Murió el escritor cubano Guillermo Cabrera Infante
El autor, premio Cervantes, tenía 75 años
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El prestigioso escritor cubano Guillermo Cabrera Infante falleció ayer, a los 75 años, en Londres, donde residía desde hacía cuatro décadas. Su muerte se produjo en el hospital Chelsea and Westminster, a raíz de una septicemia, derivada de varios problemas de salud que lo aquejaron en los últimos meses.
La semana última, tras sufrir una fractura de cadera por una caída accidental, el autor de "Vista del amanecer en el trópico" había sido hospitalizado. Su esposa, la actriz cubana Miriam Gómez, dio a conocer que el premio Cervantes 1997 padecía de diabetes y era tratado por una neumonía.
En agosto del año último, el autor de "Tres tristes tigres" –obra con la cual alcanzó notoriedad internacional convirtiéndose en un narrador del llamado boom literario en los años 60– fue sometido en Londres a un bypass que lo obligó a estar convaleciente varias semanas y a interrumpir sus actividades.
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A fines del año último, Cabrera Infante le dio los toques definitivos a "La ninfa instante", una novela romántica en la que trabajaba desde 1996, cuya acción transcurre en La Habana y tiene contenido autobiográfico.
Autor de medio centenar de libros, el escritor cubano asumió un compromiso político desde temprano. Sus dos pasiones fueron la literatura y el cine. Fundó la Cinemateca de Cuba, que presidió entre 1951 y 1956, y en 1959 presidió el Instituto de Cine de su país. Un año después de recibir el Premio Cervantes, presidió un homenaje a José Martí en España, el poeta independentista cubano, cuya vida y obra reivindicaba.
En 1962 fue agregado cultural en Bélgica. En tanto, fundó y dirigió revistas literarias en Cuba. Pero la salida de su país, en función diplomática, le abrió una perspectiva distinta en relación con la revolución cubana, la que lo distanció de Fidel Castro, a quien se opuso frontalmente, por lo que decidió exiliarse en Londres. Su padre había sido cofundador del Partido Comunista cubano.
En diálogo con LA NACION, consultado sobre la personalidad de Cabrera Infante, con quien compartió encuentros en Londres, el periodista y académico de la Academia Nacional de Periodismo, Jorge Halperín, describió al autor de "Mea Cuba" como "un hombre cálido, con humor, muy de agasajar a sus amigos y enamorado de su esposa Miriam. Fue un renovador de la literatura y del lenguaje. Tuvo la mala suerte de romper con Fidel Castro justo durante el boom latinoamericano. La izquierda, con predominio en la literatura latinoamericana, no se lo perdonó. De no haber sido por ese enfrentamiento con Castro, hubiera sido un autor tan consagrado como García Márquez o Vargas Llosa".
Su distanciamiento de Castro marcó dos etapas bien diferenciadas en su vida. En Gran Bretaña, donde vivió durante décadas, no se integró a los círculos literarios, pues su corazón seguía pendiente de Cuba. Nacido en 1929, en Gibara, al este de la geografía cubana, al mudarse a Inglaterra continuó viviendo en una suerte de isla interior a la que alimentó con los poderosos recuerdos que tenía de Cuba y el fuerte antagonismo que tenía contra el líder cubano.
Mientras su amigo el escritor y periodista Raúl Rivero estuvo preso en Cuba, Cabrera Infante escribió artículos en los que denunció la injusta detención de su compatriota: "Raúl Rivero es el primer poeta cubano vivo que ha usado la poesía como un arma de precisión. Su crimen es haber sido demasiado confiado en la precaria protección que puede brindar la poesía en un régimen totalitario".
Al recibir el Premio Cervantes, dedicó su original discurso a la memoria de Octavio Paz. En un diálogo imaginario con Miguel de Cervantes Saavedra, Cabrera Infante ponderó el "Quijote" como un libro "único, real y maravilloso, y el mejor que se ha escrito en nuestro idioma". En aquel discurso se preguntó el narrador cubano: "¿Qué es morir si no una forma de organizarse?"
Durante la ceremonia del galardón, el rey de España elogió la obra de Cabrera Infante al considerarla "un monumento a la versatilidad de nuestro idioma, a su aguda comprensión del mundo, a sus infinitas capacidades de manifestación estética. Cabrera Infante afirma que Martí es toda una literatura y siempre habrá una historia literaria; también es cierto que el autor de «La Habana para un infante difunto» tendrá siempre lugar de honor en esa historia".
En la obra de Cabrera Infante no sólo asoma el orgullo por sus raíces culturales, sino también un irrenunciable latido de libertad. En su literatura, como se ha escrito, se "potencia el gozo sensible junto al placer de la razón", concediendo un lugar predominante al humor.
Hasta 1995 Cabrera Infante fue colaborador del suplemento literario de LA NACION. Entre sus novelas se destacan, además de las mencionadas, "La Habana para un infante difunto" y "Así en la paz como en la guerra", así como los ensayos "Un oficio del siglo XX" y "Holly smoke".




