
Moderna plaga de vampiros
Por Vicente Battista Para LA NACION
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<b> Nocturna <br></br> Por Guillermo Del Toro y Chuck Hogan <br></br></b>
No todo el que bebe sangre es un vampiro. A comienzos de 1400 la condesa Elizabeth Bathory y el caballero Gilles de Rais bebieron, incluso se bañaron, con la sangre de cientos de adolescentes sacrificados en ceremonias infames. La condesa lo hacía para mantenerse bella; el caballero, para satisfacer sus orgías. Eran personajes crueles, demoníacos, pero no eran vampiros. Los vampiros de verdad provienen de la mitología y sólo los encontramos en la literatura. Se instituyeron como personajes en el momento cumbre del romanticismo. John Polidori, Joseph Sheridan Le Fanu y Théophile Gautier se aventuraron con esas criaturas, que en todos los casos eran seres de extraña belleza y diabólicamente seductores. Pero fue Bram Stoker en su novela Drácula quien le dio el sello definitivo.
El cineasta y escritor mexicano Guillermo del Toro confiesa que desde pequeño sintió una particular atracción por esos personajes. No es casual que su primera película haya sido Cronos , una historia netamente vampírica. Luego le seguirían joyas como El espinazo del diablo y El laberinto del fauno , fantasmagóricas aunque sin vampiros. Ahora volvió a su antiguo amor, pero en lugar de llevarlo al cine lo llevó a la literatura. Nocturna es la primera entrega de Trilogía de la Oscuridad , serie en la que el mundo se verá bajo la amenaza de una plaga mortal de bebedores de sangre. Las dos próximas novelas serán Oscura y Eterna .
Nocturna le rinde tributo a Drácula . En la historia de Stoker, el origen del mal llegaba al puerto de Londres a bordo de una nave; más acorde con el siglo, en esta oportunidad llega a Nueva York en un Boeing 777. El aterrizaje es normal, pero cuando los técnicos del aeropuerto JFK ingresan al avión se topan con un enorme sarcófago y con los cadáveres de la tripulación y de los pasajeros. En el interior de ese ataúd descansa el Amo quien, a diferencia de Drácula, está lejos de ser seductor: es un vampiro repugnante de casi tres metros de altura. Los cadáveres del vuelo 757, de Berlín a Nueva York, han sido vampirizados. Nadie sospecha que esa simpática niña, aquel pujante hombre de negocios o esa estrella del rock serán parte de una plaga que amenaza extenderse por Manhattan y por el resto del mundo. El doctor Ephraim Goodweather, Eph para los amigos, la bioquímica Nora Martínez y el profesor Abraham Setrakian, sobreviviente de Treblinka, integrarán el trío que enfrentará al Amo y a sus súbditos.
Para desarrollar esta serie, Del Toro convocó a Chuck Hogan, un joven escritor estadounidense, especialista en obras de terror y misterio. "Yo escribía mis capítulos y Chuck Hogan escribía los suyos -recuerda Del Toro-. Los dos aceptábamos la posibilidad de que el otro iba a meterse con el material. La única ventaja es que yo era el director." Acerca de eso no quedan dudas. Las 550 páginas que comprenden esta primera parte están propuestas en escenarios cuidadosamente marcados. A la manera de los guiones cinematográficos, numerosos subtítulos en negrita indican los escenarios de los hechos. Manhattan será el ámbito por el que deambularán los vampiros; para esconderse han elegido un sitio ideal: las cuevas en el pozo de siete pisos de profundidad que se formó luego del atentado contra las Torres Gemelas.
Del Toro y Hogan saben cómo atrapar al lector, cómo mantener la tensión página a página. En esta primera entrega, Eph, Nora y Setrakian logran detener el avance vampírico, pero no consiguen reducir al Amo. La abominable criatura, sedienta de sangre, sigue libre. Habrá que aguardar la aparición de Oscura para conocer la segunda parte de esta alucinante historia.
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