Mortíferas contradicciones

En La señora Lynch, biografía de Marta Lynch, Cristina Mucci retrata a una novelista que encarnó desde su primer éxito, La alfombra roja, los vaivenes y la peligrosa veneración del poder de cierta clase media
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25 de octubre de 2000  

Si la biografía, sobre todo cuando de escritores se trata, tiene un cuño, éste es anglosajón. Al menos eso se deduce cuando se descubre que todo autor relativamente importante ha sido acreedor en lengua inglesa a más de una biografía monumental y exhaustiva, que los creadores menores no carecen de una y que incluso algún allegado a un novelista célebre puede ser objeto de un libro (como Vera, la mujer de Vladimir Nabokov). La señora Lynch. Biografía de una escritora controvertida , de Cristina Mucci, no es, en ese sentido, una biografía a la inglesa.

Cristina Mucci vivió en carne propia las pudorosas dificultades que el género biográfico sufre en la Argentina, donde los protagonistas con ansias de testimoniar no abundan. La biografía de Lynch es un libro cuya relativa brevedad contrasta con su larga gestación, que se inició en 1990. Por aquel entonces hacía apenas cinco años que Marta Lynch, la autora de éxitos como La alfombra roja , La señora Ordóñez , Al vencedor, se había dado muerte en su casa de Vicente López y la tragedia estaba demasiado fresca.

"Tal vez todavía hoy sea demasiado pronto -reconoce la biógrafa-. En la Argentina hay mucha resistencia a hablar, a remover cosas cuando todavía vive mucha gente que puede aparecer en el libro."

Las reticencias no se habrían duplicado, probablemente, si el personaje por retratar no hubiera sido Marta Lynch: novelista de una popularidad hoy impensable en los años de vacas flacas que vive la ficción argentina actual, personaje mediático, columnista ubicua y mujer eternamente contradictoria que atravesó las etapas políticas desde los sesenta hasta mediados de los ochenta en todas las direcciones posibles.

"La idea de tomar a un personaje y tratarlo, con lo bueno y lo malo, no está instalada en la Argentina", comenta Mucci. "Parecería que escribir una biografía tiene que ser un homenaje. A mí lo que me atrajo de Marta Lynch fue mostrar justamente sus contradicciones. Y en un país como la Argentina, que ha puesto tan a prueba políticamente a la gente, es difícil encontrar a alguien absolutamente puro. En Lynch hay un desarrollo político que es el de gran parte de la clase media argentina, a la que representa: Frondizi, Perón, Montoneros, el Proceso que Ônos traerá el orden necesario´, después la democracia y también el desencanto de la democracia, cuando las cosas no empiezan a andar tan bien como uno pensaba. Ella misma lo dice en un momento: Ô¿Por qué tengo tanto éxito? Porque soy la reina de las delirantes en un país delirante´."

La biografía de Mucci se lee con la facilidad de una novela. No hay rimbombantes análisis de la obra literaria de Lynch ni coqueteos psicoanalíticos. Entre las personas consultadas por Mucci se encuentran Juan Manuel Lynch, esposo de Marta, y la hija de ambos que vive en la Argentina (entrevistas éstas realizadas a principios de la década pasada; los dos hijos de Lynch, que viven en el exterior, habrían preferido no testimoniar). También hablaron colegas como Noé Jitrik, Liliana Heker, Jorge Asís, entre otros, y el fallecido Alberto Girri, íntimo amigo de la novelista.

Personaje emblemático

Mucci reconoce que Marta Lynch -a la que se cruzó alguna vez cuando debía entrevistar al norteamericano Sidney Sheldon, pero no conoció bien en persona- le interesa mucho más como personaje emblemático de una época que como novelista, aunque en su opinión "no puede dejar de prestarse atención al efecto tremendo que sus libros tenían en la época. Era una escritora audaz, que se atrevía a poner a Perón y a Eva en un libro como La señora Ordóñez . Es la representante, con Beatriz Guido o Silvina Bullrich, de una literatura que tenía efectos sociales y ya no se hace. La elegí por sus vaivenes políticos, la obsesión por la fama y por la cercanía con el poder, el temor a la vejez y la ordalía de cirugías estéticas a las que se sometió".

En Biografía de una escritora controvertida , Marta Lynch es retratada como una mujer con una innata capacidad para construir su propio personaje: ambigüedades y fabulaciones, un entusiasmo por las más diversas causas políticas y literarias -incluida la persecución de periodistas para que le comentaran sus libros- y un oportunismo a veces feroz (como el de publicar un cuento en Cuba con guiños revolucionarios para el público de la isla, que después aparecería remozado en la Argentina para el tranquilo consumo local).

Dice Mucci: "Creo que tenía unas ansias de protagonismo enormes. No sólo ella, sino muchos otros escritores, en aquella época, tenían un rol preponderante. Se los convocaba para opinar sobre todo. Había un espacio para el intelectual, que ella explotó de manera especial. Lynch tuvo una prensa que ningún escritor tiene ahora. Escribía notas de opinión sobre lo que fuera, para medios y públicos distintos".

Las idas y vueltas políticas de Lynch, más allá de sus méritos o deméritos literarios, siguen siendo la gran llaga que, a quince años de su muerte, resulta difícil de explicar. Desarrollista, procubana, peronista súbita (estuvo en el chárter que trajo a Perón a la Argentina y cubriendo el frustrado retorno en Ezeiza), simpatizante de Montoneros, "derecha y humana" durante el Proceso y, tras el retorno a la democracia, participante de un homenaje a Haroldo Conti, su amigo que fue asesinado por la Junta Militar. ¿Reflejo de una personalidad compleja, simple ingenuidad u oportunismo?

"Obviamente yo creo que ella no tenía un pensamiento político estructurado", dice Mucci. "La fascinaba el poder. El desarrollo que tuvo era a favor del poder. En el fondo quería llegar a un lugar al que no llegó, porque no tuvo propiamente hablando una carrera política. Aunque hay que reconocer que era entusiasta y se interesaba realmente. Si uno lee sus declaraciones a través del tiempo, no puede dejar de sorprenderse y preguntarse por qué no se callaba un poco. Decir que Massera (con el que se dijo que tuvo una relación amorosa) era un hombre de una gran frescura espiritualÉ Podría haber dicho muchas cosas, pero ¿Ôfrescura espiritual´?É Creo que todo este itinerario, cada acto de su vida, hay que mirarlo igualmente desde la perspectiva de su suicidio. Porque ese hecho cambia todo." Encarar la biografía de Lynch, más allá de la literatura y su difusa pasión política, tiene también aristas más delicadas desde un punto de vista personal. La propia escritora ayudó a propalar algunos de sus supuestos romances y Mucci los trata en su biografía.

"No me interesan los chismes -confiesa Mucci-. Pero no podía obviar la faceta sentimental porque era parte intrínseca de su vida. Ella misma daba a entender, de manera difusa, que tenía relaciones fuera de su matrimonio y contribuyó a crearse una ambigua imagen de femme fatale . Igualmente está el otro lado de la historia: no me queda la menor duda de que ella y su marido se querían. Lo más difícil de escribir la biografía de Lynch fue decidir desde qué lugar iba a ponerme a escribir. Porque no habría habido nada peor que levantar un dedo acusador. El resultado, creo, ha sido respetuoso."

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