Naturalización
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Uno de los principales peligros que enfrenta una sociedad organizada es la naturalización de hechos y conceptos aberrantes. Donde uno mire, las patologías sociales empiezan con una comunidad que admite lo inaceptable. Por lo general, el fenómeno se da en contextos de crisis, donde sentimos que no podemos darnos ciertos lujos, y entonces comenzamos a admitir lo que constituye una afrenta, una burla o un crimen contra la naturaleza humana. Casi siempre, esta clase de procesos se basa en razonamientos viciados o, como se dice en Lógica, falaces. En una de sus últimas declaraciones antes de terminar su mandato, el actual presidente de la Nación dijo que no tenemos un 40% de pobreza, porque de otro modo la Argentina estaría (y cito) estallada. Le llovieron críticas, pero lo realmente anómalo de esta declaración quedó ofuscado por cuestiones más políticas que objetivas. Lo más anómalo es el concepto de que hay un nivel de pobreza alto, pero funcional, uno que le permite a la sociedad subsistir sin (y cito) estallar. ¿Si no es 40 por ciento, cuánta es la pobreza alta aceptable? ¿Es 35? ¿Veinticinco por ciento? ¿Quince? Somos tan civilizados como nuestro pensamiento abstracto nos lo permite. Pero la pobreza no es ninguna abstracción.
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