ser quien eres. Te amenazan, te prohíben trabajar, te silencian y así dejas de existir", dijo a LA NACION el periodista iraní-canadiense Maziar Bahari, que participó del último Hay Festival, plataforma de debate de arte, literatura, cine y periodismo.
Bahari se hizo conocido por su arresto tras las manifestaciones de 2009 en Irán. Había vuelto a su país, del que había huido de joven en un camello con un traficante de personas, para cubrir las elecciones para la revista Newsweek. Su detención desató una campaña internacional que incluyó a la entonces secretaria de Estado de Estados Unidos Hillary Clinton. Pasó 118 días en uno de los horrores de Irán, la prisión de Evin, donde el régimen ha enviado a artistas, intelectuales y disidentes. Fue torturado física y psíquicamente. Al liberarlo, sus secuestradores le advirtieron que si volvía terminaría en una bolsa. Bahari contó su historia en su libro Then they came for me, adaptado al cine en 2014 (Rosewater, de Jon Stewart, con Gael García Bernal).
Hoy, Bahari vive en Londres, produce documentales y lleva adelante proyectos para la asistencia a periodistas en peligro, como la organización Journalism is not a Crime. "Es difícil arrepentirte de lo que eres. Ser periodista es un boleto a ningún lugar", dice.
El dolor del exilio
En 2009, cuando las calles de Irán se llenaron de multitudes que rechazaban el resultado de los comicios que otorgaban un segundo mandato a Mahmoud Ahmadinejad, que sospechaban fraudulentos, el poeta y activista iraní Mohsen Emadi supo que había llegado el tiempo de tomar la decisión de la que venía escapando: huir.
"Yo no quería salir, pero llega un momento en que, por tus actividades, sientes un peligro que no se quita", cuenta Emadi. Hoy es director del Centro Cultural Malinalco, en estado de México, donde continúa escribiendo y traduciendo a escritores de lengua persa.
Con 39 años, Emadi pasó casi la última década escapando. En un año, antes de llegar a México, en 2011, estuvo en siete ciudades de tres países diferentes. En Finlandia, mientras hacía traducciones o trabajos esporádicos como programador (es graduado en ingeniería en sistemas), su empleo más estable fue limpiando baños en la facultad. También estuvo en República Checa y España.
"El problema es que sin recursos, sin visa y con los prejuicios por ser iraní no podía pagar una renta", cuenta.
Y sigue: "Te planteas cómo vale más tu vida, si vivo o muerto. Pertenecer a un círculo de intelectuales en Irán es muy peligroso. Tenía amigos que habían sido torturados o desaparecidos. Olí la situación de peligro y supe que tenía que irme. Tu escritura puede ponerte en peligro", cuenta.
Uno de los sitios donde expresarse puede costar la vida es Medio Oriente, se desprende de la labor de The International Cities of Refuge Network (Icorn). Junto al PEN International, la organización asiste a escritores que piden refugio a causa de sus ideas. Más de 50 ciudades en el mundo participan del programa bajo la premisa de que "escritores y artistas son especialmente vulnerables a la censura, hostigamiento, encarcelamiento e incluso la muerte a causa de lo que hacen" y que éstos "representan el don liberador de la imaginación humana, dan voz a los pensamientos y las ideas".
Cuando un escritor se contacta con Icorn, "se evalúa primero el grado de peligro que lo rodea", dice Philippe Ollé-Laprune, director de la Casa Refugio Citlaltépetl, en Ciudad de México.
"En general, cuando los gobiernos tienen problemas con un escritor, los solucionan silenciándolo: no le permiten publicar ni hablar en público. «Como escritor no existes, como persona puedes seguir existiendo», porque si no tienen un problema mayor, crean un mártir", dijo Ollé-Laprune en el jardín de la Casa Refugio en DF.
Datos de América latina
Mientras México es desde hace quince años una de las sedes más importantes para dar refugio a escritores amenazados, en la última década se volvió un sitio difícil para el periodismo, según ONG y escritores en el país.
Según la organización Reporteros Sin Fronteras, México es "uno de los países más peligrosos para periodistas", con más de 80 asesinados y 17 desaparecidos en la última década. "La cultura dejó de ser un territorio neutro cuando artistas, fotógrafos y escritores comenzaron a tocar el tema del narcotráfico. Quien denuncia con nombres y apellidos, quien investiga empresas en donde se realiza lavado de dinero, sí está en peligro", dice a LA NACION la escritora Magalí Tercero, presidenta electa del PEN México, ganadora, entre otros, del Premio de Excelencia 2007 de la Sociedad Interamericana de Prensa de Miami.
Tercero sufrió amenazas a raíz de una columna sobre Narcosatánicos, un grupo de delincuentes protegido en los 80 en el estado de Tamaulipas. "Fue sutil, pero entendí el mensaje: no se puede hablar del tema porque a alguien no le conviene", dice.
De ahí tal vez que el proyecto de implementar el modelo de Conferencia de Prensa Federal de Alemania (BPK), por la Fundación Konrad Adenauer, haya generado interés en sectores del periodismo mexicano en noviembre. "No es una conferencia de prensa gubernamental, sino que los periodistas convocan a los funcionarios sobre la base de una necesidad informativa, con independencia de los políticos y los dueños de los medios de comunicación", explicó la argentina Ana Jacoby, consultora externa de la Fundación.
La propuesta generó entusiasmo entre los periodistas asistentes a la presentación, que expresaron su preocupación por "cómo establecer una agenda al margen de los intereses mediáticos".
En Colombia, "asuntos como corrupción, violaciones de derechos humanos, minería e investigaciones que evidencien vínculos entre gobierno o políticos y actores armados ilegales representa un riesgo" para el periodista, dice a LA NACION Marisol Manrique, ex directora de la organización civil Medios para la Paz. Si éste cubre toda una región, "está mucho más visible y expuesto porque es más fácil identificar qué está investigando; tiene más cerca a posibles agresores", dice Manrique.
En noviembre último, la Relatoría Especial de la OEA expresó su "preocupación" por el asesinato de un periodista en Brasil, en el quinto caso en lo que va del año.
En la Argentina, las trabas a la libertad de expresión se ejercen con otro tipo de presiones. "El principal problema de estos años es la famosa «grieta»: «ellos y nosotros», «periodistas de la corpo o nuestros». Eso hizo perder muchos puestos de trabajo a periodistas que no se permearon a esa lógica", declaró a LA NACION Néstor Sclauzero, secretario de Fopea.
Y cita el caso de la radio en las provincias, "que es un medio muy importante, ya que la tele es más cara y más escasa, como los diarios. Muchos políticos tienen su radio y la utilizan para su propia causa. En muchos casos no son periodistas, sino operadores políticos. Hubo y hay muchos aprietes por la publicidad: «Te cuadrás o te corto la pauta oficial»".
Los ejemplos, injustos a toda realidad que los excede, no valen como muestra objetiva. Pero recuerdan que desde tiempos remotos no existió mayor temor en las esferas del poder que el derecho a la libertad de expresión. Porque en la brújula de incertezas de un escritor algo es seguro: sus hallazgos inquietarán siempre a los poderosos y, por fortuna, agitarán irremediablemente las conciencias.
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