
Narrativa coral
TODAS LAS FAMILIAS FELICES Por Carlos Fuentes-(Alfaguara)-414 páginas-($ 39)
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La materia mexicana ha nutrido en gran medida la obra de Carlos Fuentes, materia de un México siempre universal en las manos de este notable heredero de una gran tradición narrativa. Por supuesto, Fuentes ha explorado también otros mundos; baste como ejemplo la bellísima y turbadora Diana o la cazadora solitaria , centrada en la figura de la actriz norteamericana Jean Seberg, que murió en oscuras circunstancias. Tampoco la materia familiar, en el ámbito de lo mexicano, ha sido ajena al escritor; valga, por adoptar una referencia cercana, Los años con Laura Díaz .
La familia alimenta una de las grandes corrientes de la novela contemporánea; pensemos en Proust, cuya Recherche... es, al cabo, un libro de memorias familiares. Carlos Fuentes cita la frase de Gide en que proclama su odio a las familias ("os detesto", traduce Fuentes), desahogo que puede valer como consigna doctrinal, no literaria ni novelesca. Dieciséis historias de familias integran esta obra, que el autor, en declaraciones públicas, se ha resistido a llamar novela-colección de cuentos y ha preferido calificar de "narrativa coral".
En efecto, lo más novedoso desde el punto de vista formal es que cada historia va seguida de un coro, donde la fábula referida, de ambiente por lo general burgués o acomodado, cede la voz a los perdedores de la historia, los miserables, los resentidos justamente, los suicidas, los hijos de la calle, los marginales. Estos coros son como el contrapunto de las historias que se cuentan, historias poco ejemplares que revelan los aspectos menos decorosos de la institución familiar: las infidelidades, incluidas las de parejas del mismo sexo, los incestos paternofiliales, la violación, los enfrentamientos cruentos, el racismo, la delación, incluso el asesinato, la decadencia... Es claro el sesgo irónico del título. Fuentes sube a los palacios del poder pero también desciende a los abismos de la estafa y la deslealtad.
Todo ello gracias al poderío del autor, capaz de perfilar muchas criaturas perfectamente individualizadas. En este sentido, Fuentes es hoy el más balzaquiano de nuestros grandes narradores. También lo es por su ritmo de producción: con puntual frecuencia, el autor va añadiendo elementos a La edad del tiempo , su particular Comédie humaine .
En Todas las familias felices , la galería de retratos no se basa en alegorías ni en dibujos simbólicos; se trata de criaturas que segregan vida, es decir, pasiones de los más diversos signos, y que incorporan muy distintas trayectorias existenciales. Estas breves historias de Fuentes contienen el germen de narraciones de más amplio aliento.
Junto con este río subterráneo de pasiones tenemos, como una especie de gran mar, la voz, las voces de los desarraigados, los desastrados, los perseguidos, que claman sus dolores en un lenguaje desgarrado y jergal, voces enloquecidas o alucinadas que transmiten el maremoto que hoy sacude a parte del mundo, sobre todo de América Latina.
La perfección narrativa que Fuentes, aun con modalidades diversas (relatos en primera y tercera persona, monólogos o soliloquios), despliega en las historias se convierte, en los coros, en una suerte de versículo agrio, de perfiles carnavalescos y grotescos, que transmite un mensaje de desolación, caos y desesperanza. Los títulos ("Coro de las madrecitas callejeras", "Coro de las familias salvajes"...) dan buena idea del vacío y la confusión destructiva que pueblan estos coros. El último y brevísimo, titulado no sin cierto hermetismo "Corodaconrad" (¿homenaje al eminente escritor anglo-polaco?), consta sólo de una palabra repetida, una suerte de emblema: "La violencia, la violencia".
La voz sórdida, pero tonante hasta el clamor, ahoga o neutraliza a las voces de los relatos individuales, que se adentran también en lo trágico (así la carta del violador, condenado a muerte, a la madre de la violada). La habilidad narrativa del escritor lo lleva a transitar territorios difíciles como el relato "The gay divorce". La intensidad expresiva del escritor consigue resultados dignos de subrayarse. Pero esa intensidad se inscribe en el marco de un discurso impecable, en el que Carlos Fuentes alcanza logros estilísticos de primera mano.
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