Nadar de día
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Puede adoptar múltiples colores o ser incolora. Puede ser salada, dulce o insípida. Puede estar contaminada o limpia, ser olorosa o inodora. Tiene además múltiples procedencias. Pero siempre es agua, indispensable para la supervivencia humana y por eso cuenta con un día especial en que se la celebra en todo el mundo, el 22 de marzo, para crear conciencia sobre su importancia y la necesidad de cuidarla. Pero también puede ser una enorme fuente de placer. Justamente es eso lo que transmite el niño que yace en las aguas verdes provenientes de un manantial: que la siente en la piel, que puede desplazarse por ella, dejar que el cuerpo flote, se mueva, gire o se contorsione, al mismo tiempo que observa qué alberga en su fondo, qué se oculta en su lecho. Así invita a develar sus misterios y a conocer las vidas que la pueblan. Y por un rato permite visitarla, a sabiendas de que nunca podremos habitarla.
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