
Modernización enceguecida
Julio Orione
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<b> La barbarie edulcorada <br></br> Por Jean-Pierre Le Goff <br></br></b>
Intensa y combativamente preocupado por el devenir de las sociedades desarrolladas, el sociólogo francés Jean-Pierre Le Goff observa, analiza y critica lo que ha dado en denominar "barbarie edulcorada", que se generalizó en Francia (pero no sólo allí) durante los años noventa del siglo pasado. Y pone el foco sobre los dos ámbitos decisivos donde se ejercen esos procedimientos de "modernización ciega" que, en su opinión, tienden a profundizar el fenómeno de la anomia y la desculturización: las empresas y la escuela.
Fenómeno que caracteriza como nuevo y desconcertante, "la barbarie edulcorada" es para Le Goff fruto del discurso de la modernización, discurso que "desimboliza la sociedad y el mundo, los torna insignificantes y vanos". Pero no considera, como lo han hecho otros pensadores, que se trate de una consecuencia directa e inmediata del capitalismo. Le Goff destaca las dimensiones culturales y políticas de esta nueva barbarie, tan distinta y distante de las ejercidas por dictaduras violentas y represoras. Y rastrea sus orígenes en el pensamiento libertario de los años sesenta, que tuvo su epicentro en mayo de 1968.
El sociólogo francés pone de relieve dos nociones surgidas con gran fuerza en el Mayo Francés: la "autonomía" y la "educación permanente", vistas como herramientas de liberación por los comuneros de la rebelión estudiantil. Y señala la paradoja de que, décadas después de la llamarada libertaria, la autonomía y la educación permanente se convirtieran en herramientas del management empresario y de una pedagogía que quiere sustituir el modelo tradicional jerárquico por nuevos modelos abiertos inspirados en ese engendro.
Con tonos que a veces rozan lo apocalíptico (la barbarie edulcorada "vuelve ininteligibles e insensatos al mundo y a la sociedad en los que vivimos"), Le Goff sostiene que el discurso modernizador basado en la autoevaluación y el autocontrol hace "creer que el individuo es soberano". Allí, en su opinión, se produciría la desorientación social que crea un terreno propicio para la demagogia y reduce a la nada el debate democrático. Asimismo, niega la idealización de la escuela como medio para la igualdad de oportunidades. En una acusación que no es sólo válida en el contexto francés, el autor denuncia que a lo largo de las últimas décadas se han acumulado reformas sobre reformas que buscaban responder a presuntas demandas sociales e hicieron cada vez más difícil la tarea docente en el contexto de una utópica "escuela del éxito para todos". Una escuela que en aras de la utilidad y la eficacia tiende a olvidar "la literatura y la poesía, las artes y la filosofía".




